viernes, 27 de marzo de 2020

La fauna del jardín

Soy un caracol de jardín. Mi vida es aburrida: subir tallos, bajarlos, buscar humedad, mordisquear, en fin lo corriente en alguien de mi insignificancia. Aunque esto me sirve también para pasar desapercibido y, como este jardín es urbano y está muy frecuentado, me dedico a estudiar a la fauna. De lo que más hay son perros, que traen a unos humanos grandotes arrastrados por una cuerda. Pero no me interesan los seres inteligentes, que ríen, disfrutan, corren y traban relaciones con otros similares. Esos no. A los que me gusta estudiar es a los otros, a los humanos. Seres taciturnos, que parece que vienen por aquí solo a cuidar y proteger a sus amos caninos. No se les ve rasgo de felicitad alguno, sino de resignación más bien.

Ilustración Julio Veredas Batlle

Estoy haciendo un catálogo de ellos, de sus diversas tipologías, aunque no haya demasiada variedad. Pero, afinando, sí que encuentro diferencias. Por ejemplo, los humanos de sexo femenino son algo más alegres. Suelen ser de tamaño ligeramente más pequeño, perfumados, huelen bien y hasta ríen alguna vez. Visten de forma muy variada y colorida. Tienen largas melenas y a veces van con trasquilones o con pelos pintados de forma artística. Sin embargo, los humanos de sexo masculino son todos… ¿cómo lo diría? Grises. Sí, aunque su aspecto no siempre sea de este color, su variedad en la vestimenta es tan pobre y tan descolorida, que parece que todos sufren alguna enfermedad. Su mayor tamaño no parece que les dé ninguna ventaja.

El ser humano es insustancial, aburrido, ya digo. Hilan unas palabras con otras y parece que se escuchan, pero ni se miran entre sí. Caminan y no saltan. Sujetan las carreras de sus amos, pero no corren. No se salen de los senderos marcados por setos y bordillos. Cuando se cruzan con un desconocido no lo saludan, ni le preguntan a dónde va. Se ignoran entre sí.

Ya podrían aprender un poco de sus amos perros, más desinhibidos, que no se andan con remilgos. Todavía no he visto a ningún humano acercarse a otro a olerle el culo.

viernes, 13 de marzo de 2020

Las flores


(Esto es un relato, pura ficción. Cualquier parecido con la circunstancias que nos rodean es simple coincidencia)

Aquella tarde lo vi por primera vez en el microscopio electrónico. Era bellísimo. Esférico y envuelto en un anillo de estructuras redondeadas que le daban forma de corona. Si alguien puede sentirse orgulloso de la criatura que ha creado, aunque sea algo monstruoso, es un científico. Y lo haría igual aún en caso de que no fuese tan bella, simplemente por haber finalizado un largo proceso de estudio, ensayo, prueba y error.

Enseguida me advertiste:

—Me he enterado de que los tipos que estaban ayer con los directivos pertenecen a los servicios secretos.

—¿Y? —fue mi réplica. Te respondí con una pregunta absurda, porque de sobra sabía lo que eso significaba.

—¿Que qué pintan en un laboratorio unos agentes de la Inteligencia?

—Eso no es cosa nuestra. Somos científicos, realizamos nuestro trabajo, que ellos hagan el suyo y los directivos el que les corresponda.

—Pero no pueden querer nada bueno. Lo que estamos desarrollando es potencialmente peligroso, podría utilizarse como arma biológica.

Me lo dijiste muy claro y no quise creerte. Más tarde añadieron al equipo un par de científicos, que venían de laboratorios militares y que nada pintaban con nosotros. Tu insistencia fue vana. Querías que hiciéramos fracasar el experimento para destruir la cepa, como si hubiese sido inviable. Me pusiste en un dilema, pretendías destruir varios años de trabajo y acabar con mi criatura, que entonces no tenía nombre. Pensé en denunciarte a los directivos. Sabía que, si no te denunciaba, tú mismo la destruirías, a espaldas mías. Sabía que si te denunciaba te harían desaparecer a ti, en un accidente. No eran más que bulos, pero todo el mundo decía que esas cosas ocurrían.

