jueves, 14 de septiembre de 2017

Ávila se adelanta a Cataluña y proclama su independencia

Nos encontramos a comienzos del siglo XXI. Toda España está ocupada por los españoles… ¿Toda? ¡No! Una ciudad poblada de irreductibles vetones resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las provincias limítrofes de Segovia, Salamanca, Valladolid, Madrid…


Declaración de independencia de la nación abulense:

“Nosotros, los representantes de las ciudades, villas y pueblos de la provincia de Ávila, —a saber: las ciudades de Arévalo, Arenas de San Pedro y Ávila, las villas de Piedrahía, La Adrada, Mombeltrán, etc., así como los pueblos de La Colilla, Rivilla de Barajas, Poyales del Hoyo y demás—, reunidos en Congreso general, acudimos al juez supremo del mundo para hacerle testigo de la rectitud de nuestras intenciones. En el nombre y con el poder pleno del buen pueblo de estas localidades damos a conocer solemnemente y declaramos que estas localidades unidas son y por derecho han de ser Estados libres e independientes; que están exentas de todo deber de súbditos para con la Corona española y que queda completamente rota toda conexión política entre ellas y el Reino de España, y que, como Estados libres e independientes, poseen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, anudar relaciones comerciales y todos los demás actos y cosas que los Estados independientes pueden hacer por derecho. Y para robustecimiento de esta declaración, confiados a la protección de la Providencia divina, empeñamos unos a otros nuestra vida, nuestra fortuna y nuestro sagrado honor”.

A la espera de la elaboración de una Constitución, que establezca las estructuras del estado, lo cual requiere la reunión de las personas ilustres que habitan esta noble y antigua tierra, elevamos los siguientes propósitos, que son irrenunciables:

1. Para que no pueda haber marcha atrás en nuestra solemne decisión, levantaremos un muro de cinco metros de altura, que recorrerá los límites provinciales… Es decir, nacionales desde ahora. Provisionalmente puede servirnos una valla como la de Melilla, con sus concertinas y todo, y, si no hubiera suficiente dinero, de momento pintaríamos una línea blanca similar a la que rodea los campos de fútbol.

2. Abandonamos voluntariamente el euro, que no ha traído más que pobreza a las gentes del país al que antiguamente pertenecíamos y la nueva moneda será el “Tereso”, de tal forma que un tereso equivale de salida a un euro, y cien teresos a cien euros. Las monedas se fabricarán en piedra rubia de La Colilla y los billetes en tela vaquera de Santa María del Berrocal. Llevando tanto unas como otras, en la cara A, la fisonomía del Ilustrísimo Presidente de la Diputación, que pasará a ocupar el cargo de Ilustrísimo Presidente de la República Vetona de Ávila. Y en la cara B, el nuevo escudo nacional, integrado por un Águila de Gredos, en un campo de granitos —se entenderá por granitos la roca compuesta de cuarzo, mica y feldespato, y no lo que tienen los adolescentes en la cara.

3. El gobierno provisional será de concentración nacional, integrado por representantes de todos los partidos políticos, hasta que se efectúen unas elecciones constituyentes. Su sede se fijará en El Episcopio, dejando la sala abovedada del piso inferior como bar de pinchos para sus señorías.

4. Nuestro himno nacional será el siguiente:

Ávila, Ávila, Ávila.
Ávila de mis amores.
Te llevo en el corazón,
henchido de muchas flores.
Naciste en la lejanía
de los siglos precedentes,
y llegas a nuestros días
sonriendo a porfía.
Dientes, dientes, dientes.
Un águila hay en tu escudo,
surcó las crestas gredenses
y arribó como pudo
a los cielos abulenses.
Tus mujeres son hermosas
y tus hombres son valientes,
los gays visten de rosa
y pasean por San Vicente.
¡Viva, viva, viva!
¡Viva mi patria vetona!
Gritar tu nombre sin ira
me colma y me envalentona.
Vivan tus pinchos y tapas,
viva tu santa patrona
vivan tus altas murallas,
el Moneo y La Casona.

