sábado, 16 de marzo de 2019

El cómic se independiza de los periódicos y se infantiliza

En entradas precedentes sobre la narrativa gráfica, hemos visto cómo en la prensa norteamericana, a finales del siglo XIX, surgió una forma de narrar con imágenes, que ya existía de antes, aunque fue a partir de que ellos pensaron que habían descubierto algo nuevo, cuando este lenguaje tomó carta de naturaleza.


Daily strips de Betty Boop, 1934


El éxito de las tiras cómicas diarias (daily strips) y planchas dominicales de narraciones con dibujos (sundays comics), llevó a explorar otros caminos comerciales desde los primeros momentos, generando las primeras muestras de merchandising. Comenzaron apareciendo los personajes en cajas de galletas o artículos de almacenes como ropas, que provocaron la reimpresión de las series más populares en álbumes, lo cual daría nacimiento a los comic-books en los años treinta del siglo XX. Estos cuadernillos tenían un peculiar tamaño que se asentó, perdurando hasta nuestros días. Surgió por el intento de rentabilizar las máquinas existentes para la prensa diaria, debido a la posibilidad de doblar una página de periódico tamaño tabloide dos veces, consiguiendo cuatro hojas, ocho páginas, de unos 17 por 25 cm. Juntando cuatro pliegos se conseguían 32 páginas, a las que se le colocaron unas tapas de colores brillantes. La calidad de papel era escasa, por ser el mismo que el de la prensa, pero tampoco se tenían pretensiones ambiciosas. 

Sunday de Betty Boop, 1934

Se generó con ello el tamaño clásico del comic-book, que nacería entre 1933 y 1935 y que pervivirá hasta nuestros días, prácticamente sin modificaciones. En principio tan solo se limitaron a recopilar las series más populares, pues su intención no era invertir, sino rentabilizar. Luego empezaron a regalarlos empresas, como zapaterías o almacenes, conteniendo historias originales que ya no fueron reimpresiones de dailies o sundays. Después vino su venta y producción en colecciones, dirigidos a lectores más jóvenes que los de prensa.

En 1938 ya se habían popularizado en todo el país. Fue el éxito de Supermán, que  inauguró una colección de comic-book, Action Comics, en 1938, quién dio un nuevo giro al negocio con la generalización de series y el nacimiento de superhéroes con poderes físicos extraordinarios y que posteriormente se incrementaría en una inacabable nómina (Plastic Man, Captain Marvel, Captain America, The Flash, Submariner, de Human Torch, Wonder Woman, The Atom... y sus agrupaciones “sindicales”: The Justice League of America, Fantastic Four...).

En Estados Unidos, en la primera mitad del siglo XX, se asentó un lenguaje eficiente para realizar diversos tipos de narraciones gráficas y se consolidó una industria que principalmente estaba dirigida a la gente joven y no tenía grandes pretensiones. Aparte estaba la prensa diaria para adultos, la cual utilizaba dailies y sundays como incentivos para vender más periódicos, pero cuyas realizaciones eran consideradas como algo menor, puesto que las personas “serias” se avergonzaban de confesar que también leían las funny papers (páginas divertidas). Se formaron grandes profesionales gráficos al servicio de unas historias de consumo cuya finalidad principal era la producción de beneficios económicos. Aún así se produjeron unas pocas obras de calidad indiscutible, debido a las dotes artísticas de sus autores, aunque eso no estuviera previsto en la intención de los editores.


El resto del mundo importó pronto tanto la nueva forma de hacer, así como muchas de sus obras, especialmente en Latinoamérica. En otros sitios, como en Europa, quisieron vivir de espaldas a estos avances narrativos y hasta entrada la década de los años 30, e incluso 50 en algunos países, no se dieron por vencidos y no adaptaron de forma generalizada avances como la integración de los bocadillos en los dibujos.