Y ahora sé que estas flores que te traigo hoy, cuatro años después, a tu tumba, no me eximen de culpa, pero ya es lo único que puedo hacer para mitigar mis lágrimas, que se derraman cada vez que pongo las noticias.

viernes, 28 de febrero de 2020

La narrativa gráfica en la Italia de postguerra


En Italia, una vez concluida la II Guerra Mundial, se quiso hacer borrón y cuenta nueva en muchos aspectos, pero en el mundo de la narrativa gráfica —los fumetti— nada cambiará hasta los años 60. Los fumetti de humor siguieron siendo esencialmente infantiles, los giornalini continuaron las mismas tendencias, intentando soslayar el pasado con una comicidad neutral. Los textos rimados en las revistas de humor se conservarán hasta finales de la década de los 50.

En las revistas de aventuras tampoco cambiará nada en la postguerra, repitiendo diseño y contenido, aunque regresarán los personajes norteamericanos, pero ya no levantarán el entusiasmo que suscitaron en algunos sectores durante el fascismo. La calidad del papel y de la impresión con frecuencia fue pésima.

L'Asso di Picche aparece a finales de 1945 en Venecia y, aunque cierra pronto a causa del escaso éxito, es importante, tanto por su repercusión, como por reunir una importante nómina de autores, Ongaro, Faustinelli o Hugo Pratt, que emigrarán a Argentina en los años 50 y trabajarán para toda Sudamérica. El personaje principal de la revista, que le da nombre, es una imitación de los superhéroes norteamericanos, un enmascarado que actuaba en una ciudad de San Francisco plagada de gansters.

Topolino, que existía antes de la guerra, reaparece en 1945, continuando las historias en el punto en el que habían quedado cuando se cerró la revista en el año 43. El editor, Mondadori titubea cambiando la periodicidad en la publicación ante la baja respuesta de los lectores, acabando por volver a salir semanalmente. Desde 1960 pasa a formato de bolsillo, deja de publicar aventuras realistas y utiliza personajes de estética disneyana, alcanzando el éxito inmediato, pudiendo ofrecer trabajo a numerosos autores autóctonos.

Los giornalini humorísticos sufrirán todos una crisis y tendrán que reconvertirse imitando a Topolino. Florecieron los álbumes de bolsillo, con una comicidad libre de toda ideología, que introdujo a veces el elemento aventurero. Ediciones Alpe se convertirá en la mayor productora de fumetti humorísticos italianos.

Había otras revistas como Il Vittorioso, semanario católico, moralizante y anticomunista que se vendía en las parroquias y que no llegaría a conocer la crisis como sus competidores. Pioniere, por su parte era un semanario comunista para niños, vendido en Casas del Pueblo, pero no tuvo nunca mucha fortuna, sobreviviendo hasta 1964. En 1955, llegó a editarse la versión italiana de Tintin, por la Editorial Vellardi, pero no llegó a cuajar.

Ante el fracaso de las revistas de aventuras, los editores lanzan cuadernos en diversos formatos, con un personaje fijo. El resultado es diverso, pero se logró que algunos triunfaran y fueran muy difundidos. De esta forma los editores no arriesgaban, ya que si no alcanzaban el éxito se cesaba su publicación y se proponía otro héroe a los jóvenes lectores. Entre los personajes que triunfaron destaca Gim Toro que comenzó en 1946, de los autores Andrea Lavezzolo (1905-1981) y Edgardo Dell'Aqua (1912-1986), que narraba las aventuras de un italo-americano de gran fortaleza física.

También destaca el western Tex Wiler, que se llegó a convertir en uno de los personajes más célebres de los fumetti. Pero hubo muchísimos otros héroes como: Amok, Misterix, Pantera Bionda, Kit Carson, Pecos Bill, Akim, Capitán Miki, Sciuscià y Zagar. Como se puede deducir de los nombres se observa un vuelco hacia temáticas de los cómics norteamericanos, ya que, por ejemplo, Akim es una especie de Tarzán y Misterix sigue las pautas de Mandrake. El gran enemigo de antes, Norteamérica, es ahora el país a imitar.