(Publicado originariamente en “El mundo según los abulenses”, Éride Ediciones, Madrid, 2015)

lunes, 28 de agosto de 2017

La Sagrada Familia de Gaudí

Todos estamos horrorizados por los atentados recientes en Cataluña, al igual que lo hemos estado por el terrorismo que hemos sufrido anteriormente y nos espantaremos por el que sin duda vendrá. El TODOS implica a las personas de buena voluntad, sean cristianas, musulmanas, judías, budistas… o ateas, excluyendo el pequeño núcleo de intransigentes. De ese grupo de TODOS, la mayoría hemos sido solidarios y una minoría lo ha utilizado mezquinamente de forma política, como ha ocurrido en anteriores ocasiones (11M, Miguel Ángel Blanco, etc.). Supongo que contra esto no tenemos remedio.

Mi particular homenaje va a consistir en publicar aquí unas fotos, sin más comentario, sobre mi visita a Barcelona en 2014, esa hermosa y acogedora ciudad de la que guardo tan buenos recuerdos. Bueno sí, añadiré tan solo unas palabras en idioma español (catalán): NO TINC POR.


























martes, 15 de agosto de 2017

Tebeos en el Renacimiento

El Renacimiento buscó la belleza tomando como medida al ser humano. Estudió proporciones e imitó a la Naturaleza, idealizando los modelos, llegando a lograr la perfección en la representación de la realidad. Pero la narración gráfica es un arte literario y no plástico, que únicamente utiliza la imagen como herramienta narrativa, no siendo un fin en sí misma.

A pesar de todo existió también narrativa gráfica en el Renacimiento, que intentaré ilustrar con unos pocos ejemplos. No será tan llamativa como en la Edad Media, cuando el afán narrativo se hacía obsesivo para aleccionar a una sociedad mayoritariamente analfabeta.

En la pintura del Quattrocento hay auténticos hallazgos como en el Tributo de la Moneda. Es un fresco de Masaccio realizado en el primer tercio del siglo XV. Aunque a primera vista parezca una sola imagen es una completa narración gráfica, que funde sobre un fondo-escenario tres momentos sucesivos. Leamos lo que nos cuenta el autor en el orden que él nos propone. La vista acudirá en primer lugar al grupo de figuras centrales. En este conjunto de rostros individualizados destaca Cristo de entre sus apóstoles, todos ellos con el aura de santidad que pervive de las representaciones medievales, aunque ahora ocupe espacio físico y se vea en perspectiva, cual si fuera un sombrero. A la izquierda de Jesús está el “malvado” recaudador de impuestos que pone al Señor en una disyuntiva espinosa, pues si no paga significa que se rebela contra Roma y si paga se está sometiendo al Imperio Romano en lugar de liberar a los judíos, que es lo que ellos esperaban del Mesías. Cristo está vuelto hacia Pedro a quién insta a cumplir la obligación tributaria y para ello señala hacia el lago. La desorientación del apóstol, señalando en la misma dirección, hace que la vista del observador se dirija hacia ese lugar donde, ¡oh sorpresa!, se encuentra de nuevo San Pedro repetido, que ha obedecido a su patrón y manipula un pescado a orillas del lago. Esta es la segunda escena que ocurre a continuación de la primera. Nos dice la Historia Sagrada que Pedro extrajo una moneda del pez muerto de forma milagrosa y eso es lo que se nos pinta. Ya sólo nos queda la zona derecha del cuadro y ahí están de nuevo Pedro y el recaudador de impuestos, los dos repetidos en la tercera acción y encuadrados ahora en un marco arquitectónico, que implica un desplazamiento geográfico. El apóstol está cumpliendo la voluntad de Jesús y pagando el tributo de la moneda. Podemos pensar que a esta histoira le falta algo para ser comprendida, pero eso nos pasa a nosotros, en el siglo XXI, que ignoramos en gran parte la Historia Sagarada. La gente a la que iba dirigida la conocía de sobra y no necesitaba inguna explicación para interpretar las escenas que descubría de forma intuitiva. La moraleja es conocida: a Dios lo que es de Dios y a Roma lo que es de Roma...