En las entradas siguientes veremos algunos ejemplos, que intentan reflejar la globalidad de lo ocurrido.

jueves, 28 de febrero de 2019

Cuentos artesanos


El pasado 17 de enero tuve el placer de colaborar en la presentación del libro de un amigo, “Cuentos Artesanos” de Alejando Pérez García, del que me apetece realizar ahora una reseña, ya que el libro lo merece. Detrás está un autor que conoce bien, y así lo demuestra, la forma de narrar en corto. El cuento es un género literario y, como tal, no es ni mejor ni peor que el resto de géneros. Es el contenido lo que le da o quita calidad.

Alejando Pérez García se ha preocupado de crearse un oficio a base del estudio y del conocimiento del género que trata. Pero también es una persona humilde y es el motivo por el que ha titulado a su libro como “Cuentos artesanos”. Ello me trae a la mente los oficios que antiguamente se desempeñaban de forma artesanal, en un aprendizaje que llevaba a los novatos a estudiar con el maestro, hasta que ellos mismos lograban el grado de maestro. Así Alejandro es un artesano, que trabaja los materiales que va conociendo poco a poco y que ya ha conseguido, en mi opinión, el grado de maestría en el oficio.
“Cuentos artesanos” es una colección de historias independientes, que tienen el realismo como elemento común. Este realismo brota de la experiencia en los ambientes urbanitas madrileños y también rurales desde mediados del siglo XX hasta nuestros días, que formaron la biografía del autor. Alejandro nos presenta en este libro 35 historias diferentes, que beben de su experiencia, llevándonos desde el relato de la vida en un pequeño pueblo a mediados del siglo pasado, al mundo urbano de nuestros días. Lo importante son los personajes, su trayectoria vital que los enfrenta a contradicciones, las cuales a veces se resuelven de forma positiva y otras no.
Todas son historias humanas, de aprendizaje. Cada uno de los protagonistas se enfrenta a una etapa crucial de su vida o bien al resumen de toda su existencia.
Entre los ingredientes que utiliza en sus narraciones, es remarcable el sentido del humor en muchos de los cuentos. Un humor muy sutil, como cuando relata las dificultades de un urbanita para con las labores desagradables y apestosas del cuidado del ganado a las que no logra adaptarse (Imposible) o los desvaríos de un personaje que quiere recobrar el queso de su infancia (Amarillo, mantecoso, suave). También utiliza en ocasiones un humor más extremo, como la forma que tiene de relatar con metáforas el despertar a la sexualidad del pastorcillo Pascasio (El bote de los cominos).
Tiene cuentos experimentales, con su toque de surrealismo, como las diatribas de un álamo viejo en la plaza del pueblo a un perro (Desde la plaza) o el monólogo del pensamiento inconsciente de un narrador que se deja llevar escribiendo con su pluma en un vagón del metro (Pluma nueva).
También hay relatos amargos, sin una concesión a la benevolencia para con los personajes (Juguetes para matar) (Malos tragos) (Libre en la prisión).
Los 35 cuentos están divididos en cuatro apartados, por temáticas, cada una de ellas introducidas por una cita:
1.-          Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito (Truman Capote), 9 cuentos.
2.-          No hay malas hierbas; solo hay malos cultivadores (Víctor Hugo), 9 cuentos.
3.-          En el amor, todas las cumbres son borrascosas (Alphonse François), 10 cuentos.
4.-          El que posee un amigo verdadero puede decir que posee dos almas (Arturo Graf), 7 cuentos.
Los nueve primeros cuentos hablan de personajes fracasados, bien por desvaríos (Amarillo, mantecoso, suave), por no valer para ciertas actividades (Imposible) (El lunes al tajo), por sentirse inútil (Pluma nueva) o por desgracias de la vida (Esto es una mierda) (Todo está escrito) (Una crónica guapa) (La lección bien aprendida) (Un instante inexorable). En estos cuentos no hay moraleja, más allá de las lecciones que aprenden, o no, los protagonistas.
El siguiente apartado reúne otros nueve cuentos que siguen hablando del fracaso, pero esta vez de forma negativa, ya que son desgracias irremediables protagonizadas por personajes de conductas despreciables. Hablan de gente en paro, de las desdichas de la guerra, del maltrato, del alcoholismo, etc.
En el apartado tercero, aborda un tema un poco escabroso, como son las relaciones de pareja y aquí es donde más sobresale el sentido del humor en algunos de los diez cuentos. Aunque en su práctica totalidad están tratados con delicadeza y sumo cuidado en no utilizar lenguaje soez. Hay matrimonios interesados, separaciones, infidelidades y despertares a los placeres de la vida.
El último apartado es un canto a la amistad, algo que el autor valora mucho. Amigos que se separaran por diversas cuestiones y anhelan en reencuentro (El premio), el pago por favores de hace muchos años (Condenada a morir), los cuidados de personas ancianas (Con buenos ojos), la partida al peligro de un ser querido (Solo faltan dos días), el sobreponerse a las dificultades (Perdidos), la mayoría de edad (El regalo) o una lúcida metáfora sobre el trabajo en equipo y la posición de las dos ruedas de una bicicleta, la que sirve de motor y la que gobierna la dirección.
Para terminar, es conveniente detenerse un momento en la forma de narrar de Alejandro. El lenguaje rico y muy preciso. Usa los términos adecuados en cada momento y su conocimiento de palabras, ya en desuso o poco habituales, evoca con precisión otros tiempos y lugares: albahaca, acequias, calostros, tesos, umbría, cándalos, alborada...
Las metáforas están muy cuidadas y son hermosas, remarcando la pulcritud de su forma narrativa. Quisiera destacar alguna:
“La esponja del tiempo borró muchas imágenes de su memoria” (página 13).
(En el metro:) “Voy de aquí para allá por las tripas de la capital, desplazándome sobre el paralelo herrumbroso y brillante en la oscuridad…” (página 43).
“La miró a los ojos, grandes como balcones, se asomó a ellos y vio al otro lado tardes de sol y lluvia” (página 162).
“Los rugidos del mar me conmovían al desbaratarse contra los farallones…” (página 174).
Pero también utiliza el lenguaje coloquial en muchas ocasiones, cada vez que los personajes lo requieren, para dar credibilidad a los diálogos de gentes de baja estofa o de simples campesinos.
Aquí acabo. Espero despertar el interés por su lectura y no haber desvelado demasiado. En todo caso lo importante de cualquier creación literaria, no es el argumento, sino las palabras, que puestas unas detrás de otras hacen que pases un rato agradable de lectura, que es lo que deparará a cualquier lector este libro. 

