miércoles, 30 de octubre de 2019

Las majadas de los queseros



A quienes se acerquen a ver el magnífico castro vetón de El Raso, cerca de Candeleda (Ávila), les aconsejo que concierten una visita a las majadas de pastores que hasta casi finales del siglo XX han vivido dedicados a una actividad laboral que les obligaba a tener una condiciones de vida cercanas a las de nuestros antepasados de la prehistoria.



A los pies de la Sierra de Gredos, vivían en unos chozos en majadas aisladas, aunque cercanas a otras similares y en una organización familiar que tenía la vida dedicada por completo a la producción de queso de cabra. Según avanzaba el año, se trasladaban a unos puestos avanzados, mucho más altos, para que los animales pudieran comer. Estaban totalmente aislados, aunque entre ellos se reunían una vez a la semana, cada vez en una majada diferente, para celebrar fiestas y bailes que daban salida a la necesidad de relación social de los más jóvenes.


La vivienda era de dimensiones muy reducidas, con una sola puerta y sin ventanas ni chimenea. Tan solo unas alacenas para almacenar los enseres domésticos y unos colchones contra la pared, que eran extendidos para dormir. El fuego, pegado a una de las paredes, era el centro del hogar. Aún así, testigos de estas casas en funcionamiento remarcan la limpieza que tenían en ellas.


También tenían unos pequeños huertos de los que surtirse. Pero el centro de su actividad eran las chozas queseras que se instalaban en el curso de una corriente de agua, para mantener el queso fresco hasta que lo llevaban para su venta.




La instalación más importante era la majada de las cabras, circular y escalonada, techada en parte, que se orientaba al mediodía al resguardo de los fríos del norte.





Además explotaban otros animales, como cerdos y gallinas, siendo de gran utilizad los burros.

lunes, 14 de octubre de 2019

Cifras y letras


Una palabra estaba más sola que la una, pero otras llegaron para hacerle compañía. En principio unas decenas, luego centenas y hasta millares. El caso es que no decían nada, porque estaban desordenadas. Entonces aparecieron algunos números que quisieron arreglarlo, si bien no supieron cómo, ya que ellos mismos no tenían orden ni concierto.

El dos se puso delante del uno, recordando la escuela, donde le enseñaron el alfabeto, y pensó que tratando con las letras era lo más apropiado. Llegó el tres y se colocó también delante del uno. Pero cuando apareció el cuatro pasó a ser el primero, hasta que el cinco ocupó su posición. El seis y el siete se fueron con el tres, aunque le dieron la espalda.

El cero apareció de pronto, sin que se le esperase, poniéndose en primer lugar. Entonces el ocho, más chulo que un sí mismo, tomó una tiza y escribió al cero con zeta, colocándolo detrás del uno. Esto no lo consintió el setenta y uno, que pasaba por allí y que, además de primo, era guardia de la porra. Marcó una falta de ortografía y tumbó al ocho, enviándolo al infinito. Después restituyó la ce al cero. Pero se dio cuenta de que así no valía nada. Contrariado, se puso el uno al hombro y se marchó a hacer senderismo, que es lo que más le gustaba.

El nueve, del que todos se habían olvidado, pensó que las letras y los números no se entenderían nunca. Que las palabras no se ordenan por decreto, sino por ideas. Que era mejor  dejarlas decir locuras, que encorsetarlas. Así que se limitó a contar las palabras de este cuento, hallando que son trescientas justas.

Pero ten en cuenta que, si las cuentas, no te saldrá la cuenta si hasta aquí no cuentas.

domingo, 29 de septiembre de 2019

La respuesta está en los números


Una morena me enamoró cuando éramos aún adolescentes.


Dos ojos color miel fueron suficientes para decidir que la amaría siempre.


Tres semanas de paseos por el parque, nos llevaron al noviazgo.


Cuatro meses tardé en pedirle que se casara conmigo.


Cinco años necesitamos para hacer realidad ese deseo.


Seis hijos llenaron de felicidad nuestros días.


Siete eran las plantas de aquel maldito hospital.


Nueve de octubre marcaba el calendario el día de su entierro.


Diez minutos llevo dudando si dispararme la escopeta en el pecho.


Pero he decidido que no, que a mi vida aún le falta el ocho.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Amarillo







Caminaba intentando perderse para llegar al lugar donde iba a encontrarse consigo mismo. El crujir de la alfombra de hojas caídas le templó el ánimo. Era música cadente que marcaba sus pasos como si fuera una marcha militar. 