Vayamos ahora a otro de los grandes, El Bosco, en una de sus obras más famosas, El Juicio Final, fijándonos en su famoso tebeo La Expulsión del Paraíso. El Bosco hace algo parecido a Masaccio, funde tres escenas sobre un mismo fondo paisajístico, pero ahora se leen de abajo a arriba y de izquierda a derecha: la creación de Eva a partir de una costilla de Adán, la representación de la “voluble” Eva, engañada por la serpiente, ofreciendo a Adán el fruto del árbol prohibido y la expulsión del Paraíso por un ángel de espada en ristre. Ya ven, otra historia “con moraleja”.

Pero la yuxtaposición de secuencias no siempre se realizó en un mismo cuadro, sino que se realizaron series de cuadros, que debían ser leídos en un orden determinado y, entonces, narraban una historia y, si no, no se comprendían. Así uno de los mejores estudiosos de la perspectiva del Quattrocento, Paolo Ucello, pinta El Milagro de la Hostia profanada, que consta de seis tablas realizadas entre 1465 y 1469 y relata un cuento medieval, de tintes racistas para nuestros ojos de hoy, pero muy representativo de la cultura de su tiempo. En el primer cuadro —podemos llamarlo sin equivocarnos viñeta— una mujer está vendiendo una hostia a un mercader judío en su establecimiento comercial, el cual tiene la secreta intención de quemarla. En la siguiente, en la zona izquierda de la imagen, el mercader y su familia miran asustados el resultado de la profanación ya realizada: De la chimenea parte un reguero de sangre procedente de la hostia. En la zona derecha de la viñeta, por fuera de la casa, están unos soldados intentando derribar la puerta para detener a los deicidas. El recurso usado por el autor es modernísimo pues nos ofrece a un lado el interior de la estancia y en el otro el exterior, atravesando el muro con la vista, como si fuera un escenario. Cuando en el siglo XX hicieron lo mismo en una historieta, o en el cine, pensaron sin duda que acababan de inventarlo. En la tercera viñeta se realiza una procesión que culmina en un altar donde se consagra de nuevo la hostia. En la cuarta, la pecadora mujer, que vendió la hostia, va a ser castigada por unos soldados, pero un ángel desciende de los cielos para interceder por ella… Claro, ¡era cristiana! En la viñeta quinta el pérfido judío es quemado en la hoguera junto a su mujer ¡y sus dos hijos! En la última viñeta la pecadora protagonista, una vez muerta, yace ante el altar donde se reconsagró la hostia y dos ángeles se pelean con dos demonios por su cadáver. Fin y otra moraleja.

Acabemos con uno de los autores cimeros del Arte Universal, que hizo un maravilloso tebeo que está en el Museo del Prado. Boticelli pintó una serie de 4 tablas que iban insertadas en un mueble de madera, que fue regalo del enlace matrimonial entre los hijos de las poderosas familias florentinas Pucci y Bini en 1483. Tres tablas se conservan en el Prado y la última en el palacio Pucci de Florencia. La historia de Nastaglio degli Onesti es una adaptación de la octava novella de la quinta jornada del Decamerón de Bocaccio. O sea, una adaptación al cómic de una novela, como se hace hoy en día. En esencia relata la visión mágica, repetida hasta la saciedad, de la muerte de una joven que “ha tenido la osadía” de rechazar a su guapo y rico pretendiente… Les recuerdo que el autor del cuento es Bocaccio. Veamos ahora la adaptación. Las tres primeras tablas contienen varias secuencias cada una, sobre un mismo fondo, que son los paisajes de la ciudad de Rávena donde transcurren los hechos. En la primera viñeta el joven Nastagio degli Onesti pasea por el bosque, cabizbajo ante la decepcionante negativa de su pretendida a contraer matrimonio. En el centro de la imagen aparece otra vez el protagonista, luchando contra unos perros que atacan a una mujer desnuda, que no es otra que su amada y que inútilmente intenta escapar de la tortura. A la derecha aparece un jinete que persigue a la dama, espada en ristre. En la segunda viñeta Nastagio retrocede horrorizado por lo que está presenciando, el caballero está extrayendo las vísceras del cadáver de la mujer, para echárselas a los perros, los cuales ya se las comen a la derecha de la imagen. Al fondo de la misma viñeta hay una escena más y es la repetición de la secuencia del caballero persiguiendo a la joven desnuda. Con una argucia tan inteligentemente nos cuenta Boticelli que la escena no es algo real, sino que tan solo es una visión que se repite nada más acabar, ya que sería imposible perseguir y matar más de una vez a la misma persona. En la tercera viñeta el escenario es un banquete campestre entre las familias de los enamorados. Nastagio ha organizado el banquete en el mismo lugar donde se reproduce incansablemente la espantosa escena para darla a conocer. Aunque también es un guiño a los pretendientes, Bini y Pucci, cuyos escudos familiares cuelgan de los árboles. Y ahí está Natagio, en medio, explicando lo que están viendo todos los comensales, totalmente horrorizados, pues por la derecha de la escena llega la joven desnuda, cayendo víctima de las dentelladas caninas con su perpetuo perseguidor a caballo, que irrumpe violentamente. ¡Cualquiera se sigue negando a casar! La última viñeta presenta el desenlace que, naturalmente, es el banquete nupcial de la peculiar pareja, celebrado en el campo, aunque entre arquitecturas renacentistas.