jueves, 14 de febrero de 2019

Poemas vitales

Llevo casi cuarenta años con Mila. Ya no podría imaginar mis días sin ella. No solo me hace falta para tener una vida ordenada, sino que es la principal razón de que yo siga respirando. Cuando ella cumplió cincuenta años se me ocurrió un regalo original: escribirle un libro. Me llevó casi un año hacerlo. Lo escribí, lo maqueté, le realicé una portada e imprimí tres ejemplares. Era un poemario que titulé “Cincuenta poemas vitales” y que consistió en elegir una fotografía de su álbum, de cada uno de sus años vividos y, tomándola de referencia, escribirle un poema. En total 50 poemas originales. Me produce pudor hacerlos públicos, ya que pertenecen a la intimidad y sobre todo son de ella, por lo que no tengo ningún derecho a hacerlo. No obstante, hace cuatro años publiqué alguno en esta misma fecha, en una entrada que titulé San Valentín. Ahora me dispongo a sacar a la luz otro poema, el 7, con la correspondiente fotografía, y lo voy a completar con uno más, que quedó fuera del libro, el 51.

Al ser una sorpresa, espero que no se enfade por publicar fotos de las que ella es tan celosa de no difundir en las redes sociales. El que sí que espero que se enfade es El Corte Inglés, porque no me voy a gastar un solo euro con este regalo.


7 La cámara de fotos


En el colegio un día

apareció un señor,

en las manos llevaba

embrujo y emoción.

Ya todos lo sabían,

alguien los avisó:



—Vestid ropas bonitas,

zapatos de charol,

peinaos bien el pelo…—

Y nadie lo olvidó.



—A la hora del recreo

formad filas de a dos.

Y luego de uno en uno

pasáis por el salón.



—Sonríe morenita.

que pareces un sol.

