sábado, 17 de febrero de 2018

El siglo XIX y los tebeos


En entradas anteriores hemos visto ejemplos de narraciones gráficas, tebeos yo los llamo, que pasaron desapercibidos como tales, cuando es evidente que tienen toda la esencia del lenguaje que consiste en narrar una historia con secuencias de imágenes sucesivas.

[1]
1896 es una fecha que marcaron algunos como nacimiento de los cómics. E incluso otros señalan el siglo XIX como precursor del lenguaje. No estoy de acuerdo con ninguna de estas afirmaciones y creo haberlo demostrado. Vamos a ver ahora someramente qué narraciones gráficas se hicieron en el siglo XIX, eso sí, la mayoría sin ser conscientes de lo que hacían.

Comencemos con una ilustración, una de tantas que se prodigaron durante todo del siglo XIX, siglo que podíamos decir que comenzó unos años antes con la Revolución Francesa. Estas sátiras solían tener intención sarcástica e hiriente y presentan características que algunos estudiosos se empeñan en identificar para definir el lenguaje del cómic, cuando no lo es. La traigo aquí especialmente por los estupendos bocadillos que, en este caso, tienen más de cien años de antigüedad a su “invención oficial”. Se trata de un grabado de Gillray de 1791 [1]. En todo el siglo XIX existieron publicaciones periódicas en Europa y en ellas abundaron las sátiras políticas, en general muy radicales e hirientes.

[2]

Mención aparte merece un género marginal, que no es estudiado dentro de la Historia del Arte, sino como propio del costumbrismo popular, como son los libros de cordel. Ediciones baratas que eran vendidas en portales y kioskos suspendidos en un cordel, del que eran extraídos. Eran cuadernillos de pocas hojas que, en su origen, consistían en un pliego con dos dobleces, aunque con el tiempo llegaron a tener más de 30 páginas [2]. Era literatura fugaz que incluía grabados para facilitar su lectura y éstos a veces ofrecían narraciones gráficas. Pensemos en los altísimos índices de analfabetismo del siglo XIX, que obligaba a minimizar el texto, pues el público al que se dirigían estas publicaciones era de clase baja. Las historias vienen de la tradición de ciegos y juglares que recorrían los caminos para explicarlas con el apoyo de los pliegos de dibujos. Había temática de historia sagrada, epopeyas medievales, hazañas de bandidos y romances vulgares.

[3]
Las aleluyas, conocidas como aucas en Cataluña y Valencia donde tuvieron expansión notable, eran unos pliegos de tamaño equivalente al doble folio, que también fueron vendidos como de cordel [3]. Normalmente tenían 48 viñetas cuadradas, que se denominaban estampas, ordenadas en ocho filas de seis, teniendo cada viñeta al pie un breve pareado. Solía quedar en el anonimato tanto el autor del texto como del dibujo. Las primeras impresiones se realizaban en xilograbado y más tarde en litografía e incluso se llegó al fotograbado. Su función era recreativa, siendo las más antiguas enumerativas; recogiendo una sucesión de estampas sin carácter narrativo, imágenes que describían costumbres o tipos populares, o mostraban monumentos, oficios o sucesos. Pero muchas de las posteriores adquieren ese carácter narrativo, pues cuentan historias pintorescas con una sucesión coherente de escenas significativas, completando su sentido con el texto rimado, el cual a veces quiere brillar por sí mismo; pero eso tan solo le resta efectividad, no lo anula como complemento de la narración gráfica. Estaban dirigidas al público adulto en general, aunque algunas eran infantiles. Tienen su equivalente, salvadas las diferencias, en los bilderbogen alemanes o las Stampas D’Epinal francesas [4].

[4]
El estudioso Antonio Martín (1) niega que las aleluyas sean cómic e, incluso, que estén en el paso inmediatamente anterior, pero es una opinión que no comparto. Aquellos casos en que los dibujos se ordenan para contar una historia con una selección de momentos significativos y con el apoyo de textos, sino son narraciones gráficas ¿qué son? Ilustraciones desde luego que no, porque lo que les da sentido es su ubicación en una secuencia, sin la cual no dicen nada, ni sirven para nada. No ilustran un texto literario, ni tienen valor intrínseco por sí mismas; se necesitan entre sí, para que cada estampa haga su aportación ordenada en función de avanzar la historia. Y además utilizan convencionalismos auxiliares. El texto es tosco, la planificación es pobre y la elipsis entre viñetas suele dar saltos significativos, pero hoy en día se pueden crear narraciones gráficas con grandes saltos en el tiempo entre viñeta y viñeta y nadie las pone en duda.


Y ahora vayamos a otra cosa y veamos algunos autores.

