sábado, 15 de enero de 2022

El sueño de Connor

«A veces escribo cosas, a veces leo». Así comienza con humildad su biografía César Díez Serrano en su página web de humor Gloucester Post. Conozco a César desde hace tiempo y sé que hace muchas cosas más. Y todas bien. César es una persona muy activa y con una asombrosa capacidad de iniciativa. Siempre está maquinando ideas y proyectos, pero lo que se sale de lo común es que todas las persigue y realiza. No se quedan en meros sueños. Con 21 años escribió su primera novela, que llegaría a publicar con 24, la cual acabaría convertida en una trilogía: «La Edad de Acuario». Ha puesto en marcha, en compañía de nuestro añorado Alfredo Rodríguez y en la mía propia, una asociación de escritores. Está al frente de una iniciativa empresarial con la que se gana la vida, tiene páginas web variadas, como la reseñada en las primeras líneas de este artículo, se ha embarcado en la creación de una editorial, realiza podcast y producciones de vídeo para publicidad, etc., etc., etc.

Su trilogía de «La Edad de Acuario», es una atractiva saga de investigación periodística y de viajes, que nos ha llevado desde Madrid a Londres, pasando por París y otras ciudades europeas, todas las cuales conoce. Y las disfruta cada vez que puede escaparse. Pero no se ha encasillado en esta temática y ahora nos sorprende con una alucinante historia de ciencia ficción. Así es como yo la definiría: alucinante.

El sueño de Connor, está ambientada en un futuro cercano. Tan cercano que todos podemos identificarlo, aunque el mundo sea sensiblemente diferente al que conocemos. Con una breve introducción en los alrededores de Roswell, Nuevo México, en el año 2014, nos trasladamos de inmediato al año 2050, donde se desarrolla toda la trama.

Ese futuro próximo nos resulta cotidiano a los que aún vivimos en tiempos tan extraños como estos de la pandemia del COVID-19. El cambio climático ya es una realidad y las temperaturas extremas son habituales. La salud pública se ha visto afectada y se manifiestan diversos problemas respiratorios. Por otro lado, el marco político es sensiblemente diferente, con unos Estados Unidos de Norteamérica que forman una especie de CEE en el otro continente. Su presidente no es anglosajón, sino mexicano y católico, John Flores.

Poco puedo decir de la trama, para que el lector no deje de sorprenderse por los acontecimientos. Tan solo señalaré el hecho desencadenante: las antenas que vigilan el espacio han detectado una señal que viaja por el Universo y, una vez descodificada, el asombro es máximo pues se trata de una frase en arameo, el idioma que se hablaba en Palestina en tiempos de Jesucristo, y ese mensaje es apocalíptico. Esto desencadena una serie de acontecimientos que convierten a la novela en un trepidante thriller que corta la respiración, hasta desembocar en un final sorprendente.

Con unos personajes muy bien trazados, la doctora Jackie Connor es la conductora de la novela, pero no puedo asegurar que sea la protagonista, ya que la verdadera protagonista es la ciencia. Tanto como la religión.

Podemos calificar El sueño de Connor como novela de ciencia ficción, a pesar de no tratar de naves espaciales, viajes interestelares o seres extraterrestres. Es pura ciencia, pero una ciencia basada en aspectos que tienen más de realidad que de imaginación.

César ha confesado en diversas entrevistas, que esta novela se ha gestado durante varios años en los que él ha atravesado una crisis personal. Eso puede darle un tono pesimista, pero no sería necesario, ya que solo es una proyección a un futuro cercano de la situación de la humanidad en nuestros días. Situación que no puede definirse de otra forma que como crisis planetaria. Son muchos los retos que tenemos por delante y algunas soluciones, pero se nos está acabando el tiempo y, como no nos tomemos en serio la crisis climática, la falta de recursos alimenticios, la escasez de agua o el exceso de residuos y basuras, llegaremos a un punto irreversible que nos abocará a la catástrofe.

El sueño de Connor es una novela muy visual. Yo la leí como visionando una superproducción de cine de Hollywood, llena de escenas de acción y efectos especiales. Las plataformas de televisión, sin duda, tienen en la novela material para realizar una impactante serie o película.

Pero el tema no está tratado de una forma superficial, sino reflexiva. Los acontecimientos desbordantes, que no te permiten pensar en el momento, acaban dejándote un poso para la reflexión. No solo se aborda el tema científico, sino la relación entre la ciencia y la religión. ¿La religión oculta saberes que no comprende? ¿La ciencia descubre empíricamente aquello en lo que se basa la religión? ¿La civilización desarrollada tiene esperanzas? ¿Estamos abocados al caos por la acción o por la inacción humana?

Recomiendo la lectura de este apasionante viaje que es El sueño de Connor. Como anticipo podéis visualizar el vídeo promocional, que os cortará la respiración:

Y luego acudid a la compra por Internet o en librerías. Me lo agradeceréis:

https://ambulibro.es/producto/suenodeconnorcesardiezserrano

Y sí, Ambulibro es la editorial en la que está embarcado este autor incansablemente activo. 