El otoño, en sus últimos estertores, no paraba de nevar hojas que volaban sin rumbo y de vez en cuando le golpeaban con delicadeza en el cogote, en el brazo o en la nariz. 

Su enfermedad irremediable era del color del paisaje y, cuando la fuerte soga le ató por el cuello al árbol elegido, supo que su pesado cuerpo no caería con la cadencia de esas hojas inertes que le acompañaron en su último paseo.

sábado, 31 de agosto de 2019

El final del verano llegó...


Hace tiempo, tanto que no recuerdo ni el contenido ni la forma, leí un artículo de un escritor que debía enviar un texto para una revista semanal y no se le ocurría nada. El caso es que hizo un discurso explicando que no sabía qué decir, pero que se veía obligado a hacerlo, ya que tenía el compromiso de realizar ese artículo. Confesaba que la mente se le quedaba en blanco, como si estuviese vacía y no era capaz de enhebrar unas palabras coherentes que suscitaran el interés en los potenciales lectores. Y con esta explicación compuso su texto que fue publicado, puntualmente y él salió del compromiso.

Seguro que muchos se vieron defraudados y otros por el contrario sonrieron por la argucia de decir algo sin decir absolutamente nada. Esto es perdonado si se hace tan solo una vez. Menos en los políticos, que lo hacen a diario y sus partidarios se lo perdonan siempre. Ni qué decir tiene que los que no son sus seguidores les recriminan incluso cuando por equivocación dicen algo.

Recuerdo también, aunque sería engorroso buscar la cita, que Cervantes en alguno de sus escritos comentó que era un lector tan apasionado que no podía dejar de leer cualquier papel que cayera en sus manos. En nuestros días a muchos nos ocurre lo mismo, ya que cuando estamos, por ejemplo, en el váter y nos hemos olvidado el dichoso móvil fuera, no podemos dejar de recurrir a leer la etiqueta del gel de baño que tenemos a mano.

En este blog me he comprometido conmigo mismo a publicar una entrada cada quince días y lo he cumplido regularmente y sin saltarme ninguna durante seis años. A veces han sido opiniones políticas, reflexiones o incluso viajes, pero la mayor parte de las ocasiones han sido temas relacionados con la cultura, la literatura o mi relación personal con estos ámbitos. Sé que no tengo muchos lectores y siento agradecimiento infinito hacia a aquellos que se acercan a leerme de forma regular o esporádica, dependiendo del tema tratado. Tengo la suerte de que algunos de mis textos —me da pereza llamarlos post— han corrido relativamente bien por las redes sociales; podéis verlos en “Entradas populares”, pero otros tienen tan pocas visitas que supongo que tan solo han sido pinchados a través de esas redes por curiosidad y que ni siquiera se han leído.

No obstante estoy orgulloso de estas entradas tan —llamémoslas justamente— impopulares, porque han servido para no dejar una sola quincena vacía. He de decir que yo me siento orgulloso de todas ellas, las populares y las impopulares, porque todas están escritas con la mayor atención y esmero y muchas veces, cuando repaso entradas antiguas, incluso siento la vanidad del trabajo bien hecho. No he llegado a releer nada que me avergüence, por lo que al menos para mí este blog tiene todo el sentido del mundo. Me ayuda a ejercitar la escritura, la cual necesito tanto como respirar.

A mí también me ha ocurrido que por estar muy ocupado, o porque me llegó la fecha sin darme cuenta, me he visto en la obligación de publicar imperiosamente algo y no sabía qué. Muchas veces lo he resuelto acudiendo a cosas que tenía escritas y otras improvisando un tema poco reflexionado. Aunque no se me ha pasado por la cabeza hasta ahora el escribir un texto explicando que no sabía qué decir.

En esas estamos a estas alturas y solo me queda ya, querido lector, querida lectora, librarte de continuar leyendo y agradecerte que hayas llegado hasta aquí, porque, a fin de cuentas, no estoy diciendo nada.