[5]
Rodolphe Töpffer, un suizo que trabajó en Francia, se consideró a sí mismo como inventor, otra vez, de una forma de narrar, que utilizaría exclusivamente como pasatiempo, y que él denominó Literatura con estampas. Se equivocó en lo de ser el primero en lograrlo, pero nos encontramos con otro autor plenamente consciente de que sus creaciones no eran ni ilustraciones, ni literatura, sino un híbrido de ambas que generaba un nuevo lenguaje consistente en narraciones gráficas que utilizaban el auxilio de un texto para completar el significado. Sentó las bases del lenguaje pensando que no era una extravagancia, sino que otros podían hacer lo mismo que él y así fue un autor imitado, e incluso plagiado. Töpffer por sí solo serviría para desmontar teorías con pies de barro que no quieren ver el lenguaje hasta que los textos fueron metidos en bocadillos. Es oportuno enumerar sus títulos para resaltar las fechas de publicación. Les amours de M. Vieux Bois (1827), publicado una década más tarde, Le Docteur Festus (1829), Histoire de M. Cryptogramme (1830), publicada en 1.845, M. Pencil (1831), publicada en 1840, Historie de M. Jabot (1831), publicada en 1837, M. Crépin (1837) e Histoire D'Albert (1844). Publicó sus historias en álbumes que fueron editados en Francia, Alemania y EE.UU. Estaban dirigidos al público adulto y tenían formato horizontal, con una tira de viñetas por página y un breve texto al pie de los dibujos [5].

[6] Segundo capítulo, suprimiendo el texto rimado.
Wilhem Bush (1832-1908) es un alemán que publicó una serie de relatos con anécdotas mudas para el semanario Fliegen Blättern en 1861, que había sido fundado por Kaspar Braum (2). Es el autor sobre todo de Max und Moritz, dos niños traviesos considerados, sin ambages, como precedentes de los famosos Katzenjammer Kids norteamericanos, los cuales constituyen un hito en la “Historia oficial del Cómic”. Se trata de una serie con unos chicos gamberros, que son el tormento de los adultos que les rodean y acaban pagando con creces sus fechorías. Busch experimenta con un lenguaje del cual desconoce su existencia y sus reglas y, por lo tanto, no consigue un resultado redondo, al mezclar las palabras y el dibujo de una forma forzada. Utiliza un largo texto rimado en el que intercala los dibujos, no siendo el poema más que un contrapunto a la estupenda narración gráfica, cuyas anécdotas visuales se entienden perfectamente sin el texto. Esto demuestra, como venimos defendiendo, que el lenguaje de la narrativa gráfica es intuitivo y natural.
[6] Conclusión del capítulo, más dos viñetas con onomatopeyas.
Pero el autor, en este caso, se equivoca al hacer su planteamiento intelectual y decidir que la información aportada por el texto debía ser amplia, intentando darle calidad literaria, cuando hubiera bastado lo mínimo imprescindible para completar a las imágenes. Pero la efectividad narrativa de sus dibujos yuxtapuestos no es su único logro, pues también acierta a utilizar otros recursos, como las onomatopeyas, con el inconveniente de que en lugar de introducirlas en el dibujo las pone en el texto. Por ejemplo el cacarear y el picotear de unas gallinas, el sonido de una sierra o la espectacular explosión de una pipa de fumar, con la cual se atreve a explorar la expresividad del dibujo, intentando hacer ver la onda expansiva, aunque el “¡BUM!” figure en el texto y no en el dibujo. De todas formas consigue una narración gráfica más brillante que muchas de las actuales, que sólo tienen el mérito de ser posteriores al siglo XIX [6].

[7]

Gustave Doré (1832-1883), uno de los más importantes y fecundos ilustradores del siglo XIX, es el autor, entre otras, de la narración gráfica Histoire Pittoresque, Dramatique et Caricaturale de la Sainte Russie de 1854 [7].

[8]

Emmanuel Poiré (1858-1909), conocido como Caran D'Ache, realizó narraciones gráficas humorísticas con textos al pie de los dibujos, como era común entre los autores de entonces [8].
Georges Colomb (1865-1945), utilizó el seudónimo de Cristophe y publicó en la prensa relatos gráficos con pantomimas, utilizando textos impresos que contienen los diálogos. Destaca, entre otras creaciones, La famille Fenouillard (1889-1893), por la implantación de personajes permanentes en la prensa, hecho que se considera habitualmente como también de invención norteamericana [9].

[9]

(1)    Antonio Martín, Las aleluyas (primera lectura y primeras imágenes para niños, siglos XVIII-XIX). Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, nº 179, febrero 2005.
(2)    Kaspar Braum comienza a publicar el periódico satírico Fliegende Blätter en 1844, siendo también editor de Münchner Bilderbogen, publicaciones que eran ilustradas por dibujantes de la Academia de Bellas Artes de Munich. Los bilderbogen eran historias humorísticas que tenían su antecedente en los moritat u hojas llenas de dibujos que llevaban unos cantores ambulantes, que relataban acontecimientos bíblicos o sensacionalistas.

martes, 30 de enero de 2018

Visca Tabarnia lliure

En octubre de 2014, en este mismo blog, publiqué un artículo titulado Visca Catalunya lliure. El título era desde luego una provocación, pero no falto de intencionalidad. En mi artículo defendía que la democracia se hace desde abajo a arriba y que debe ser la gente la que elija su destino. Si los catalanes no se sienten españoles, no hay ningún motivo para obligarles.

Parece ser que no es así, que la mayoría numérica de catalanes se sienten tan españoles como catalanes, pero el miedo a perder la consulta impide que se les pregunte. Este miedo es miedo a la democracia, por lo que algunos están revelando su auténtica ideología. Así se ha conseguido el enfrentamiento de dos posturas intransigentes, que no quieren ver más que su relato, reconstruyendo y falsificando incluso la Historia desde su punto de vista para tener razón.