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Recapitulando 2021

Ya está aquí el final de 2021. Año en el pusimos esperanzas de dejar atrás la pandemia y en que «hemo’ sido engañado’». Continuamos preguntándonos ¿cuándo acabará todo? 

Lo que sí acaba es el año y, como tengo por costumbre, concluyo con un índice de entradas de mi blog que sirva de índice para visitarlas o revisarlas.

Comencé 2021 con La conspiración de los idiotas, haciendo alusión a los antivacunas e ilustrándolo con una foto de la tormenta Filomena, que nos auguró un año de bienes. La incluí dentro de la etiqueta «Reflexiones», que ha tenido otras tres entradas: Ligero de equipaje, sobre la etapa final de la vida; Pido perdón, que reflexiona sobre la responsabilidad que contraemos con nuestros antepasados; y El otoño, la estación que no me gusta nada.

En la etiqueta «Literatura» se encuentra El asunto de los cuernos, una historia clásica sacada del Libro de Buen Amor.

Dentro del tema «Relatos» hay más entradas. Comencé hablando de la pandemia en La quinta ola, cuando apenas íbamos por la tercera y no esperábamos que hubiese cuarta. Mi objetivo era ahuyentar los malos augurios con un poco de sentido del humor. A continuación, puse el «relato de verano» que me publicó el Diario de Ávila en 2020: El aire que mece la vida. Para seguir con tres diálogos, sacados de los ejercicios de un taller de microteatro que realicé: El ascensor, Café amargo y El encuentro casual. Para terminar con otro «relato de verano» del mismo Diario, el de 2021: El prodigioso viaje de Sebastián Barbadillo.

En el apartado «Reseñas» he traído este año A cara de perro, de Ánzoni Martín. Luego, en el mes del libro: mi Operación Chamusquina y Ávila a través del espejo, publicación colaborativa de 2021 de la Asociación La Sombra del Ciprés. Par concluir con La canción del molino, de Begoña Ruiz Hernández.

Del apartado «Historias» es Tormenta sobre Tenoxtitlán, que habla de los últimos días de la mítica ciudad de los aztecas. También Golosinas y tebeos, un recuerdo personal de mis primeras lecturas. Y rescaté una serie de conferencias organizadas por la asociación Ávila Abierta en 2014, en las que yo hice de introductor: Qué es la masonería.

Con la etiqueta de «Vida literaria» está Siete años y medio después, en la que repaso la presentación en Ávila de mi novela Operación Chamusquina. Y, cómo no, la VI Gala de Premios La Sombra del Ciprés, que pudo celebrarse por fin, tras saltarnos la del año anterior y cuyo resultado no deja de sorprendernos con agrado.

Este año he realizado dos «Viajes» de los que me he traído un reportaje fotográfico: Burgos y Pequeño paseo por León.

Me queda por reseñar mi Defensa del Castellano, con la entrada: El castellano y sus peligros, en la que no abordo la defensa de mi lengua, sino la del resto de idiomas españoles.

Hasta aquí lo que ha dado de sí mi blog este año. Año en el que publiqué una nueva novela y terminé de escribir otra (esto último es secreto). Espero seguir con fuerzas, ya que aprecio mucho este ejercicio literario de abrirme al mundo. Os agradezco a todos los que os habéis acercado hasta aquí vuestro interés y os deseo que en 2022 se cumplan vuestros mejores sueños.

domingo, 28 de noviembre de 2021

El castellano y sus peligros

En ciertos ambientes se empeñan en que el castellano —me refiero al idioma— está en peligro porque las autonomías bilingües tratan de marginarlo, pero esto es una patraña.

Como base de partida hay que precisar algo importante: en España, a nuestro idioma deberíamos llamarlo castellano y no español, porque la segunda denominación lleva implícita la exclusión de los otros idiomas españoles, como el euskera, el gallego o el catalán. España está compuesta por diversas culturas y naciones, en un régimen autonómico que podríamos definir como federal sin errar mucho. Es decir, todas las regiones que integran el país tienen un carácter igualitario en esencia y me produce urticaria la imposición de una parte sobre las otras, por muy castellano de pura cepa que yo sea. Esto solo fomenta el que los marginados no se sientan españoles, con consecuencias nefastas.

Entiendo que en el extranjero al castellano lo llamen español, pero es por ignorancia. Fuera desconocen nuestra historia y nuestra realidad. Lo entiendo, digo, pero no lo defiendo. Deberíamos esforzarnos por dar a conocer nuestra idiosincrasia y pedirles que lo llamen castellano. El ejemplo más claro para defender esta tesis lo tenemos en el Reino Unido, donde nació el idioma que allí se habla y este idioma es el inglés y no el reinounidense. Inglaterra no es más que una parte del país, como Castilla lo es de España.

Decir que las autonomías bilingües marginan el castellano es un gran despropósito, pues lo hablan correctamente todos sus habitantes, todos; mientras que en Castilla se desconocen y menosprecian las otras lenguas españolas. Además, el castellano es un idioma que, por vicisitudes históricas, es compartido por 500 millones de personas en todo el mundo. Los marginados, pues, son los idiomas minoritarios españoles, que son los que verdaderamente corren riesgo de desaparecer si no se mantienen unas políticas de protección y expansión.