Hay quien en estos ejemplos ha visto arte plástico, yo veo narraciones gráficas, tebeos. Quitémonos las legañas.

miércoles, 26 de julio de 2017

Mis libros y yo

Yo no soy un escritor corriente. Lo siento, no quiero dar a entender que soy extraordinario, lo que quiero decir es que mi trayectoria dista mucho del resto de mis colegas. Normalmente, un escritor sabe que lo es desde que comienza a leer. Sueña desde niño con llegar a desempeñar esta, digamos, profesión. Yo nunca supe que era escritor hasta bien superados los cuarenta años.


Yo quería ser dibujante, siempre soñé con ello, pero la naturaleza no me dotó. Mi esfuerzo era desproporcionado para el resultado que obtenía. Me di cuenta mientras dibujaba de que el trabajo no me satisfacía y me costaba mucha fuerza de voluntad concluir mis dibujillos. Aún así tengo una buena colección de narraciones gráficas y otros desvaríos que perpetré. E incluso intenté que alguna editorial me contratara. De ello tan solo he sacado la pasión por la narrativa gráfica, los tebeos, convirtiéndome en una especie de teórico, que incluso escribí un ensayo al respecto, algunos de cuyos capítulos revisados estoy publicando en este blog bajo la etiqueta de Narrativa Gráfica. Mi satisfacción fue grande cuando lo escribía y el resultado me pareció bastante digno. Conclusión, yo no soy dibujante, soy escritor.

Tuve un extraordinario profesor en el bachillerato que me inculcó el amor por la literatura, pero yo me decanté por la historia. Más tarde me di cuenta de que era capaz de redactar de una forma intuitiva y aceptable, pues organizaba las ideas de manera coherente. Con el tiempo he comprendido que me hace mucha falta pulirme y aún estoy aprendiendo. A mi edad, estaré aprendiendo hasta el fin de mis días.

Cuando mis empeños en opositar para profesor de educación secundaria se extinguieron, empleé el tiempo libre en escribir mi primera novela, publicada en 2008. El ser capaz de terminarla y su resultado me animaron a emprender un enorme reto, escribir una novela histórica, publicada en 2013. Aún me sentí mejor y, sobre todo, me di cuenta de que disfrutaba escribiendo. Entonces supe que yo era escritor, lo que ocurría es que no lo sabía. No me había enterado. Eso ya no me lo puede quitar nadie, pues tengo lectores desconocidos que han pagado por mis libros. En 2017, creyéndome ya mi oficio, publiqué mi tercera novela, planteándome crear una saga, de la cual ya he comenzado la segunda entrega. Como mi intención tan solo es que me lean los que tengan interés, esta vez probé por publicarla con descarga gratuita. Fue el azar el que me llevó a conocer este proyecto editorial, que encajó perfectamente con mis intereses.