¿Qué pasa, no tenías un bote de gel a mano?

miércoles, 14 de agosto de 2019

Tintín y la bande dessinée belga


La andadura de la Bande Dessinée en Bélgica está muy relacionada con Francia, ya que si no eran los dibujantes franceses los que traspasaban la frontera, como ocurrió durante las guerras mundiales, fueron los belgas los que las traspasaron en la explosión de oportunidades que ofreció el despegue de la BD francesa en los años 60. De todas formas, las fronteras de los países vecinos fueron muy permeables también al intercambio de publicaciones.

El autor belga más famoso por antonomasia es, sin duda, Georges Remi (1907-1983), mundialmente conocido como Hergé —Erregé, fonéticamente por sus iniciales—. En 1923 publicó en el órgano de los boys-scouts belgas Totor, chef de la patrouile des hannetons, que sería un precedente de Tintin. Éste último comenzó sus aventuras cuando Hergé se hizo cargo del suplemento del periódico católico Le Vingtiéme Siècle, que se denominó Le Petite Vingtième. Realizó en total únicamente 23 aventuras entre 1929 y 1976. Las primeras tenían un número irregular de páginas y eran en blanco y negro. En 1946 aparece la revista Tintin, donde se publicarán sus aventuras, y que dirigirá el propio Hergé hasta 1966. Con la creación de los Estudios Hergé, redibujó a partir de 1948 las historias anteriores, siendo publicadas en formato de álbum de 62 planchas por Casterman. Hergé actualizó las situaciones para suprimir algunas alusiones políticamente incorrectas, ya que fue tildado de racista, colaboracionista con los invasores nazis e incluso fascista; aunque, en realidad, sus obras no eran más que el reflejo del mundo burgués en el que vivió. Aún así, sin perder la orientación de derechas, realizó una evolución ideológica que le afirmó como demócrata convencido, antirracista y defensor de todas las culturas, sobre todo las indígenas.

Tintin es una obra magna de la cultura europea, de una gran calidad, pero sin pretensiones elitistas. Aunque los álbumes de Tintin son esencialmente de aventuras dirigidos a un público juvenil, Hergé no habla solo a los niños y trata sin ambages temáticas duras como la droga, el tráfico de esclavos o el enriquecimiento ilícito con el tráfico de armas. Todo... menos la sexualidad, tema tabú para un hombre del siglo XX de profundas raíces católicas. Es de destacar, por su peculiaridad, el álbum Tintin au Tibet, de 1958, en el que en lugar de aventura hay una búsqueda personal metafísica, con las obsesiones del autor por el vacío, simbolizado en el color blanco de la nieve. Este álbum responde a una crisis personal de Hegé y demuestra la sincera implicación personal del autor en su obra. También sobresale la última aventura, Tintin et les Picaros, que expone un constante desengaño de la vida, con una crítica a los medios de comunicación y la caricatura apoteósica del burgués gregario y autocomplaciente, individualizado en el personaje Serafin Lampion.

En el estilo de Hergé destaca sobre todo su honestidad para con el lector, al que no considera menor de edad, lo cual le lleva a documentarse minuciosamente de los países que visita su personaje. Esto comenzó con la aventura titulada Le lotus bleu (1934), pues había sido acusado de falta de rigor en las historias anteriores. A partir de entonces no deja ningún detalle a la invención, siendo reconocibles incluso países imaginarios, con los que realiza lúcidas metáforas de las tensiones políticas internacionales del siglo XX.

Pero si Hergé es reconocido en el mundo de la Narrativa Gráfica es por estar considerado el iniciador, y a la vez el máximo representante, de la tendencia denominada “línea clara”; expresión utilizada a partir de 1977 para referirse a un estilo gráfico caracterizado por un trazo limpio y continuo que delimita contornos y huye de sombreados y volumen, todo ello en aras de la claridad expresiva. Su estilo le llevó a influir en infinidad de dibujantes.

Bélgica se convirtió en el centro neurálgico de la Narrativa Gráfica Europea, por la calidad de sus autores y por la importancia que alcanzaron las revistas que desde Bruselas, o alrededores, se publicaron, encontrando su edad de oro en torno a los años 50. Estas revistas estaban dirigidas a un público juvenil y su temática principal eran las aventuras y el humor. La revista Spirou nace en la periferia de Bruselas en 1938, siendo su protagonista dibujado por el francés Rob-Vel. La revista Tintin se publica en 1946, por Editions du Lombard, llegando a publicarse hasta 1988. También hubo una versión francesa desde 1948 editada por Dargaud.