Entre los autores de humor hay que citar algunos nombres como Cimpellin (Carleto Sprint o Tribunzio con guiones de Carlo Triberti), Sebastiano Craveri (La famiglia Zoo, para El Vittorioso), Lino Landolfi  (Procopio, La famiglia Bertolini), Luciano Bottaro (Pepito, con un fantástico universo personal ambientado en aventuras de piratas), Antonio Terenghi (Pedrito el drito, una desmitificación del western) o Giovan Battista Carpi (Soldino e Nonna Abelarda, un inquieto niño y su abuela temperamental).

Un poco más de espacio necesita Benito Jacovitti (1923-1997) por su originalidad y trascendencia. Solía firmar como Jac o como Lisca Pesce (espina de pescado). Contó con una imaginación desbordante creando un universo propio donde eran normales elementos totalmente surrealistas, como deformaciones de la anatomía (por ejemplo pies que tomaban la forma del bordillo de la acera donde se apoyaban), objetos incongruentes que aparecían por doquier (sobre todo salchichones, pescados, lápices o lombrices), una violencia gratuita de gusto cruel y sádico que llega a resultar cómica por su irrealidad, etc. Su estilo gráfico se caracteriza por el horror vacui, tendiendo a llenar todos los espacios de la viñeta. Trabajó para Il Vittorioso o Il giorno dei ragazzi. Alguno de sus personajes son Pippo, Pertica y Palla, Battista e il fascista, Cocco Bill, Tom Ficanasso, Gionni Galassia o parodias de superhéroes como Mandrake o Tarzán.

BIBLIOGRAFÍA:
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.

viernes, 14 de febrero de 2020

Los humitos del fascismo

Uno de los focos más brillantes de la narrativa gráfica mundial ha sido y es Italia, aunque su establecimiento formal en el país como lenguaje atravesase a comienzos del siglo XX el escollo del fascismo. Voy a reseñar brevemente su historia*.

Humitos —fumetti— es el nombre que dieron los italianos a la narrativa gráfica, destacando la forma de disponer los diálogos entre los dibujos, que aparenta humo. El término fue acuñado en el periódico oficial del fascismo, Il Popolo d'Italia, y tuvo tanta aceptación que lo asentó para años venideros. Fijan su nacimiento el 27 de diciembre de 1908, con el primer número del semanario Corriere dei Piccoli. Los denominados giornalini estaban dirigidos a los niños y adolescentes. Las narraciones eran generalmente humorísticas, con el texto a pie de dibujo y en estrofas rimadas que perduraron hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Se llegó al extremo de castrar el material americano que se llegó a importar (Buster Brown, Happy Hooligan, etc.), eliminando los bocadillos —humitos— y encasillando las secuencias en viñetas del mismo tamaño, quitando algunas y añadiendo el texto rimado.

De esta primera época merece citarse algún autor como Antonio Rubino (1880-1964), que destaca por su frescura y la creación de un universo poético. Estaba dotado de una gran facilidad para la inventiva, con la que desarrolló multitud de personajes.

Attilio Massino (1878-1954), entre muchas creaciones sobresale por su Bilbolbul, que data de 1908 y presenta una singularidad reseñable. Se trata de un personaje nativo africano, que vive en un continente de animales fantásticos y sus aventuras constituyen un juego con el lenguaje de la narración gráfica, pues realiza acciones que del todo punto resultan imposibles en la vida real, como dividirse en trozos y luego pegarlos con cola, abrirse el torso como si en lugar de carne y huesos fuera una chaqueta de tela, soportar una lluvia de signos de interrogación, alargarse como si fuera de goma, colorearse de colores imposibles, etc. Llegó a un alarde imaginativo de tal calibre que su violencia gratuita no fue comprendida como metáfora creativa, por lo que llegó a prohibirse, puesto que escandalizaba las limpias mentes de los protectores de la infancia, gran parte de los cuales, por otro lado, apoyaron el cruento movimiento fascista cuando se asentó a partir de 1922.

Entre otros muchos autores destacaremos también a Carlo Bisi (1890-1982), que es el autor de un grotesco personaje protagonista de una historia bufa doméstica, Sor Pampurio (1929); y a Bruno Angoletta (1889-1973), el cual dibujó en 1928 a Marmitone, un torpe soldado, anti héroe cabezota que con su oposición a la esencia militar contestaba el clima marcial imperante.