Como estamos en verano y tenemos más tiempo libre, voy a permitirme la libertad de recomendar mis obras que, por cierto, son muy diferentes entre sí. Espero que se me perdone la inmodestia. Al menos servirá para satisfacer la curiosidad del que no las conozcan.

EL INMATERIAL

¿Tú qué harías si fueras invisible? ¿Te aprovecharías de esa circunstancia para curiosear en lugares prohibidos? Pero la gran pregunta es la siguiente: ¿Es posible lograr con un método científico la invisibilidad? Aquí puedes explorar alguna de las respuestas, aunque el desarrollo de esta novela está lleno de suspense, con unas sorpresas que darán varios giros inesperados al argumento. Y, cuidado, las cuestiones que se esbozan pueden hacer que te replantees la existencia en este mundo material.

2008, Bubok Publishing, SL., en impresión bajo demanda: http://www.bubok.es/libros/2539/El-Inmaterial
Próximamente de descarga gratuita como eBook en Valbo:

LO DEMÁS ES COSA VANA

En la España de principios del siglo XVI, las pasiones se desatan de forma violenta en una pequeña ciudad castellana, y los protagonistas inician un apasionante viaje a las más lejanas tierras de un mundo que había dejado de ser plano en el imaginario popular, llegando a ser testigos del estrepitoso derrumbe de uno de los más poderosos y enigmáticos imperios que ha producido la Historia de la Humanidad. Un relato lleno de aventura, amor, intriga y salpicado de toques de humor.

2013, con reedición revisada en 2016, Chiado Editorial, Lisboa:

OPERACIÓN CAIPIRIÑA

Elicio Iborra es un policía local que aprobó la oposición por error. Es una persona con pocas capacidades intelectuales, pero con muchas fantasías, lo cual le lleva a crear una agencia de detectives. En su primer trabajo tratará de esclarecer la desaparición de un compañero, en cuyo empeño pondrá en peligro su vida y la de los que le rodean. La corrupción y el sentido del humor son los ingredientes principales de este particular guiso.

2017, Valbo Creativity, ebook de descarga legal gratuita:
Próximamente en papel, en impresión bajo demanda, en Bubok:

Para finalizar tres últimas recomendaciones sabrosas de libros colaborativos, editados por la Asociación de novelistas La sombra del ciprés. EL MUNDO SEGÚN LOS ABULENSES, EL MUNDO SEGÚN LOS ABULENSES VOL.2 y LEYENDAS SEGÚN LOS ABULENSES. De este último dejo como propina un fragmento de mi colaboración.

La leyenda del abuelo

»En una urbe castellana,
de aquellas de vieja historia,
de torres altas y enhiestas
y murallas con memoria
ocurrió nuestro episodio,
y no se trata de Soria
sino de Ávila, señores,
que es igual de meritoria.

Mientras el presentador
todo esto refería,
en nuestros televisores
la ciudad aparecía,
impoluta cual doncella
lustrosa como alcancía,
llena de bellos palacios
pero de gentes vacía.
La nieve estaba en los altos
y alguna en el suelo había,
enluciendo la hojarasca
que el frío suelo cubría.

Prosigue el presentador y,
saltando como una cabra
por los riscos montañeses,
narra la historia macabra:

—Era el ocho de noviembre,
fecha reciente pasada,
colindante a los difuntos,
fiesta muy significada,
cuando ciertos jovenzuelos
de condición perturbada            
se dirigían buscando
una zona distanciada
y con la iglesia toparon,
como si no fuera nada,
de Cristeta y de Sabina,
mas por Vicente nombrada.
Hermanos mártires fueron
y su mortaja enterrada
en una hermosa capilla,
hace tiempo edificada.