En este sentido, no entiendo que quienes van a vivir a Barcelona, por ejemplo, por motivos laborales u otros cualesquiera, se nieguen a aprender el idioma y a que sus hijos hagan una inmersión en catalán en los centros educativos. ¿Qué problema hay? Tampoco entiendo que se opongan a que a las plataformas de televisión se las obligue a traducir series y películas a los idiomas minoritarios, ¿por qué? ¿Es odio o desprecio a unos compatriotas?

Si el castellano se ve amenazado de alguna manera, y lo cierto es que lo está, es a causa del inglés y de la pretensión de que todo el globo nos entendamos en el idioma de Shakespeare. Las influencias de este nos están colando anglicismos por un tubo, sustituyendo palabras que ya tenemos y expresiones que desvirtúan nuestra gramática. Si hay un enemigo dañino para el castellano es el inglés, no el catalán, el gallego o el euskera. Como no entendamos esto, lo tenemos claro.

Por dar solo una pincelada ilustrativa: hoy en día todo grupo musical que surge en España, no es nada si no ofrece sus composiciones en inglés. Y esto antes no era así. Uno, que ya tiene unas décadas de vida a sus espaldas, ha sido testigo de cómo en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado prácticamente toda la música de moda se cantaba en castellano. E incluso emergieron los cantautores que reivindicaban las lenguas de las autonomías. Pero, si hoy en día, en una televisión de emisión nacional, alguien canta en catalán, estoy seguro de que en muchos hogares mesetarios la carcunda vociferará improperios. Ojo, que si es en inglés no lo hará. Se ha llegado a la aberración de llevar a Eurovisión, por ejemplo, canciones con estribillos en inglés, e incluso totalmente cantadas en inglés, antes que participar con una bonita balada en euskera, un «lalalá» en catalán o un rocanrol en gallego.

¿Qué nos pasa? Así no hacemos país, deshacemos el país. Si no asumimos la belleza de las lenguas de nuestros compatriotas, si no las amamos, si no las ponemos en valor y las defendemos, somos insolidarios y estamos arruinando la convivencia. Acabaremos con España, salvo que lo sujete otra ominosa dictadura criminal.

domingo, 14 de noviembre de 2021

VI Gala de Premios La Sombra del Ciprés

Esta edición la preparamos para conmemorar en 2020 el centenario de la muerte de Miguel Delibes y, por cuestiones pandémicas, decidimos posponerla hasta el pasado 6 de noviembre, en que se desarrollaron con gran éxito y excelente acogida. Todos los años acabamos con la sensación de que mejoramos a la anterior edición, pero este creo que será difícil de superar.

La entrega premios se llevó a cabo en el Auditorio Municipal de San Francisco, con gran asistencia de público y muchas autoridades y representantes de la cultura y la política. En escena un gran actor y compañero, Juan José Severo, llevó a cabo un monólogo interrumpido por la entrega de cada galardón. Al piano Fernando Campillo introdujo melodías seleccionadas con cada temática. Nuestra presidenta, Carolina Ares, dio un emotivo discurso y, tras entregar el premio final, pidió a los asociados que subieran a hacerse una foto de familia. Acabamos, como siempre, compartiendo una cena en un local hostelero de la ciudad.

Estos fueron, por orden de entrega, los premiados:

1.- Premio «Viejas historias de Castilla la Vieja» a Cigarra Grupo de Música Tradicional. Lo entregó Javier Marfull, en representación de la Federación Abulense de Hostelería. Cigarra nos regaló una excelente interpretación de su repertorio.

2.- Premio «La bruja Leopoldina» a Domingo del Prado Almarza. Lo entregó la periodista del Diario de Ávila Marta Martín Gil.

3.- Premio «El Cuco» a José Luis Serna Romera, por su faceta de dibujante en la prensa escrita. Lo entregó el pintor e ilustrador Julio Veredas Batlle.

4.- Premio «Madera de héroe» a María Teresa Calvo Jiménez. Lo entregó Patricia González, en nombre del Casino Abulense y lo recogió el hijo de la galardonada.

5.- Premio «El tesoro» a César Lumbreras Luengo. Lo entrega la también periodista Sonia Andrino.

6.- Mención Especial a la Fundación Miguel Delibes. Lo entrega el poeta abulense José María Muñoz Quirós y lo recoge la presidenta de la asociación e hija de escritor Elisa Delibes.

7.- Premio «La Sombra del Ciprés» al escritor vasco Lorenzo Santiago. Lo entrega nuestra presidenta Carolina Ares Ruiz.

A continuación, pongo una galería de fotos que he sacado de entre las que ha compartido en las redes sociales Gonzalo González de Vega [https://www.facebook.com/media/set/?vanity=gonzaloglezvega&set=a.922908611935871], a quien agradezco que nos acompañara y nos regalara su buen hacer para poder recordarlo.