En enero de 1925 se asentó la dictadura mussoliniana, con un amplio consenso en el país, apoyándose en la recuperación económica, ayudada por la situación internacional. La ideología fascista, que es anterior al nazismo alemán y que propugnaba la autarquía, no solo económica sino también cultural, tuvo la desde sus orígenes la pretensión de adoctrinar a las nuevas generaciones y así garantizar su continuidad histórica. Por ello nacieron semanarios nuevos como Il Giornale dei Balilla (1923) o La Piccola Italiana (1927), cuyos personajes eran los héroes que el régimen quería.

En 1934 aparecen los primeros cómics de aventuras norteamericanos en L'Aventuroso, anteriormente se había publicado alguno nacional o de importación inglesa. La empresa Abisina de 1935 enardece el fervor nacionalista y esto estimula la producción de aventuras. En 1936 se crea una oficina para el control de la prensa infantil que incentiva la producción nacional, que girará alrededor de algunos temas tales como la aviación, el apoyo al levantamiento de Franco en España, el antivolchevismo, la campaña racial, el colonialismo de Abisinia o, más adelante durante la guerra, el mantenimiento del frente interno. En 1938 se prohíbe importar todo el material extranjero, lo que afecta sobre todo a los cómics norteamericanos. Este escollo se salvó torpemente, pues a los editores se les ocurrió redibujar por autores italianos obras de gran aceptación como, por ejemplo, Flash Gordon.

En los años anteriores a la caída del fascismo existieron unos grupos editoriales claramente ideologizados. En Saboya, los potentados del norte apoyaron el fascismo en torno al Corriere dei Piccoli. La Società Anonima Editrice Vecchi (SAEV), de tradición antifascista, trató de eludir las directrices del régimen y publicó producciones inglesas y, desde 1935, americanas. Nerbini en Florencia, cuya más importante publicación era L'Aventuroso distribuyó producción norteamericana de la K.F.S., a la vez que dio trabajo a muchos autores italianos. El Grupo Editorial de Mondadori, de Milán, sostenía una ideología liberal y nacionalista, a la vez que laica, separada del régimen, y cuya principal revista era Topolino. Citaremos por último una editorial católica, A.V.E. de Roma, que propugnó un fascismo católico.

* BIBLIOGRAFÍA:
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.


viernes, 31 de enero de 2020

Viaje de un caracol a la ciudad

¡Qué vida más apacible la del que vive en el campo! Eso sí, aburrida como una ostra. Siempre tuve curiosidad por esos tipos urbanitas que nos visitan de vez en cuando, domingueando sobre todo, y que ponen tanto cuidado en no pisar la boñiga dejada al descuido por cualquiera. Suelen expoliar toda seta o níscalo que encuentran, arrasando incluso con los retoños de hongos que en veinticuatro horas podrían alcanzar un tamaño como para saciar al más exigente. Pero, si alguien pasa de largo el ejemplar más minúsculo, el pisaverde que vaya detrás arramplará con él.

Soy por naturaleza curioso. ¿Cómo serán esas ciudades de las que dicen venir los forasteros? ¿Allí no hay setas, bostas ni bichos? Desde hace tiempo que me apetece mucho conocer esos lugares lejanos y enigmáticos. Así que cuando uno de esos tipos embotados, hurgaba entre la hierba en la que yo trajinaba y me agarró de la concha, en el fondo me alegré. Supe que iba a viajar. Me introdujo en una cesta donde me encontré de sopetón con un montón de caracoles, como yo, algunos incluso conocidos. Eso sí, debido a que todos somos hermafroditas, tuve que cuidarme y pasar alternativamente de macho a hembra y viceversa, ya que no me faltaron proposiciones de colegas, que estaban en una proximidad obligada. “No me busques, chica, que yo también lo soy”. “Quita para allá, machote, no sea te lleves lo que quieres darme”. Jejé, los tuve mareados un rato, hasta que comprendí que no les hacía falta, debido a la cantidad de opciones que se les presentaban. Yo solo era uno más.