Yo abogué por una Cataluña libre, que debe elegir si quiere seguir siendo española. De la misma forma y por los mismos motivos ahora abogo por la libertad de Tabarnia para independizarse de Cataluña.

He de hacer hincapié, no obstante, en que en el momento del nacimiento de esta especie de broma llamada Tabarnia, no tengo claro que sea algo positivo o una reacción envenenada del nacionalismo contrario. De momento lo tomaré como una broma que es capaz de sacar a la luz muchas contradicciones.

A pesar de reconocer el derecho tanto a Cataluña como a Tabarnia para decidir sobre su destino, mi posición personal al respecto es contraria a la independencia, por considerar que somos más fuertes y solidarios en una entidad nacional mayor. Pero a nadie se le puede obligar a sentir lo que no siente. Y estamos hablando de sentimientos. Los países se hacen y deshacen mejor por la voluntad popular que por los intereses de las élites privilegiadas, que era como se hacía anteriormente a través de guerras. Las ideas sagradas e inamovibles no han traído más que desgracias a lo largo del tiempo.

Se está demostrando día a día que los independentistas no buscan la cohesión de un pueblo oprimido que se quiere liberar, sino el egoísmo de separarse de tierras a las que consideran más pobres e incultas. No es más que la consabida postura egoísta de los que se creen más ricos que los demás, a los cuales quieren dar la espalda, para que “no les roben”. Obviando que su riqueza es posible porque tienen un mercado de compatriotas en el que pueden levantar su economía. Y a partir de esa idea se construye un argumentario, entre medias verdades y mentiras completas, para adoctrinar a la población, comenzando por la infancia.


Además el veneno del nacionalismo lo llevan a extremos tales que no se cortan de hablar de Països Catalans, anexionándose por la fuerza a los valencianos y baleares, solo porque se les pone en las narices, sin contar con que ellos también tendrían el derecho a oponerse democráticamente, siguiendo sus sentimientos, en expresión de la misma lógica que utilizan.

Hoy en día lo que habría que buscar es el hermanamiento entre los pueblos de la península Ibérica, incluido Portugal, para llegar a organización política más fuerte, que a su vez se integrara plenamente en Europa. Centralización que se compensaría con descentralizaciones administrativas, para que nadie se sienta sometido. (¿Os imagináis una selección de fútbol ibérica?)

El nacionalismo no es más que una enfermedad mental que deforma la realidad para adaptarla a unos intereses. Falsa realidad que luego es creída a rajatabla de forma ingenua, sin el menor atisbo de duda. Esa desviación de la realidad no puede ser sino enfermiza.

Así Tabarnia resulta ser una auténtica pedrada en los dientes para los herederos de Convergencia –o como quiera que se llamen a la hora de publicar esto–. También lo es para la supuesta izquierda, llamada Esquerra Republicana de Catalunya, que abandonó el internacionalismo obrero para caer en el nacionalismo burgués. Y para los ácratas de la CUP, que persiguen una república burguesa catalana, insolidaria y de derechas, apoyándose en los herederos del segundo partido más corrupto de nuestro país, que ya es mucho decir.

Sirva esta parodia para escarnio de cualquier nacionalismo, sin olvidar que no es más que una simple payasada, como el nacionalismo mismo, vamos:


lunes, 15 de enero de 2018

5 cuestiones que no entiendo

Comienzo el año con un listado en el que declaro mi ignorancia. Voy a enumerar cinco aseveraciones que están periódicamente en boca de muchos e impregnan los medios de comunicación, pareciendo afirmaciones incuestionables, pero que a mí me producen sarpullidos, ya que me parecen profundas idioteces o cuando menos manipulaciones intencionadas de la verdad, que buscan satisfacer espurios intereses.

1.- Hay que incentivar la natalidad

El país envejece, los trabajadores no son suficientes para pagar las pensiones, hay que buscar medidas para aumentar la natalidad y rejuvenecer la población.

¿En serio?

Después de las históricas revoluciones industriales, sanitarias y alimenticias la población mundial ha aumentado tanto que ya la naturaleza no tiene el potencial suficiente para tragarse todas nuestras basuras, que flotan asfixiando los mares y envenenan las tierras. Hay hambrunas y aglomeraciones urbanas, no quedan tierras ignotas, los gases metano y los purines de las explotaciones de carnes que consumimos están acabando con el medio ambiente…

Por ejemplo, nuestra península en el siglo XV tenía unos ocho millones de habitantes. En esa época ya se podían quemar bosques, matar ciervos o tirar basuras al mar, que el medio ambiente era capaz de regenerarse. En el mundo actual una península Ibérica con poco más de 50 millones de habitantes puede considerarse incluso poco poblada, pero su antropización la tiene esquilmada. ¿Qué decimos entonces de lugares superpoblados?

Si en las sociedades avanzadas disminuye la natalidad, no tenemos que tomar medidas extraordinarias, tan solo repartir la riqueza para que todas las sociedades sean avanzadas. Siempre será mejor este remedio que el clásico. Me estoy refiriendo a las guerras, ya que este tipo de desastre conlleva un boom de natalidad posterior.

2.- Hay que fomentar el alquiler en lugar de la compra de viviendas

Estamos mal acostumbrados, dicen. Nos pensamos que el ideal es ser propietario de nuestra vivienda, cuando eso nos resta movilidad y nos ata a hipotecas que nos ahogan. Lo que debe hacerse es alquilar la vivienda donde desarrollaremos nuestra vida.