¡Qué ojos más bonitos!

¿Quién te los regaló?

Vuelve la cabecita,

mientras te miro yo,

que sale un pajarito.

Ya todo terminó.




51 Serenidad



La serenidad brilla

en tu dulce semblante,

trayendo madurez

al verdoso paisaje

que alienta tu sonrisa.

Belleza que deriva

de un lindo brote verde

plantado en un lejano

instante cotidiano.


Abandónate ya

a la gran placidez

de sentirte muy viva,

y no te embarques más

en largas travesías

plagadas de tormentas.


Permite que en ti anide

definitivamente

el mirlo chiquitito

de canto aflautado

y suave melodía,

el cual sin pretenderlo

te animará los días.



miércoles, 30 de enero de 2019

Viva el doblaje, viva Pancho Villa

Se suele diferenciar a la tendencia política denominada derecha, de la otra a la que se llama izquierda, por el factor del conservadurismo. Pero esta generalización es una falsedad.

Sí que es verdad que el conservadurismo es el factor característico de la derecha en el terreno de lo social, pero no en otros terrenos. Por ejemplo en lo cultural y el patrimonio. En la ciudad donde vivo, llevamos décadas en las que la labor de conservación patrimonial ha sido defendida por gentes de izquierda y, por desgracia, la destrucción la han defendido las derechas. Y digo lo de por desgracia, porque en la ciudad donde vivo, son las derechas las que llevan gobernando durante, ya no decenios, sino siglos. Muestra de ello son las destrucciones de patrimonio como el cementerio mudéjar, la Fábrica de Harinas o incluso el Alcázar de Ávila. Y las murallas no las tiraron porque eran muy sólidas y por falta de presupuesto.
Por ello no tengo ningún empacho de mantener en este blog una etiqueta que se denomina Defensa del Castellano y que es netamente conservadora. La cual intento alimentar de vez en cuanto, aunque normalmente movido por la indignación.

No es de recibo que la tercera lengua más hablada en el mundo, en la cual han escrito intelectuales como San Juan de la Cruz, Rubén Darío o García Lorca, por poner tres nombres al azar, y con más de quinientos millones de personas que la tienen como lengua materna, esté sufriendo un proceso de destrucción tan a ojos vista.

Mis reflexiones me han llevado a una idea clara: tenemos complejo de inferioridad y no valoramos en absoluto el idioma castellano. Y esto es inducido.
Nos lo delatan las redes sociales, donde nadie se preocupa si está escribiendo correctamente una palabra castellana pero, si utilizan el inglés, miran con lupa para no cometer un error al escribir WhatsApp, smartphone, runners, etc. Estas personas, incluso, se preocupan de pronunciar lo más correctamente que les es posible la lengua de Shakespeare. Por ejemplo sus correos electrónicos son yimeil punto com (gmail.com) y, en lugar de utilizar una tableta, ellos tienen una táblez (tablet).

A un anuncio comercial en los medios audiovisiuales, si quiere tener glamur, no le queda otra que realizar la locución en inglés, o como mucho en francés o italiano si es de moda. El otro día, en la tele, escuché al inefable Miguel Ángel Revilla quejarse de lo mismo, poniendo el ejemplo de cuando pronuncian el castellanísimo nombre de Carolina Herrera, con acento anglosajón, Cagolina Eguega.

Sé de primera mano que algunos visitantes extranjeros en nuestro país se han indignado cuando han encontrado un dependiente que no les entendía en inglés. Y, por el contrario, las noticias de vez en cuando nos informan de la agresión en una calle, o en el metro, de Londres, a un turista español por hablar en castellano con un compatriota.
Nuestros mandatarios nos fuerzan a convertirnos en bilingües, que no quiere decir aquello que significa esa palabra, o sea, hablar el idioma propio y otro. Lo que pretenden es que todos hablemos inglés. Aunque ellos no lo hagan. Pero lo importante es que pasemos por el aro. ¿Para qué? No nos lo dicen, claro. La razón es que es conveniente para el sistema capitalista, que necesita utilizar, allí donde sea productiva, la mano de obra. Además de para unificarnos en el pensamiento y que seamos más manejables; que no tengan que andar poniendo una etiqueta diferente en ese refresco famoso en cada país.