Después de traquetear durante mucho rato en su máquina corredora, donde nos colocaron a oscuras en el maletero, salimos a la luz en uno de sus hogares ciudadanos. Sí, objetivo alcanzado, estaba en la ciudad.

Pero pasé varios días sin ver nada, todo era rutina y encierro. Nos tenían confinados en una caja, taponada con una especie de malla irrompible para mis pobres dientes gasterópodos. Resumiré para no aburrir. Primero nos dieron mucho de comer, lechuga sobre todo. Por lo menos los anfitriones eran generosos. Luego nos hicieron pasar hambre, pues erradicaron la comida por completo de nuestra especie de cárcel. Creo que llegué a cagar hasta lo último que me había llevado al estómago, sin opción a reponerlo. Después nos remojaron en agua, frota que frota, sacándonos las roñas campestres. Aunque al final lo compensaron con el espá. Nos dieron un baño a todos juntos en una especie de bañera metálica. El agua en principio estaba fría, pero se fue templando poco a poco. ¡Qué gozada! Asomé la cabeza para disfrutar. Bueno y también para respirar un poco.

En eso, no se me dejaba de venir a la cabeza que mi ilusión era conocer cómo es una ciudad y que, por muchas atenciones que nos dieran, estaba perdiendo el tiempo allí. Así que me armé de agallas y trepé por las paredes que estaban aún más calientes. Al llegar al filo de la sauna, me impulsé, rodando fuera. Cuando me recompuse me sentí aliviado, ya que la temperatura del agua había alcanzado un nivel que me estaba resultando incómoda.

Dejé que mis compadres siguieran disfrutando del baño y yo me deslicé hacia abajo del mueble, luego patiné por el suelo y más tarde subí por la pared, hasta alcanzar una ventana por la que puede salir al aire libre. Descendí la fachada, me escurrí por lo que llaman acera y alcancé un espacio verde, auténticamente sabroso. Sé ahora que lo llaman jardín, pero tiene cierto parecido con el campo. Me repuse comiendo hierba fresca, pensando en lo bien que lo estarían pasando mis congéneres. Ahí, en la sauna, tan limpitos, abriendo sus instintos al placer y cambiando el sexo continuamente para que nadie quedara insatisfecho.

Pero no me arrepiento, me alegro de haberme marchado, ya que lo que yo quería desde el comienzo era esto, conocer la ciudad.

miércoles, 15 de enero de 2020

Maneras de viajar


Sobre el tema de los viajes hay mucho que decir, pues existen tantas maneras de embarcarse en una aventura como gustos. Y, ya se sabe, sobre gustos se ha escrito tanto que no puede uno perder el tiempo pretendiendo leerlo todo.

Para desplazarse, hay a quién le gustan los automóviles, esos cacharros con ruedas de goma, que alcanzan velocidades que despeinan. A no ser que estén techados. O no tengas pelo, esa es otra.

Pero también se puede volar. Muchos no se explican dónde está la magia que hace posible que con un “abra cadabra” se consiga que un trasto de muchas toneladas de peso flote en el aire. Pues no es magia, ni magio. Hazme caso, coge una piedra, aunque pese es igual. ¿Crees que vuela? ¿No? Entonces tírala con ímpetu y verás cómo planea mientras le dure la inercia de la fuerza aplicada. Pues a uno de esos aeroplanos, no hay más que aplicarle fuerza constante y, hala, magia potagia. Claro que también están los ingenieros, que saben de aerodinámica y esas zarandajas, posibilitando a los pilotos dirigir esos cacharros por la masa gaseosa.

Incluso por encima del agua se puede viajar en un pesado y metálico armatoste. En esto, me han dicho, tiene mucho que ver un tal Arquímedes. Que si todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado. Parece difícil de entender, pero con que lo entiendan los ingenieros hay suficiente. Flota.

¿Y qué decir de viajar por debajo del agua? Pues también. Y los hay incluso amarillos.

Lo que yo no entendí era el viaje ese en el receptáculo cerrado que vi antes. Sin una ventana para observar el paisaje y con capacidad para una sola persona, lo cual limita bastante la conversación. Tal vez, esa especie de cajón de madera tenga dentro algún dispositivo con altavoces para escuchar música, ¡porque si no…!