¿En serio?

¿Quieren transmitirnos que el dueño del lugar donde vivimos debe ser un especulador? ¿Qué no podemos poseer ni los cuatro ladrillos que nos cobijan, porque es un lujo que debemos dejar a los ricos? ¿Nacemos pobres y vivimos de prestado?

Con la salvedad de los jóvenes que aún no se han establecido definitivamente, hasta que terminen sus estudios o se casen, ¿por qué no podemos ser dueños del lugar donde vivimos? ¿Por la movilidad? O sea, nos dicen que seamos esclavos del capitalismo y estemos dispuestos a movernos allí donde nos necesite un especulador. ¿No es esto esclavitud?

Si acaso decidimos cambiar de residencia y estamos pagando una vivienda, no tenemos más que recuperar ese dinero vendiéndola para trasladarnos a otro lugar. El hecho de que las hipotecas sean inasumibles por economías precarias no es más que el efecto del cruel capitalismo desmedido, al cual un Estado justo debe poner límite.

3.- Hay que elevar la edad de jubilación

¿En serio?

El 20% de paro, por quedarme corto, ¿y deben seguir trabajando los viejos en lugar de los jóvenes?

Si el Estado no reparte el trabajo y las rentas, es una falta del Estado. Si trabajan los viejos en lugar de los jóvenes es falta de cordura. Al mundo robotizado al que vamos, que disminuirá paulatinamente los puestos de trabajo, no le queda más remedio que buscar una solución para distribuir las rentas y para que trabajen los jóvenes. No se necesitará mucha mano de obra, pero sí un estado justo, que impida guetos de ricos atrincherados para impedir que los pobres busquen la justicia de forma violenta.

4.- Hay que impedir que se despueble el mundo rural

Otra chorrada. Monumental.

Sé que con esta cuestión me la voy a cargar, pero me da igual.

Quieren transmitirnos que debemos ir a habitar lugares que tienen la sanidad a no menos de cien kilómetros, que no cuentan con Internet, donde hay pisar barro y nieve, ordeñar vacas improductivas porque deciden importar la leche de Francia. Nos envían a un lugar donde hemos de olvidarnos de lo que es el teatro o el cine, a gastar gasolina en transporte escolar, etc., etc., etc.

Yo sé dónde mandaría a vivir a quien me vuelva a recomendar esto. La civilización pisa mejor el adoquinado de una acera, que la boñiga de una vaca.

A mí me encanta el campo y la montaña, pero no para vivir en sus incomodidades, sino para disfrutarlo en vacaciones. Si el campo se despuebla, es terreno que gana la naturaleza para repoblarse, para que pueda vivir el lobo sin ganaderías, para que haya ríos limpios, para que existan lugares de reserva natural, donde una vez hubo una población. Población que era esclava de la dureza de vida medieval basada en la subsistencia agrícola o ganadera.

5.- El que crea empleo es el empresario

Esto ya sí que es el acabose. Y no se lo discutas a un neoliberal que te quema en la hoguera.

Voy a tratar de resumirlo. Vivimos en una economía capitalista que está regida por el mercado. En ese mercado hay una oferta y una demanda. El empresario surte la oferta y todos tiramos de la demanda. Pero el mercado tiene lo que tiene, que son los sueldos de los ciudadanos, los cuales no son flexibles, pues no pueden gastar más que lo que ganan. Ya sabemos lo que pasa si gastan más. Si un empresario espabilado fabrica, digamos por ejemplo, unas bicicletas más modernas, de más calidad y a un precio asequible, aquellos que se van a comprar una bicicleta comprarán una de estas, lo cual significa que dejarán de comprar otra que hubieran comprado de no existir la nueva oferta. O sea, que lo que fabrica uno lo deja de fabricar otro, a no ser que se lo coma con patatas. El nuevo empresario dice que ha creado empleo, pero se engaña, pues su competidor ha tenido que cerrar la fábrica y despedir a los suyos. El resultado no es la creación del empleo, sino el robo de los empleados. Y es posible, incluso, que con menores retribuciones, ya que necesitaba vender barato. Estas retribuciones menores reducirán la demanda, por narices, y habrá menos dinero en el mercado.

El único que crea empleo es el mercado, cuando los compradores aumentan su salario. Y esto solo lo puede hacer el Estado, nunca el robaempleados, que por otro nombre es conocido como empresario.

¡Hala! Ya he dado cinco motivos para colgarme.  Pero si alguien caritativo quiere sacarme del error, deberá convencerme razonando, no desacreditando.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Recapitulando 2017


Ya está aquí, ya llegó el final de otro año más y esto supone para mi blog echar la vista atrás para revisar las entradas y hacer balance. Además de facilitar la localización de aquello que los que me siguen pueden haberse perdido.

Comenzamos.

Bajo la etiqueta de Historias, el 26 de julio quise dar un repaso a mis libros y hablé un poco de mi historia personal, contando cómo me di cuenta, bastante tarde ya, de que yo era un escritor. Y el 14 de octubre, a raíz de la denominada Fiesta de la Hispanidad, me salí de lo políticamente correcto, reivindicando que debemos asumir la historia de nuestro país y borrar de una vez la leyenda negra que de forma tan masoquista hemos asumido los españoles de manera injusta.