En la BD belga se ha hablado de dos grupos de autores, uno es denominado Escuela de Bruselas, capitaneado por Hergé, teniendo como centro a la editorial Editions du Lombard. A ella pertenecerían E.P. Jacobs, Jacques Martin y Bob de Moor. El otro grupo se denomina Escuela de Chaleroi o de Marcinelle, que se constituye después de la guerra, en torno a la figura principal de Joseph Gillain (Jijé) y la editorial Editions Dupuis. Sus principales figuras serían André Franquin, Morris y Peyo.

Destacando a algún otro autor belga, tendríamos que citar a Jijé (1914-1981), que comienza en 1936 imitando a Hergé con Blondin et Cirage. A partir de su entrada en 1939 en Spirou y se convierte en el hombre imprescindible de la revista e insignia de la Escuela de Chaleroi. Tiene una gran importancia por la influencia que tuvo entre varias generaciones de autores, siendo polifacético y dominando tanto el dibujo de humor como el serio. Entre sus mejores realizaciones destacan la hermosa historia del Oeste norteamericano titulada Jerry Spring.

Edgar Pierre Jacobs (1904-1987), amigo personal de Hergé, es la otra gran figura de la “línea clara”. Dibujante detallista que, con una documentación meticulosa, desarrolló unas narraciones imaginativas, de guiones muy trabajados y sobre todo verosímiles. Blake et Mortimer, su obra cumbre, mezcla el género de la aventura con el policíaco, lo fantástico y la ciencia ficción.

André Franquin (1924-1997) es un gran artista de un grafismo vivo y expresivo, que desarrolló un humor inteligente y que pasará a la historia por su impagable Gaston Lagaffe.

Maurice de Bévère (1923-2001), conocido mundialmente como Morris, se formó como creador de dibujos animados, instalándose en 1947 en Estados Unidos, donde conoció al francés Goscinny, regresando a Europa en 1955. Realizó la mítica serie Lucky Luke, que pronto guionizaría Goscinny con mucho acierto.

Pierre Culliford (1828-1992), usó el seudónimo de Peyo y realizó las aventuras juveniles ambientadas en la Edad Media de Johan et Pirlouit, convirtiéndose en uno de los autores estrella de Spirou. De esta serie saldría otra, que ha multiplicado su fama internacional, los Schtroumpfs (Pitufos).

Jean Michel Charlier (1924-1989), que comenzó como dibujante, alcanzó la fama por la calidad de sus guiones de aventuras realistas, publicados fundamentalmente en Francia. Destaca por la autoría de personajes míticos como el aviador Michel Tanguy, el pirata Barbe-Rouge o el teniente Blueberry, su gran obra, una historia del western poco convencional por el protagonismo de un cínico teniente de origen sudista, que se había enrolado en el ejército de la Unión durante la Guerra de Secesión para luchar contra la esclavitud, convirtiéndose después en un aventurero de comportamientos más humanos que heroicos.

Y no podemos dejar en el tintero al sin par Michel Régnier (1931), conocido como Greg, que supuso la renovación de la BD belga, siendo redactor jefe de Tintin y guionizando muchos trabajos para Tintin y Pilote. Su obra maestra, Achille Talon de 1963, se caracteriza por las largas parrafadas que lanza el barrigudo protagonista, desmintiendo el paradigma de que una historia narrada con dibujos debe minimizar al máximo toda expresión de lenguaje hablado. Demostró que todo depende de las intenciones del autor.


BIBLIOGRAFÍA:
- Sadoul, Numa. CONVERSACIONES CON HERGÉ, TINTIN Y YO. Editorial Juventud, S.A., Barcelona, 1.983
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.

sábado, 27 de julio de 2019

El nacimiento de la Bande Dessinée


A finales del siglo XIX, en Estados Unidos habían creído erróneamente que inventaban una forma novedosa de narrar a través de imágenes y que llamaron comic. A comienzos del siglo XX desarrollaron esa forma narrativa hasta perfeccionar un lenguaje que creían nuevo. Luego, como la pólvora, ese nuevo lenguaje se expandió hacia el sur, llegando al Cabo de Hornos, donde quedó detenida, ya que entonces, como ahora, la Antártida estaba despoblada.

Stampa D’Epinal, por Ch. Pellerin, hacia 1885. Musée Carnavales, París

Sin embargo, Europa fue reticente a importar este “invento” yanqui y, a comienzos del siglo XX, no hizo sino continuar con su tradición de narrativa a base de imágenes, desarrollada en los siglos precedentes, viviendo ajena a las codificaciones que se van consolidando al otro lado del Atlántico.