Hace poco cayó ante mis ojos un artículo a través de las redes sociales, en el que el titular ya es de por sí significativo: Los españoles hablamos peor inglés que los suecos o los portugueses. Y sí, el doblaje es culpable. ¡Toma ya! No dice que la causa es que nuestras películas tradicionalmente se doblen, si no que es culpa del doblaje. Somos ignorantes por no hablar inglés y no hay causas, sino culpas. ¿Por qué alguien con una carrera universitaria tiene que sentirse ignorante por no hablar inglés? Aunque sea bilingüe o trilingüe (pensando en Cataluña). Yo, por ejemplo, me esfuerzo en hablar francés y tengo mi carrera universitaria, pero soy ignorante, porque no hablo inglés. Y confieso que intento por todos los medios, desde hace tiempo, olvidar el poco inglés que aprendí. Por rebeldía, tal vez. Pero sobre todo, por ser consciente del tremendo daño que está haciendo este idioma a la lengua en la que me expreso. Sí, la está contaminando, menospreciando y desvirtuando. Siendo la intención última el enterrarla, para unificar a toda la humanidad.
Una obra de arte, como una película, es más auténtica si está subtitulada, que si está doblada. De acuerdo. Pero cuando nos colonizan culturalmente con una sola lengua, estamos hablando de otra cosa. Si eliminamos el doblaje no escucharemos en la pantalla más que el idioma que nos quieren imponer para dominarnos mejor.


Fotograma de Black Mirror
Entonces, bendito doblaje, que al menos a mi generación le salvó de la inmersión en el capitalismo más salvaje que viene en la actualidad desde dentro de los muros –de momento imaginarios– del nefasto Trump. El cual, tanto desprecia a los hispanohablantes, dicho sea de paso, que se cree superior culturalmente, aunque sea incapaz de leer un libro entero.

martes, 15 de enero de 2019

En la trinchera

En la trinchera estaba solo. Bueno, estaban muchos de sus compañeros, pero ya sin vida, debido a la explosión y expansión de la metralla de la última granada que tuvo el acierto de caer dentro. Él fue el único superviviente, porque se había apartado al hueco de las letrinas, debido a la descomposición intestinal que arrastraba desde hacía varios días.


El enemigo no sabía que habían hecho casi pleno y él podía resistir disparando desde lugares diferentes, para lo cual corría, pisando cadáveres de un lugar a otro. Pero esto se había vuelto muy penoso, ya que tenía los pies hinchados y doloridos por la humedad que le empapó al andar sobre barro durante semanas.

¿Qué le había llevado allí? ¿Quiénes eran los enemigos? ¿Por qué se estaban matando? Conocía de sobra las respuestas a todas estas preguntas y a otras muchas que no dejaba de hacerse, pero cada vez le convencían menos esas respuestas. A pesar de que en un principio él mismo las daba con orgullo a quién le preguntaba.

El sufrimiento inenarrable, el dolor, la enfermedad, el miedo, la distancia de los seres queridos, el aburrimiento, el hambre, la soledad, la sed, la desesperación y todos esos pensamientos oscuros que le acongojaban desde hacía tiempo le llevaron a tomar una decisión: esa no era su guerra. Ninguna guerra era suya. Sonrió por fin después de cuatro años.

Cerró los ojos y se imaginó en el jardín de su casa. Hasta notó los rayos del sol sobre su piel, a pesar de no estar desnudo. Se quitó toda la ropa y no sintió frío. Salió de la trinchera y se sentó sobre la hierba, ahí donde aún quedaba. Entraba la primavera y el suelo reverdecía. El sol calentó su cara, consiguiendo que se ruborizara. Aspiró el aire limpio y se imaginó al lado de Sonia. Todo fue perfecto, incluso el momento en que una bala bien dirigida acertó en su frente.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Recapitulando 2018


Advierto que no se trata de una recapitulación general del año 2018, que ya hemos agotado: San Silvestre, olvídate de este, o San Seacabó, que en la gloria estés. Tan solo, y humildemente, pretendo revisar todas las entradas de mi blog en este año, como vengo haciendo desde el inicio, allá por 2013. Quiero con ello que los lectores habituales repasen por si hay algo que les pueda interesar, que se perdieron. Y para que los que caigan aquí por casualidad puedan ir directamente a una entrada que les llame la atención. Es, digámoslo así, una especie de índice desordenado.