Cuando, después de meterlo en el agujero, le empezaron a echar encima paladas de tierra, supuse que ese tenía que ser su último viaje.

En fin, yo a lo mío, a seguir comiendo, que esta hierba está muy fresca.


martes, 31 de diciembre de 2019

Recapitulando 2019


Bien, pues ya estamos a finales de otro año y aquí está mi resumen, con la intención de que sirva de índice de entrada a todo lo que he publicado en este blog, ordenado por temáticas.

Comienzo con los Relatos, porque inicié 2019 con uno, En la trinchera. Este ha sido un año prolífico en publicaciones literarias, espero seguir por este camino, que es el que más lectores me aporta. Pero a veces me pueden las entrañas y me enredo con temas polémicos. De esta forma surgió el relato político A quién vas a votar, que tiene tintes pedagógicos (diré en mi disculpa que se avecinaban unas elecciones, luego hubo más). Después el humor negro de La vida de Ismael, el humor grosero de El trance y el trago amargo de Amarillo, relatos que procedían de un taller de narrativa que estaba realizando y de los que me siento muy satisfecho. Con varias frases cortas y una serie de fotografías compuse La respuesta está en los números. Y terminé en octubre con Cifras y letras, un surrealista juego con las palabras y los números.

Viva el doblaje, viva Pancho Villa, es la única entrada de este año de la etiqueta Defensa del castellano y en ella me despacho a gusto contra la “obligatoriedad” de que todo quisqui hable inglés.

También ha habido Poesía. El 14 de febrero confesé que, cuando Mila cumplió cierta edad, le regalé un libro de poemas y traje dos de ellos a mi entrada Poemas vitales. En junio reincidí con Vivir para soñar, a pesar de mi rubor de hacer pública mi vena lírica. Y el 14 de julio me despaché con una Oración blasfema, a la que tuve que poner una larga introducción, para explicarme y así tratar de evitar ser llevado a la hoguera —la hoguera virtual también quema.

Bajo la etiqueta de Reseñas colgué la presentación que hice del libro de mi amigo Alejandro Pérez, Cuentos Artesanos, estupendo libro y mejor persona. Tampoco podía faltar la reseña al libro colaborativo de La Sombra del Ciprés, este año Ávila tenebrosa.

También he sido prolífico en mis entradas relacionadas con la Narrativa Gráfica. Este año sigo realizando un resumen histórico. Ahí van: El cómic se independiza de los periódicos y se infantiliza, La expansión del cómic por América, El nacimiento de la Bande Dessinée y Tintin y la bande dessinée belga. Seguirá…

Tengo dos Historias este año: Pedir perdón por la conquista, que es una reflexión causada por la solicitud del presidente mexicano de que los españoles debíamos hacer eso, y El final del verano llegó…, que trata de lo que se puede decir cuando no se tiene nada que decir.

En el apartado de Viajes, este año hay un reportaje gráfico de Las majadas de los queseros, que se conservan cerca de Candeleda (Ávila).

Con la etiqueta de Vida literaria, he realizado mi tradicional resumen de la V gala de premios La sombra del ciprés.

Sobre Política, aquí dejé un alegato contra un partido que no respeta las opiniones de los demás y que ilegalizaría a quien no se crea sus ideas “sagradas”. Me despaché a gusto, lo siento, fue un rabotazo del que tengo remordimientos, pero es lo que pienso: Banderas y cordones sanitarios.

Termino el año con una Reflexión en este mismo mes, La huella humana, en la que muestro mi preocupación por el medio ambiente y la superpoblación. ¿Influido por la COP25 de Madrid? Pues va a ser que sí.

A ver que cuente… 23 y esta 24. Creo que las tengo todas. Todas las entradas de este blog en el año que ya acabó. Espero completar el siguiente. Que la paz y el amor, que nos predica esta sociedad capitalista para que no dejemos de consumir, sea el propósito de los 366 días de 2020. Y que cada uno trampee con los girones de felicidad que se le presenten, intentando superar los malos ratos.

(En recuerdo de José Luis. Nos dejaste, maestro. ¿Y ahora qué hacemos?)