Une Voix de Tonnerre, Caran D’Ache, 1887. Le Figaro Illustré

Esta circunstancia fue la generadora de un área confusa donde fácilmente se traspasaban las fronteras entre la Narrativa Gráfica y la Literatura ilustrada, es decir, a pesar de utilizar el lenguaje preciso, no eran conscientes de que lo era y lo confundían con otras cosas. Así insertaban los textos a pie de dibujo con lo que, en ocasiones, resultaban redundantes, por repetir lo que contaban los dibujos. Pero estos textos contenían muchas veces, además de las descripciones, los diálogos de los personajes, por lo que eran un complemento a los dibujos, los cuales llevaban el peso narrativo.

La familla Fenouillard, Cristophe, 1889. Le Petit Français Illustré

Voy a realizar un resumen del desarrollo inicial de la Bande Dessinée, que es una de las más importantes tradiciones de narraciones con imágenes del continente y que también hace alusión Bélgica, de la cual hablaré en una próxima entrada de mi blog.

En Francia, editores como Offenstad publicaban revistas juveniles con historias en imágenes que tenían los textos al pie: L'Epatant (1908), Fillette (1909), L'Intrépide (1910), Cri-Cri (1911), Les Romans de la Jeneusse (1912) y durante la Primera Guerra Mundial: Croix d'Honneur y La Jeune France.

De esta primera época francesa cabe destacar algún autor. Louis Forton (1879-1934) creó en 1908 la famosa serie Les Pieds Nickelés, para la revista L'Epatant, que cuenta las aventuras de una banda de tres granujas. Alain Saint-Ogan (1895-1974), en 1925 crea Zig et Puce, en Le Dimanche Illustré, siendo el único en utilizar las técnicas desarrolladas al otro lado del Atlántico. René Pellarin, Pellos, (1900-1998) en 1937 dibujó su fantástica Futuropolis y en 1948 continuaría la  serie mencionada de Fortón, Les Pieds Nickelés, hasta 1981, sabiendo darle vida nueva, con una narración mucho más ágil y los personajes actualizados. Benjamin Rabier (1869-1939), realizará en Europa otro invento que los yanquis consideran “genuinamente americano” los funny animals con su serie Gedeon (1923). Pero claro, cometió el error “imperdonable” de colocar los diálogos en textos impresos al pie de los dibujos. Y por fin Rober Velter (1909-1991) conocido como Rob-Vel es el creador en 1938 de la famosa serie Spirou en Bélgica.

Sería el editor Paul Winkler, el que revolucionaría la industria francesa publicando material de Estados Unidos en los años 30. Obras  como Jungle Jim, Prince Valiant, Little Annie, The Katzenjammer kids (rebautizados como Pim, Pam, Poum) o Mickey (también con el nombre cambiado de Rooney). Estas importaciones causaron tal impacto en los creadores que, entonces sí, abandonaron definitivamente la tradición y comenzaron a narrar, a hacer historietas, utilizando los bocadillos. El material americano acaparó la industria, relegando a los dibujantes franceses. Durante la Segunda Guerra Mundial este material extranjero escaseó, pero fueron pocas las oportunidades que se dio a los autóctonos ya que desaparecieron muchas revistas por la catástrofe bélica y las que quedaban disminuyeron el número de páginas. Cuando acabó el conflicto, los vacíos se llenaron con material belga de las revistas Tintin y Spirou, apareciendo también las primeras revistas procedentes de Italia.

Una vez asentado el lenguaje pleno, con los avances importados de Estados Unidos, Francia se convertiría en origen de una de las expresiones más brillantes de la narrativa gráfica a nivel mundial. En los años se pone a la cabeza de las revistas con una cabecera hoy mítica, Pilote, que nació en 1959 de la mano de Jean Hébrard, René Goscinny, Albert Uderzo y Jean-Michel Charlier. La revista se dirigía a los adolescentes, el mismo sector de las exitosas belgas Spirou y Tintin. Pronto el semanario sería comprado por Georges Dargaud. Sus historias eran principalmente aventuras: Barbe Rouge, Astérix, Tanguy et Laverdure, Blueberry, Lucky Luke... alcanzando el éxito hasta las sacudidas de mayo de 1968. De todos ellos espero hablar en capítulos posteriores.