Comencé el año con una reflexión 5 cuestiones que no entiendo —y sigo sin entender—, que no deja de tener un cariz político. Y a continuación publiqué una reflexión puramente política Visca Tabarnia lliure, que complementaba a la anterior (de 2014) Visca Catalunya lliure. Normalmente las ideas políticas nos separan y me da miedo a exponerlas, ya que podría buscarme rechazos. Pero no puedo resistirme. No espero que nadie me dé la razón, pero si sirven para reflexionar y que cada uno confirme sus ideas propias, pues ya son útiles. En este año también realicé dos cuentos ideológicos: Los brutos y El parque. Para terminar el año con una potente reflexión Los intransigentes.


De mi estudio sobre la narrativa gráfica este año ha sido prolífico en entradas, he tenido cinco, comenzando a estudiar el arte canónico de los cómics: El siglo XIX y los tebeos, Si es arte no puede ser tebeo, Crítica a la Historia de los Tebeos I (curioso, luego no he publicado la II), ¿Quién inventó los tebeos? y Los primeros historietistas de profesión.


He realizado tres reseñas. Una sobre la novela El Cid Campeador, simplemente Rodrigo, de mi amigo Carlos del Solo, a quien tuve el placer de presentar y que se ha posicionado entre las tres entradas más populares del blog. Luego escribí la reseña que tradicionalmente realizo sobre el libro colectivo de la Asociación la Sombra del Ciprés, que esta vez era infantil: Érase una vez… en Ávila. Y una propia, la de mi primera novela, El Inmaterial, que he reeditado en este 2018, diez años después.

También he sido prolífico en relatos. Comencé por La Ascensión de Ascensión, del que me siento particularmente satisfecho. El rato, que explora la polisemia de la palabra con un toque de humor. El surrealismo puro de ¡Qué calor! El relato humorístico Dices tú de mili, publicado en “El mundo según los abulenses Vol.2”. Y los dos relatos ya mencionados en la etiqueta de “Política”: Los brutos y El parque.

De mi defensa quijotesca del Castellano únicamente he publicado la entrada titulada El género gramatical.

He tenido también mi incursión poética con una sola entrada: Tres cantos a la desesperanza.

Igualmente he contado una historia, real y verídica: Yo solo soy el jardinero.

En la “Vida literaria” he reseñado La IV Gala de Premios “La sombra del ciprés”, como siempre con un reportaje gráfico y un apunte sucinto de lo ocurrido.

Y, por fin, dos esbozos de “Viajes”, en plena naturaleza y llenos de arte. Cerro Gallinero, un espacio de Arte-Naturaleza en Hoyocaseo (Ávila) y El monasterio de Guisando, en El Tiemblo (Ávila).


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Los intransigentes


Todos necesitamos seguridades para poder conducirnos por la vida. Cuando comenzamos a andar, titubeamos en los movimientos y, con la práctica, logramos dar pasos firmes. La experiencia nos da ciertas seguridades basadas en lo aprendido. Eso nos pasa también en nuestra vida social y política. 

Debemos tener algunas seguridades que nos permitan seguir adelante, sin replantearnos constantemente las cosas. Aunque de vez en cuando las pongamos en duda. Es más, las debemos poner en duda como método.


Los intransigentes son un caso aparte. Son personas que han hecho una reflexión, más o menos profunda, y han sacado unas conclusiones. Hasta aquí, sin problema. Lo malo viene cuando sacralizan sus conclusiones, pensando que son verdades absolutas y que nada ni nadie las puede discutir. Así, a las personas que piensan de forma diferente a ellos, cuando menos, las tienen por imbéciles y en general por malintencionadas o incluso por criminales.