He hablado de literatura, a mediados de noviembre, en una entrada que, para mi sorpresa, tuvo mucha repercusión: El placer de la lectura.

Este año, mi análisis personal de la narrativa gráfica ha tenido cuatro capítulos: El esplendor de los tebeos en la Edad Media I, El esplendor de los tebeos en la Edad Media II, Tebeos en el Renacimiento y Los tebeos del Barroco. ¿Que los tebeos son cosa actual? ¡Qué va!

Por qué escribo poemas. No lo sé, la verdad, me ruboriza exponerlos a la lectura pública, pero la publicación en un libro de uno titulado así, me dio para una entrada con esta afirmación, que no pregunta.

Cada vez escribo menos de política, no obstante, la indignación me llevó a Mear fuera del tiesto, o mejor dicho, a denunciar a quienes lo hacen. Es cierto que Ávila está mal en muchos aspectos, pero considerar a todos los políticos iguales y sentenciar todas las actividades con el mismo veredicto es sumamente injusto.

Mis Reflexiones me han llevado este año ha hablar de Nacer y morir, parafraseando mi novela Lo demás es cosa vana (buen regalo para estas fiestas;-). También hice una comparación entre yijadismo y machismo y una reflexión sobre la amistad, a raíz de la dolorosa pérdida de un amigo de forma abrupta e injusta: Hasta siempre, Alfredo.

He tenido un año repleto de relatos, aunque todos, esta vez, habían sido publicados con anterioridad de forma impresa: El orgullo de enseñar nuestra ciudad, Terrones y almenas, Ávila se adelanta a Cataluña y declara su independencia y Dos microrrelatos y un romance. Con la enorme satisfacción de que Ávila independiente y El orgullo de enseñar nuestra ciudad están entre las tres entradas más leídas de mi blog, en sus cinco años de andadura, a base de 24 entradas anuales. La otra es mi despedida de Alfredo. Todas de 2017.

En el mes de febrero he reseñado la novela Más allá del Darién, de Humberto Mendoza, que tuve el honor de coopresentar en El Episcopio. En marzo puse unos fragmentos de mi novela Operación Caipiriña (mis disculpas, no se trataba más que de publicidad encubierta, pero no me lucraba, ya que era de descarga gratuita. Próximamente en las mejores librerías, estén atentos ;-). Realicé un resumen del contenido del libro Leyendas según los abulenses (edición agotada en estas fechas, aunque ya está en las librerías la segunda edición;-). Terminé en con un Largo viaje del LSD al ADSL, del genial Ánzoni Martín, a quién también tuve el placer de presentar en el Café del Mercado. Tarde de abril inolvidable.

Los viajes me han llevado a recordar la visita que le hice a la Sagrada Familia de Barcelona en 2014, motivado por la repulsa a los atentados yijadistas de Cambrils y Barcelona del mes de agosto.

Y termino con la Vida literaria. Comencé el año celebrando una iniciativa empresarial de unos amigos que ofrecía la descarga gratuita de libros, pero que en estas fechas ya no existe, lo cual lamento. A través de Valbo publiqué a mi detective Elicio Iborra, el cual regresará en papel (en breve en las mejores librerías ;-). Y, cómo no, tengo el gustazo de finalizar este repaso a 2017 con un resumen fotográfico de la magnífica tercera gala de entrega de premios de la asociación cultural de novelistas La sombra del ciprés, que en este año he tenido el orgullo de presidir, sucediendo a mi amigo César Díez Serrano. Sigo tus pasos, César, algún día haré algo de tanta calidad y éxito como tu Gloucester Post. ¿Será en 2018?

sábado, 16 de diciembre de 2017

Dos microrrelatos y un romance

Largo propósito

No podía creerme que fuera a cumplir su palabra de verdad. Bien es cierto que, cuando le arranqué la promesa por escrito, se veía el objetivo tan lejano que no dudó en firmarla. Entonces éramos ambos adolescentes y hoy ya somos unos vejestorios.

Un gran inconveniente es el ambiente en una ciudad tan fría como Ávila, aún así, este año 2069 no ha podido comenzar mejor, por fin nos fuimos a la cama y practicamos sus dos últimas cifras.

Publicado en “Ávila 2069”, III Certamen de Microrrelatos Ávila Abierta, diciembre 2017

La cornisa

Eché una carrera hacia la cornisa, pero frené a tiempo y no llegué a caer. Mi vida entera pasó ante mis ojos y al final me acordé de ti.

Publicado en “Breve historia de la literatura concreta”, Chiado Editorial, Lisboa, agosto 2017

La venganza del abuelo (Fragmento)

(…)

—Era el ocho de noviembre,
fecha reciente pasada,
colindante a los difuntos,
fiesta muy significada,
cuando ciertos jovenzuelos
de condición perturbada            
se dirigían buscando
una zona distanciada
y con la iglesia toparon,
como si no fuera nada,
de Cristeta y de Sabina,
mas por Vicente nombrada.
Hermanos mártires fueron
y su mortaja enterrada
en una hermosa capilla,
hace tiempo edificada.