BIBLIOGRAFÍA:
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.

domingo, 14 de julio de 2019

Oración blasfema


En mi anterior entrada de este blog subí uno de mis poemas. Y lo hice a palo seco, el poema y nada más. Que cada uno lo interprete como le plazca y que le guste o lo desprecie. Eso es la poesía, una apelación directa al lector, que no necesita explicaciones.

Hoy me propongo subir otro de mis poemas, pero no me atrevo a hacerlo sin una previa justificación. Intentaré explicarme con el menor número de palabras que pueda.


La fe es un acto volitivo, es decir, depende de la voluntad. En el fondo se cree en lo que se quiere creer o no se cree porque no se quiere. Siempre podemos inventar coartadas que apoyen nuestras creencias. No existe ciencia objetiva que explique ninguna de las religiones. Por tanto, la única manera de entendernos en sociedad es respetar la fe de los demás, mientras esta no interfiera en la libertad ajena. En tal sentido los agnósticos y los ateos debemos respetar las procesiones de Semana Santa o el Ramadán como expresiones que están enraizadas en unas creencias voluntarias, pero que son importantes para sus practicantes. Aunque nunca respetaremos la ablación del clítoris o la imposición de credos, porque atentan contra la libertad individual y dañan la integridad de las personas.

Yo leo poesía religiosa y la respeto, al máximo. Y me gusta, porque me ayuda a reflexionar sobre mi propia espiritualidad. La espiritualidad de un agnóstico, que antes fue creyente. Soy consciente de que soy agnóstico, que no significa más que ignorante, el que no sabe. No me atrevo a ser ateo —el que niega a Dios— por esa misma ignorancia, para no negar lo que desconozco. Esa es mi opción, reflexionada con la lucidez de la que soy capaz.

Al igual que yo respeto las creencias de los demás, tanto en Dios como en su negación, pido, solicito, exijo que se respete mi posición al respecto. El siguiente poema, que surge de lo más profundo de mis convicciones, puede parecer una afrenta a las gentes creyentes, pero esa no es mi intención. Ni siquiera va contra la fe, sino contra un cierto tipo de religiosidad, superficial y dañina, incluso para el que la practica.

Estoy seguro de que a ningún creyente respetuoso le ofenderá mi poema. No obstante, ese es el miedo, encontrarme con ofendiditos, especie animal, que no racional, que últimamente prolifera por doquier.

Por tanto, ruego a los que ya de por sí pueda molestar el título, que no lean el poema. Espero que el resto, los librepensadores, me respeten.


Oración blasfema

Padre nuestro, que nos regalas la vida
y en cuanto aflora el goce de la carne
nos castigas con el peso del pecado,
hemos nacido de la arbitrariedad de tu deseo,
teniendo que enfrentarnos al vivir cotidiano,
para ser conscientes de nuestro espantoso fin.

De tu santa sabiduría obtenemos tus dones.
Nos confieres dolores de cabeza y de estómago,
nos das muelas que se pudren y que hieden,
nos proporcionas miembros que se gangrenan,
y no les libras de ello ni a los pobres ciegos,
ni a los que son sordos por tu propia voluntad.

Permites que nazcan niños deformes.
Matas en la carretera a jóvenes sanos,
hijos de familias impías o creyentes.
Atormentas con hambre a los recién nacidos,
contagias enfermedades a los adolescentes,
y dejas en el paro a los padres de familia.

Eres el rey de los terremotos y las inundaciones.
El que exige guerras en su nombre.
El que persigue herejes y tortura impíos.
Eres un perverso asesino de masas
y tus crímenes se encuentran relatados
a lo largo del Antiguo Testamento.

No llegamos a comprender tu plan divino,
ni el sentido de este Valle de Lágrimas.
Como dios te han creado los devotos,
a nuestra imagen y semejanza,
y con valor te negamos los ateos,
sumergidos en bendito desamparo.

Amén

domingo, 30 de junio de 2019

Vivir para soñar

Dormido o despierto
no paro de soñar.

Estoy hecho de plumas
y me dejo llevar
por la brisa, por el aire,
por el puro azar,
que traza mi destino,
al que quiero llegar
sin parar de soñar.

El cielo infinito
y el ansia de volar,
de fundirme en el azul,
de licuarme en el mar,
atrapar el horizonte
con el continuo navegar.
Y no dejar de soñar.

Voy a favor de corriente, 
me dejo arrastrar.
La dulce marea me lleva
a las costas de ultramar.
Y, estático, indolente,
no me quiero rebelar,
no quiero dejar de soñar.

La vida la paso en sueños,
pues el duro despertar
aterra mi consciencia
y comienzo a llorar.
Despertar a la vida
no es más que acabar.
Es terminar de soñar.

Por eso quiero dormir,
no me quiero desvelar.
Por siempre quiero soñar.


sábado, 15 de junio de 2019

El trance


Estaba acostumbrado a controlarlo todo. Incluso en su trabajo. Hay a quienes lo de actor porno no les parece un trabajo, pero lo es. El actor es eso, alguien que actúa, que finge. Un rodaje porno no trae placer a ninguno de los que participan en él, ya que tienen que inhibir sus deseos y plegarse a posturas incómodas, con el solo objetivo de que sean más efectivas en la pantalla. Él tenía la total seguridad de que lo suyo era un trabajo. Para muchos, una película porno no es más que una puesta en escena del mal gusto, pero ese es otro tema.

Aunque el director le hiciera indicaciones, él tenía que controlar la postura, la intensidad e incluso la iluminación, nada podía fallar, para no alargar el rodaje. A fin de cuentas en este negocio se cobra por sesiones y una película puede estar acabada en una sola tarde. Alargar cualquier sesión, sería perder el tiempo y el dinero.

En su vida cotidiana también tenía que controlar todos los factores, el orden era primordial. Seguía a rajatabla la agenda que guardaba en el teléfono y si algo no estaba apuntado no existía, simplemente.

Porque estaba apuntado y porque era la hora, se presentó en la consulta del dentista. Nunca antes había ido al dentista, así que entró en el terreno de lo desconocido, de la aventura, de lo que se escapaba a su control. No sabía qué es lo que le esperaba, no sabía si sentiría dolor, no sabía cuánto le iba a costar aquel atentado contra su integridad física. El caos se personificaba detrás de esa puerta. Aún así, entró, porque lo tenía apuntado en su agenda.

—Si no puede atenderme en estos momentos —le dijo a la enfermera—, no me quedaré, pues dentro de una hora tengo una cita importante.

—Descuide —respondió ella—, hoy no llevamos retraso. Antes de lo que espera estará libre.

Aquello le tranquilizó. La cosa iba bien.

Imagen de StockSnap en Pixabay

Sin embargo, los sillones giratorios y todo ese instrumental que colgaba de cables le descolocaron. La lámpara sobre su cara le ruborizó. La falda corta de la dentista y su escote, cuando se agachó a pincharle la anestesia, fueron la última imagen antes de que se sintiera flotando en el espacio. Más tarde se enteraría de que la dosis había sido excesiva, pero en esos instantes, difíciles de cronometrar, se sintió fuera de lugar. Flotaba entre ensoñaciones. Se vio a sí mismo trabajando en lo suyo, con una partenaire ligera de ropa que provocaba su erección, la cual surgió profesionalmente, como cabía esperar. Se vio desnudándola y, contrariado, encontró más resistencia de la habitual; serían cosas del guión, sin duda. Además de la caliente doctora, se unió a la lucha carnal la sensual enfermera. La sensación de estar rodando una película porno debió ser la causa esa humedad en el pantalón, que notó cuando despertó del ofuscamiento.

—Y no vuelva nunca más a esta consulta —le dijo la enojada enfermera, cuando lo acompañó a la puerta—. Ni se preocupe por la factura, no le cobraremos con tal de no volver a verlo por aquí.

viernes, 31 de mayo de 2019

La vida de Ismael

La vida de Ismael estaba ligada a la de Boris, tanto si lo dejaba marchar como si lo mataba. El problema era que en esos momentos no tenía claro qué era lo más conveniente, pero le urgía tomar una decisión.

Ismael estaba enfermo, consumido por la fiebre. Tenía la certeza de que la causa era la herida producida en la pierna al caer del caballo, que se le había infectado. Si no moría de esta, la maldita guerra acabaría por volverlo loco.

Se había adentrado con Boris en territorio enemigo, como avanzadilla, para informar de la disposición de las tropas. Pero una loca carrera, tratando de ocultarse de la caballería de esos canallas, provocó que el caballo en el que iban ambos se despeñara y acabara en el fondo del barranco. Por suerte, Ismael pudo quedarse al borde del precipicio, junto a Boris, al que llevaba atado con una cuerda, por lo que no pudo huir a pesar del percance.

Se habían quedado solos, ocultos en un paraje arbolado. Ismael aún dominaba la situación, por mucho que la caída le hubiera quebrado la pierna derecha y tal vez la cadera, ya que no podía levantarse del suelo. Aún así, le resultó fácil retener a Boris. Lo peor era el dolor. A pesar de que era constante, conseguía mantenerlo silenciado por la rutina de soportarlo, pero se le hizo patente cuando una mueca macabra le tensó todos los músculos de la cara.


Hacía casi una semana que no comía, ya que las provisiones se despeñaron con el caballo y la debilidad era responsable del ensañamiento de la fiebre. Como no arrancase hierba, no tenía otra cosa a mano. Menos mal que las lluvias, no demasiado intensas, le permitieron saciar la sed.

Sin embargo, Boris parecía fuerte, por tanto, podría enviarlo en busca de ayuda con una nota, pero, con ello, Ismael no tenía ninguna seguridad de lograr que su escuadrón viniese a rescatarlo. No le cabía duda de que Boris podría cruzar las líneas de nuevo, lo que no le ofrecía ninguna confianza era que luego pudieran encontrarlo donde estaba.

La otra opción sería matarlo. A fin de cuentas, no se tenían ninguna simpatía y alimentarse con su carne podría prolongarle un poco la vida, aumentando la esperanza de que fuera encontrado en el avance de las tropas aliadas, que ya no debían estar muy lejos. Si no decidía rápido, sería el destino quien decidiese por él.

¿Cuánto podría durar sin probar bocado?, se preguntaba Ismael. ¿Cuánto tiempo le daría de margen el comerse a su compañero de viaje? Desde luego que era algo que no podría consultar con Boris.

La guerra le había endurecido tanto que no le causaba ningún remordimiento acabar con su acompañante. Haciendo acopio de toda su energía, mató a Boris sin piedad. Lo tenía a su alcance y le retorció el cuello. A fin de cuentas, Boris no era más que un palomo mensajero.

martes, 14 de mayo de 2019

A quién vas a votar


—¿A quién vais a votar en las próximas elecciones? —preguntó la profesora a sus alumnos adolescentes.
—Pero es ilegal, profe —respondió uno de ellos—, no se puede pedir a nadie que diga a quién va a votar.

—Lo que es ilegal —indicó la aludida— es obligar a alguien a decirlo, si no es su voluntad. Pero vosotros aún no tenéis edad para votar y esto tan solo es un ejercicio. Un juego. Desde luego que no estáis obligados a responder sinceramente, ni siquiera a responder, pero me gustaría que lo hicierais, para sacar conclusiones importantes.

—Pues yo no pienso votar —dijo una chica rubia, que se sentaba en las últimas filas—, no soy política, ni me interesan esas cosas.

—Estás equivocada, no cabe la posibilidad de no ser político, al igual que no cabe la posibilidad de bañarse y no mojarse.

—Y tanto que cabe la posibilidad, como que no lo soy, aunque usted se empeñe.

—¿Tus padres te dan alguna paga de forma periódica para tus gastos?

—Sí, menos de lo que necesito.

—Bien, a partir de ahora me vas a traer a mí ese dinero y yo decidiré en qué te lo gastas. Verás cómo yo lograré que te sobre. Además, me quedaré una parte, para retribuir mi trabajo de administradora.

—Ni de coña.

—¿Ves como eres política? En eso consiste precisamente la política, en administrar el dinero y decidir en qué se gasta. Todos tenemos una idea y un deseo de qué queremos que se haga con nuestro dinero y si no votamos a las personas que piensan igual que nosotros y tienen nuestros mismos intereses, entonces ganarán los que defienden los intereses de otros. Serán estos quiénes decidan cuánto y en qué se gastará el dinero común. Por tanto, tan política es la decisión de no votar, a la que tienes derecho, como la de votar. En ambos casos estás decidiendo qué van a hacer otros con tu dinero.

—Pues yo me bañé una vez con un traje de neopreno —dijo otro de los chicos— y no me mojé —hubo un coro de risas. Eran adolescentes.