Los intransigentes son ignorantes. Desconocen que la realidad es poliédrica y no plana. Cuando vemos una imagen de dos dimensiones, podemos afirmar con certeza que bien es un círculo, un cuadrado o cualquier otra forma geométrica, regular o irregular. Y que tiene este o ese color. No hay duda. Pero como la realidad no tiene dos dimensiones, sino tres —o a saber cuántas más—, lo que nosotros, desde nuestro punto de vista, vemos de una forma, los otros, desde otra perspectiva pueden ver de otra. Así, las personas inteligentes sabemos que —humildad ante todo—, cuando menos, los demás pueden tener tanta razón como nosotros. Esto lleva al respeto de las opiniones ajenas y al entendimiento, bases de la convivencia.

Joven-vieja. Versión de W.E.Hill (1915)
Fuente: Biblioteca del Congreso Americano
Los intransigentes son una fracción de un partido político o una religión, cuando no una mayoría en esas organizaciones. Invaden un grupo social, para esconderse detrás de una bandera y dedicar toda su energía a luchar, de la forma que sea, contra esos estúpidos criminales que no ven la verdad. Su ruin verdad. No soportan las críticas a sus ideas y llegan al extremo de declarar la guerra para intentar demostrar que tienen razón, con el propósito de exterminar al contrario. Da igual la sangre que pueda verterse, lo importante es salirse con la suya.

Pobres intransigentes, no saben que los países se formaron por unos reyes que hicieron guerras contra otros y pocas veces coinciden con un pueblo determinado. Y que es absurdo, además de imposible en el mundo globalizado, que cada pueblo tenga su nación. Siempre es más enriquecedora la multiculturalidad. ¿Se imaginan en Estados Unidos a los Siux con un trozo de tierra por su lado, haciendo frontera con los italoamericanos por otro y los irlandeses americanos por otro? ¿Sin mezclarse? Eso se llama racismo, sin paliativos.

Religión - Wikipedia
Los intransigentes ignoran que las religiones son derivaciones dogmáticas de muchos siglos y que consolidan determinadas creencias, que en épocas pasadas pudieran tener sentido y ahora no. Las religiones para ellos tienen que permanecer estáticas, sin acomodarse a los tiempos. Dicen que solo hay un dios, pero magnifican las diferencias que les separan de otros que creen en lo mismo. Solo porque a ese único dios lo llaman de otra forma e hizo pis en esta esquina en lugar de en aquella. Aunque ellos no lo han visto, están seguros que otros sí. Además, en su subconsciente desconfían tanto del poder de su dios omnipotente, que tratan de defenderlo de unos simples mortales que lo ofenden. Son como hormigas protegiendo a una ballena, a la que no han visto nunca, para que otras hormigas no la injurien escupiendo en el mar.

Los intransigentes desconocen que las banderas son convenciones, que nacieron de determinada forma causal y podrían tener por azar colores diferentes. Si me sueno los mocos con un trapo blanco no pasa nada, pero ¡ay si ese trapo tiene colorines!

Los intransigentes se ofenden enseguida. No soportan que los demás se rían de los pilares en los que ellos han basado su existencia. Cuando reírse de uno mismo es la base de la inteligencia y del progreso. Pero eso nunca lo sabrán, porque ni son inteligentes ni esperan ningún progreso. Son conservadores rancios de sus miserias.

Dioses y patrias son las herramientas que a lo largo de toda la Historia han utilizado los poderosos para tener en sus filas a aquellos que no comparten sus intereses y, entre estos, los intransigentes son su mayor conquista. Con ellos forman sus ejércitos de choque. Son los tontos útiles.

Cada uno puede defender sus seguridades, pero es fundamental el respeto al contrario o no habrá convivencia. Para amar hay que desnudarse de las ideas. Y también para hacer el amor. En el fondo las ideas solo sirven para emplearlas en el juego de la democracia, la cual resolverá por el sistema de mayorías y pactos lo que hay que hacer.

Ya lo dijo una persona sabia del siglo XVI, a quien obligaron a abandonar su fe unos intransigentes: solo hay nacer y morir, lo demás es cosa vana.