»Del templo basilical
una ancianita salía,
de rezar con vehemencia
suponemos que venía.
“Adiós, vieja”, le dijeron,
con sarcasmo e ironía,
los chicos cuando la vieron,
si bien ella no reía.
Bendita la edad tan tierna
en que todo es alegría,
que hasta una vieja beata
provocaba algarabía.
Cierto es que en ocasiones
a esto coadyuvaría
sustancia más bien prohibida,
pero poco serviría
que de ello nos ocupemos,
pues desviarnos sería
de tan tenebrosa historia
que contarles les quería.
Serán los que están conmigo
quienes les pongan al día.

(…)

—Era una noche estrellada,
de aquellas que traen relente.
Sin apenas darnos cuenta
oscureció de repente.

—Alegres íbamos ambos,
un poquito colocados,
y yo le decía al Yoni
que era un perguela colgado
por una piba muy wapa
que le había embelesado.
Yeni se llama la cani,
aire da desenfadado,
reshulona que presume
de pecho siliconado.

»Pero no he de desviarme
por caminos, me iré al grano,
que la historia de esa tarde
la quiere saber surmano.
Todo lo que ocurrió entonces
ya venía del verano.

—Quería llevarla al huerto
y pasarla por la piedra,
que es un adagio que algunos
decimos en nuestra tierra.

»Citándola en San Vicente
un wasap le había enviado,
pues en San Antonio había
botellón organizado
por sus colegas del insti,
donde estudia el graduado.
Yo sé que yo le molaba,
aunque era muy complicado,
ya que su padre me odiaba
y me echaba de su lado.
Él es un tío de perras,
digamos que un potentado,
que regenta un bar de tapas,
el tío está muy forrado.

»Y al estar yo a medio pelo
su padre no me quería,
siendo este mismo motivo
por el que le burlaría
y después de la faena
a Mordor la mandaría.
Envuelta como regalo
al padre devolvería.

(…)

»Hablábamos sin respeto
de la Yeni, ¡qué bobada!,
pues su body nos tenía
a la peña to’ pasmada.
Gritábamos a lo loco,
juventud mal educada,
que para eso no estudiamos
ni en la escuela concertada.

»Fuimos a una peña fría
esperando su llegada
y aún no llegaba la tía
cuando ocurrió la pasada.

»De repente y sin aviso,
experiencia pavorosa,
se nos meneó to’ el cuerpo
y es porque vibró la losa
donde estábamos sentados.
¡Qué cosa más horrorosa!
Pues comenzó a levantarnos
de una manera asombrosa.
Luego un apretón de tripas
de la esencia gaseosa
hizo que nuestro trasero
suelte sidra espiritosa
del miedo que nos produjo,
que no era para otra cosa.

Ni de flaay, mamón, Macaco
—objetó Yoni indignado—
pues a mi cuerpo serrano
el miedo nunca ha atacado.

—¡Que no era miedo, me dices!
Señálame entonces, pues,
qué es aquello que yo olí,
que no era olor a mis pies.

»Al loro, Iker Jiménez,
que ahí no se quedó el espanto,
pues la piedra cual alfombra
por el aire voló tanto
que si acaso nos caemos
nos chafamos con los cantos.

»Los vientos fueron tan fuertes
que nos desequilibraron
y con todo ese alboroto
unos ladridos sonaron
y sirenas de ambulancia
con estrépito silbaron,
encogiéndonos las tripas
tanto nos amedrentaron
que volando por los aires
nuestros aires se escaparon.
                                                                             
(…)

—Terrible fue, Íker Jiménez,
aunque nunca fuera tanto
que a mí esto me acongojara,
que me pusiera en espanto.

—Mientes, Yoni, pagafantas,
no son ciertas tus razones
puesto que unos palominos
nos mancharon los calzones.
La losa bajó despacio
y con tantas vibraciones
que se cascaron los huevos
dentro de los pantalones.

»El caso siempre sea dicho
es que con tanto alboroto,
ambulancias, perros, gritos
y hasta el eco de unas motos,
por la puerta de la iglesia
salió luego Pablo Motos.

»Que con mucho desatino
vecino era de rellano,
por azares del destino,
del troll Yoni y de su hermano.

»“¡Pero qué hacéis insensatos,
en esa losa instalados!
¿Es que acaso no sabéis
que donde os habéis sentado
hay un venerable anciano,
que quiso ahí ser enterrado?
Vecino vuestro además
y padre de un potentado
que con un bar de tapitas
se hizo rico el condenado.

»Y es abuelo de una niña
que según mi parecer
si no vive en la Cacharra
de las Vacas debe ser.
Creo que se llama Yeni
la tenéis que conocer”.

—Solo entonces comprendimos
un poquito acongojados
de quién era aquella tumba
donde estábamos sentados,
del abuelo de la Yeni
que se había enojado
oyendo lo que dijimos
sin habernos percatado.
                              
»De allí salimos tan raudos
que a un ráner adelantamos
y en una loca carrera
una medalla ganamos.

—¿Qué moraleja adquirís
de tal nocturna aventura?
¿Acaso os arrepentís
o fue otra la coyuntura?

—Pues una cosa aprendimos,
aunque fue un poco aterrados:
No arrimarse a los abuelos
aunque hayan sido enterrados.

(…)

—Ya ven ustedes señoras,
señores, viejos y viejas,
escuchen este consejo
y sepan la moraleja:

»Que si siguen el señuelo
de una moza bien garrida
puede salir el abuelo
y amargarles la salida.