»Del templo basilical
una ancianita salía,
de rezar con vehemencia
suponemos que venía.
“Adiós, vieja”, le dijeron,
con sarcasmo e ironía,
los chicos cuando la vieron,
si bien ella no reía.
Bendita la edad tan tierna
en que todo es alegría,
que hasta una vieja beata
provocaba algarabía.
Cierto es que en ocasiones
a esto coadyuvaría
sustancia más bien prohibida,
pero poco serviría
que de ello nos ocupemos,
pues desviarnos sería
de tan tenebrosa historia
que contarles les quería.
Serán los que están conmigo
quienes les pongan al día.

martes, 11 de julio de 2017

Hasta siempre, Alfredo

Se me ha muerto un amigo. Quisiera hacerle un homenaje en mi blog, dedicarle unas palabras, pero no las sabré decir tan bellas como las de Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé. Así que no competiré con el poeta y tampoco voy a apelar al dolor, me limitaré a brindarle a Alfredo unas pocas líneas que sirvan de agradecimiento a su amistad, a su cercanía, a su humanidad.

Fuimos vecinos desde niños. Siendo de edades parecidas, ambos del barrio del Teso, debimos haber coincidido, pero cuando nos presentó César, hace casi cuatro años no nos conocíamos. César nos embarcó en la loca aventura de crear una asociación con la que poder compartir intereses comunes alrededor de la faceta que nos unía, que era la escritura, a la que llamamos “La sombra del ciprés”. Desde entonces viajamos juntos por la vida. Nos viésemos mucho o poco, ahí estábamos el uno para el otro. Juntos participamos en innumerables actividades. César hacía la propuesta y Alfredo y yo le seguíamos ciegamente. Hoy la asociación ha crecido tanto que no nos necesita, pero Alfredo, con su marcha, ha dejado en ella un hueco irrellenable. Nos va a faltar su sabiduría y su tranquilidad.

Era un zoom politkón, un animal político. Es con lo que más disfrutaba, además de con el tenis. Y lo hacía tan bien, que todos los medios locales le ofrecieron una columna, sin él ir a buscarla. Era muy polémico y no dejaba a nadie indiferente. Pero solo encendía la mecha, no se enzarzaba en discusiones con nadie, no merecía la pena. Ni siquiera leía los numerosos comentarios que generaban sus palabras. Una vez me dijo que si entrase al trapo a todo, podían presionarle para que no dijese lo que pensaba. Podían coartar su libertad y eso no lo quería. Era su opinión y debía ser respetada como él respetaba verdaderamente a los que pensaban diferente. Y para crear su opinión había leído mucho. Era capaz de realizar citas de memoria, tenía los libros en la cabeza, pues no quería saber nada de tecnologías de la información ni de redes sociales, a pesar de trabajar en la ofimática. Escribía a mano, en su cuaderno, casi siempre en un bar, donde entablaba conversación con “la parroquia” que se tomaba su carajillo a primera hora de la mañana, cuando él comenzaba su jornada laboral. A mediodía muchas veces lo encontré en una mesa apartada, haciendo sus escritos al olor de un café.

Aunque yo no compartía ideología con él, me encantaba escucharle. Era un excelente orador que no necesitaba prepararse el alegato. Su forma de hablar, pausada, seria y con mucha seguridad embelesaba. Él tenía muy claras las ideas y su disertación fluía ordenada y lógica. Pero, a pesar de su discurso, daba prioridad a las personas antes que a las doctrinas. Insistía mucho en ello. Las ideas podían cambiarse pero las personas son insustituibles.

No te has ido del todo, Alfredo; tu libro Intentando ser feliz… A ratos, conserva tu filosofía ante la vida. La portada nos dice unas palabras tuyas, como siempre, sabias: “La única verdad de la vida no la tiene nadie. La única verdad de la vida es la que cada uno tiene que vivir”. Voy a releerlo para volver a escucharte. Para volver a sentirte y saber que no te has ido del todo. Es lo que tiene ser escritor, que renaces vivo con quién te lee.

Sólo hay nacer y morir, lo demás es cosa vana. Lo que vivimos no tiene importancia, no se la demos. Limitémonos a vivir intensamente, sin tener en cuenta las diferencias personales, los agravios, los desaires, los malentendidos, las ideologías, las fronteras... Somos personas. Hemos nacido. Somos mortales, por lo que nos espera indefectiblemente la muerte. Pero mientras esta llega gocemos de lo que tenemos: Vida.

Adiós, Alfredo, hasta que volvamos a vernos.

P.S.: No puedo dejar pasar que hace unas semanas también se fue un amigo de la infancia, Edu, que hoy, 11 de julio, cumpliría años. También te echo de menos.

Dejo las palabras de Miguel Hernández a modo de desahogo, para llorar con ellas al evocarlas en primera persona.

ELEGIA A RAMÓN SIJÉ

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
Un hachazo invisible y homicida,
Un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
Y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández, 10 de enero de 1936 

jueves, 29 de junio de 2017

Terrones y almenas

(El siguiente relato se nutre de recuerdos personales, pero no deja de ser ficción. Es decir, es una invención literaria construida con ladrillos de la memoria)

La sobremesa de la comida de negocios invitaba a la sana siesta en esa tarde de julio, pero Carmelo debía regresar a Madrid. Había pasado por Ávila para comunicar a Óscar su ascenso a jefe de la delegación de la empresa, en lugar de Enrique, que era quién lo esperaba. Pero se había decantado por el primero, que contaba ya cincuenta y dos años y así culminaba su carrera. Se sentía feliz de darle la noticia.

Decidieron estirar las piernas, dando un paseo desde el Mercado Chico hacia el puente Adaja, bajando por las calles estrechas de la ciudad antigua.

—¡Qué recuerdos! —dijo Carmelo—. Pasé por aquí mis mejores años. Luego marché a Madrid y apenas he vuelto.

—¿Vivías en el barrio de San Esteban? ¡Qué casualidad! Yo también —confesó Óscar, complacido de compartir recuerdos con su jefe—. Aunque yo nunca me fui de la ciudad, sí que me fui a vivir a la otra punta y hacía años que no volvía.

—Vaya. Tal vez nos conocimos entonces y no lo recordamos —apuntó Carmelo.

—No creo —negó Óscar—. Eres cinco años mayor que yo y es mucha diferencia para unos chavales.

Llegaron a la Puerta de la Mala Ventura, también denominada Arco de los Gitanos, y se entretuvieron observando aquel rincón, tan hermoso como poco frecuentado, con el jardincillo de Moshé de León, que se encuentra dentro del recinto amurallado.

—Hacía mucho que no veía esta estampa —añadió Óscar, señalando la pequeña puerta de la muralla, que dejaba ver un paño de cielo azul intenso, bajo el cual se abrían los campos extramuros—. Aún recuerdo las trastadas de crío —Óscar señaló a la derecha de la puerta de la muralla, donde la altura apenas superaba los dos metros—.
Por ahí trepábamos y nos asomábamos a las almenas. Por fuera la altura es mucho mayor, como sabes. Espiábamos a las parejas que se escondían en el zócalo de piedras, aprovechando el anochecer, ya que entonces no se iluminaba la muralla. Cuando los veíamos liados, arrancábamos terrones de tierra y los bombardeábamos, interrumpiendo su romance, ¡ja, ja…! Y sin que pudieran vengarse, ya que antes de que entraran corriendo por el arco para alcanzarnos nos daba tiempo a desaparecer. ¡Qué tiempos aquellos!

—He de marchar ya hacia Madrid —dijo Carmelo—. Al final ha sido más decisiva esta conversación que toda la mañana que llevamos juntos —le estrechó la mano y se distanció, no sin antes decirle algo—. Una última cosa: He cambiado de opinión, el puesto es para Enrique: ¡Juré que un día me vengaría de los terrones!

FIN


(P.S.: Yo era muy joven para buscar sitios apartados que compartir con una mocita, espero que no haya cuentas pendientes...)

jueves, 15 de junio de 2017

Yijadismo y machismo

Entre las distintas noticias, que a diario nos asaltan en los medios de comunicación, hay un par de ellas que son recurrentes y nos golpean una y otra vez, sin que veamos su final.

El caso es que tienen un elemento importante en común y es lo que me motiva a realizar una pequeña reflexión. Me refiero a dos actos terroristas sin sentido y sin ninguna posibilidad de éxito para sus ejecutores. Uno es el terrorismo islamista, simplificado como yijadismo, y otro es el terrorismo machista. Son tan diferentes entre sí, aparentemente, que no somos conscientes de que tienen las mismas raíces.

Ambos se basan en una forma de entender la realidad de manera nada flexible, sino fija y estanca. Con un solo punto de vista y lejos de toda empatía con el otro, al que se cosifica, insultándolo y considerándolo el causante subjetivo de todos los males. Pero lo que más les iguala es querer llevar a efecto sus aspiraciones, que ellos creen justas, aún a costa de sus propias vidas, las cuales no dudan en sacrificar para salirse con su propósito.

Un paréntesis. Lo islámico, lo musulmán, merece todo el respeto. El mismo respeto que merecen el resto de las religiones o el ateísmo, porque la fe es hija de la voluntad. Se cree en lo que se quiere creer, sin lógica racional. El ejercicio de la libertad individual nos permite elegir qué es lo que queremos creer o no creer y solo se puede ejercer esa libertad con el respeto de los demás. Pero muchas veces se confunde lo musulmán con el islamismo extremo. Para deshacer este error, abramos los ojos y descubramos que la mayor parte de las víctimas de los radicales islamistas son los propios musulmanes.

Los islamistas radicales ven en la fe —su fe, claro— la única forma de vida, y quien no tiene su misma fe es un ignorante despreciable, en el mejor de los casos, o es un criminal. Su mayor aspiración es obligar a que todos piensen como ellos o desaparezcan. No quieren comprender los cimientos de barro que sustentan sus creencias.

Test de la mente sucia: ¿Qué es esto?
A) Son patatas
B) No son patatas
(Solución: ¡Tú mismo!)
El machismo supone una forma de ver la vida igual de radical: El hombre es libre y la mujer está a su servicio. Repasemos la Historia y veremos que así han estado planteados muchos siglos. En el actual, en el que la mujer reclama, por justicia, la misma libertad que el hombre, hay quienes no lo entienden y se ven atacados en su verdad por unas díscolas que quieren vestir a su manera, hablar con quién les dé la gana o simplemente romper una relación de pareja que no les satisface. Esto causa el efecto de que el machista se considere herido en lo más profundo de su esencia, recurriendo a la humillación o a la violencia física para imponerse. Tampoco quieren comprender que su punto de vista también tiene cimientos de barro.

Otro paréntesis importante, para no equivocar el diagnóstico. Al igual que no debemos considerar yijadistas a los musulmanes, por el hecho de ser musulmanes, tampoco debemos considerar machistas a los hombres por el hecho de ser hombres. Además de injusto, lleva a errar en las soluciones a proponer.

Ante la irracionalidad de ambas posiciones, el machismo y el islamismo radical llegan a la locura de querer salirse con la suya sin importar las consecuencias y así crean al monstruo. Monstruos que, con la razón subjetiva inviolable de su parte, se suicidan matando. Y contra esto no se puede luchar. ¿Cómo vamos a coaccionar a los asesinos si ellos mismos se quitan la vida? ¿Cómo vamos a prevenir que un energúmeno con un cuchillo, con un coche o a manos limpias, acabe con la vida de su prójimo —próximo en sentido literal—, si entrega su vida en ese acto?

Solo hay una forma: Educación. Enseñar el respeto a los demás y a que todo el mundo es libre de hacer siempre lo que le venga en gana, mientras no conculque otras libertades. Es decir, ser abiertamente intransigentes con quienes sean intransigentes. Los intransigentes no pueden convivir con el resto. Son enfermos. Por lo que debemos encerrar a estos energúmenos, tanto yijadistas como machistas, separándolos de la sociedad sana. El simple hecho de su ideología ya debe considerarse delito, aún antes de cometer otro. Pero, mientras se logra esa educación plena, no queda más remedio que potenciar todas las medidas preventivas y reparadoras posibles.

Algún día, el que no respete a los demás, estará marginado de la sociedad. Hacia esto debemos avanzar.