Publicado en Leyendas según los abulenses, Asociación La Sombra del Ciprés, Ávila, abril 2017

martes, 28 de noviembre de 2017

Mear fuera del tiesto

Hace muy poco me topé con este vídeo anónimo que ha corrido libremente por Facebook y por WhatsApp, son apenas 30 segundos:


Ávila tiene muchas deficiencias, nadie lo puede negar. Somos una ciudad pequeña y de población envejecida, a la que le faltan servicios sanitarios fundamentales, le sobran planificaciones urbanas irrealizadas, escasea en estudios universitarios públicos, no tiene una buena planificación turística, ni infraestructuras culturales destacadas, como el tan prometido Museo del Prado. Es una ciudad deficitaria industrialmente y tiene una agricultura y ganadería precarias. Pero, sobre todo, en lo que es más deficitaria es en comunicaciones con las capitales que nos rodean, especialmente con Madrid, de la cual podríamos ser ciudad dormitorio, al estar a solo 100 kilómetros de distancia. Lo que tenemos, sin embargo, es una autopista de pago y un tren tercermundista. Nos birlaron el AVE los segovianos, pues estuvieron más espabilados. Aún así, nuestros políticos no consiguen que tengamos un tren rápido por vías convencionales que nos acercara a Madrid en 45 o 50 minutos. Y mira que es posible. En lugar de eso, tenemos un tren que tarda dos horas, nada menos, en esos cien kilómetros. Sumado a horarios inapropiados, a los retrasos cotidianos y las reparaciones periódicas de las vías que no están en buen estado.

Ante este panorama, está muy bien que haya quien luche y reivindique.

Al ver un vídeo en este sentido, lo miré con suma atención, ilusionado. La idea planteada era excelente y tenía su puntito de humor. Un documental tipo NODO, retrataba una Ávila del siglo XXI, como si de mediados del siglo pasado se tratara. Y mientras tanto los políticos haciéndose fotos para la prensa. Y en la última ¡está mi careto! ¡Pobre de mí! ¡Estoy entre los culpables del retraso en infraestructuras viarias!

Esto es contar la historia con un par de brochazos gordos. Con trazos tan bastos que equivocan el tiro. Sí, porque toda generalización es injusta y no todo está mal, ni todo político es ineficiente. Hay cosas mal gestionadas y otras donde la ciudad brilla con luz propia. Y me estoy refiriendo a la cultura: Ávila tiene una muestra de teatro en noviembre que mueve masas, el Festival Internacional de Música Abvlensis, el Festival Nacional de cortometrajes Avilacine, la Orquesta Sinfónica de Ávila, el certamen de circo en la calle, los ballets del Lienzo Norte, exposiciones y ciclos literarios en la Fundación Caja de Ávila, presentaciones de libros y exposiciones en El Episcopio, recitales, conciertos, etc., etc., etc.

He conocido a figuras literarias de primer orden que se han sorprendido gratamente al conocer nuestra actividad cultural, que no tienen ciudades mucho más grandes. Desde luego que algunas cosas se están haciendo bien. Muchas actividades están organizadas por asociaciones y personas que se ven apoyadas por administraciones e instituciones. Tengo el orgullo de participar en una asociación que organiza algunas de esas actividades y que se ha visto respaldada por el Ayuntamiento, por las bibliotecas, fundaciones y medios de comunicación. Somos gente de la calle con inquietudes, no perseguimos nada y nada ganamos con ello, más que la satisfacción personal. Estoy sumamente orgulloso de ser parte de ello y de la acogida que nos ha dado la sociedad abulense.

Por eso me he sentido sumamente indignado por tan “genial” propuesta videográfica, que mezcla nuestras carencias con los éxitos, riéndose del esfuerzo de mucha gente anónima que se hace foto con los políticos que les posibilitan llevar adelante sus actividades. Porque las imágenes de ese vídeo retratan actividades llevadas a cabo por un colegio público y por personas que hemos trabajado con ilusión por aportar algo a la ciudad. Los cuales también reivindicamos una mejora en las comunicaciones.

Así no. Habéis equivocado el tiro. Si tuvierais vergüenza torera, os excusaríais por la metedura de pata. Por habernos insultado con vuestra gracieta. Y si fueseis valientes, os identificaríais como autores del vídeo, contando qué es lo que habéis hecho vosotros para mejorar esta ciudad. Porque la ciudad la hacemos los ciudadanos y los políticos a los que votamos.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El placer de la lectura

En España no se lee, digan lo que digan. El pasado lunes asistí a una interesantísima conferencia del editor de Impedimenta, Enrique Redel, y dio unas cifras que verdaderamente desmoralizan. Existen en nuestro país unos 20.000 lectores, considerando tales a los habituales, los que al menos leen un libro al mes. Por el contrario señaló un ejército de escritores que rondan los 40.000. También dio cifras astronómicas del número de libros editados, pero no entraré en ello.

En España no se lee, ni se ha leído tradicionalmente. Si antes en parte era por el analfabetismo atávico, ahora en gran parte es por el analfabetismo tecnológico. Todo el mundo “lee” y “escribe” en dispositivos electrónicos: WhatsApp (multiplicando al infinito las faltas de ortografía), Twitter (limitando al mínimo los conceptos), Facebook (felicitando cumpleaños, haciéndose eco de noticias no contrastadas y distribuyendo cadenas de estupideces), Instagram (fotos, poses…). Pero en España no se lee.

Salvando a los profesionales de la enseñanza motivadores los hay y los ha habido siempre, unos cuantos se han empeñado en causar alergia a los alumnos hacia los libros. Un adolescente no puede leer el Quijote o La Regenta. No lo entiende, le aburre y le hace identificar a la buena literatura como un peñazo, una tortura.

La literatura debe ser, en primer lugar, un elemento de disfrute. Permítanme que me auto plagie en unas líneas del discurso que realicé en la III edición de los premios “La sombra del ciprés”:

La literatura debe bajar del altar en el que se ha instalado, por el prestigio y respeto que a lo largo de la Historia ha ido adquiriendo. Debemos devolverla a sus orígenes, porque la literatura debe ser, en primer lugar, un elemento placentero de disfrute, lo cual no quiere decir que deba estar reñida con la calidad.

El ejemplo está en los clásicos. Tanto El Quijote, como otras obras que nadie discute hoy en día —mencionemos también El Lazarillo de Tormes— se escribieron para divertir a los lectores. Sí, Cervantes jamás llegó a imaginar, mientras lo escribía, que pasaría a la historia por El Quijote, en lugar de por otras obras suyas “más serias”, como La Galatea.

El hecho de que en nuestros días, a primera vista, no descubramos esta cercanía con las obras clásicas, no se debe más que al envejecimiento del idioma y costumbres que dificultan su comprensión. Pero en su día, el Ingenioso Hidalgo, era leído con jocosidad. O escuchado por los analfabetos de manos de aquellos generosos que podían leer en voz alta para regocijo de todos.

Hace unos días, mi amigo César Díez Serrano, en una conferencia dentro del ciclo de la Biblioteca Pública de Ávila titulado “El donoso escrutinio”, salvó de la quema a tres autores británicos. Arthur Conan Doyle Sherlock Holmes, J.K, Rowling Harry Potter, J.R.R. Tolkien El señor de los anillos o El Hobbit. Su argumento, que comparto, es que son obras que fabrican lectores, habiendo sido capaces de lograr que los adolescentes abandonaran los dispositivos electrónicos por la lectura en papel. Y que lo disfrutesen y les apasione. Hubo quien, con buen criterio, apostó en esa conferencia por guiar también a los adolescentes hacia lecturas de calidad, ya que, por ejemplo, dijo esa persona en cuestión: "aquellos que se enfrascan en 'basuras' tales como la saga Crepúsculo, no llegarán a hacerse lectores nunca". Yo estoy de acuerdo en que hay que guiar, sí, explicar también, pero no forzar lecturas que generen rechazo. Ni en considerar 'basura' ninguna lectura, pues todas pueden abrir los ojos al apasionante mundo de la literatura. Si la disfrutaron cumplió su función.

Yo abogo porque cada cual elija la lectura con la que disfrute, según una célebre cita de Borges [1], que era la base de la conferencia de César. Ya le llegará a cada cual el momento en que sean capaces de disfrutar otro tipo de lecturas. Me baso en dos premisas.

Una. Que la lectura es un aprendizaje mecánico, similar al de aprender a andar. Ya nadie recuerda sus pasos temblorosos de bebé, que no le llevaban a ningún lugar. Solo la práctica posibilitó, primero, que tuviéramos la autonomía de poder desplazarnos al cine o la habilidad de convertirnos en un corredor de fondo. Ráner los llaman ahora. Solo leyendo, lograremos con el tiempo la habilidad de no deletrear, sino pasar la vista con agilidad por unas palabras que conocemos para entender las ideas que nos transmiten. Sin esfuerzo. Disfrutando.

Dos. La industria del libro es una industria. Perogrullo. Para mantenerse tiene que vender y solo eso les da la posibilidad de tener una estructura fuerte. Series como Crespúsculo ayudan a que esa industria pueda también editar libros de culto minoritarios. Sin esa industria no es posible, porque de vender pocos libros no puede mantenerse.

Libros, industria, papel. ¡Si eso está desfasado! Ahora lo que se lleva es la lectura electrónica. Pues va a ser que no. Según apuntaba también Redel, los libros electrónicos no son más que una moda, pasajera, ya que caducará esa tecnología, dejando obsoleto cualquier aparato, como pasó con el VHS y está pasando con el DVD. El libro electrónico facilita una lectura de consumo, que luego desaparece, ya que las bibliotecas electrónicas no se conservarán. Ni se heredan. Además, la lectura en papel proporciona un mapa mental físico, donde podemos acudir con facilidad para repasar cuándo apareció un personaje en una historia, por ejemplo, entre otras muchas potencialidades que no da el libro electrónico. Como complemento sirve, para no cargar libros en unas vacaciones, pero no como sustituto. La industria editorial es indispensable en la cultura y genera empleo y riqueza. ¿Qué más podemos pedir?

En Francia se lee. En España no se lee, pero no es una limitación natural y podemos cambiarlo. Tan solo hay que explicarle a todo el mundo que existe el libro con el que puede disfrutar. Sea quien sea el lector. Cuando lo tengamos claro, la historia a contar será otra.


[1] Jorge Luis Borges: "Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas".