martes, 15 de septiembre de 2020

Marramiáu

A las cuatro de la tarde, la chiquillería de la escuela pública de la plazuela del Limón salió atropelladamente de clase, con algazara de mil demonios. Ningún himno a la libertad, entre los muchos que se han compuesto en las diferentes naciones, es tan hermoso como el que entonan los oprimidos de la enseñanza elemental al soltar el grillete de la disciplina escolar y echarse a la calle piando y saltando. La furia insana con que se lanzan a los más arriesgados ejercicios de volatinería, los estropicios que suelen causar a algún pacífico transeúnte, el delirio de la autonomía individual que a veces acaba en porrazos, lágrimas y cardenales, parecen bosquejo de los triunfos revolucionarios que en edad menos dichosa han de celebrar los hombres... [¡Po-pac! Facebook. 23 personas han reaccionado a un recuerdo. Pues cojonudo, aquí me falta peña, sin duda. Katy Lalinda ha añadido contenido a su historia… Pasando. Hoy es el cumpleaños de Sara Díez y 2 personas más. No tengo tiempo. Además no conozco a ninguno de ellos. Retomemos]. Salieron, como digo, en tropel; el último quería ser el primero, y los pequeños chillaban más que los grandes. Entre ellos había uno de menguada estatura, que se apartó de la bandada para emprender solo y calladito el camino de su casa. Y apenas notado por sus compañeros aquel apartamiento que más bien parecía huida, fueron tras él y le acosaron con burlas y cuchufletas, no del mejor gusto. Uno le cogía del brazo, otro le refregaba la cara con sus manos inocentes, que eran un dechado completo de cuantas porquerías hay en el mundo; pero él logró desasirse y... pies, para qué os quiero. Entonces dos o tres de los más desvergonzados le tiraron piedras, gritando Miau; y toda la partida repitió con infernal zipizape: Miau, Miau. [¡Po-pac! Vaaaaya, Twitter. Maya Reis Gabeira la mujer que ha surfeado una ola de 22,4 metros de altura batiendo el record mundial. Alucino con el vídeo. ¡Like! Pablo Echenique, pasando. Voy a dejar de seguirle. El flipao del Maco y sus bobadas, pues no voy a likear su cara guapa, que no lo es].

El pobre chico de este modo burlado se llamaba Luisito Cadalso, y era bastante mezquino de talla, corto de alientos, descolorido, como de ocho años, quizá de diez, tan tímido que esquivaba la amistad de sus compañeros, temeroso de las bromas de algunos, y sintiéndose sin bríos para devolverlas. [¡Po-pac! Tik Toc. No tengo tiempo ahora para bobadas]. Siempre fue el menos arrojado en las travesuras, el más soso y torpe en los juegos, y el más formalito en clase, aunque uno de los menos aventajados, quizás porque su propio encogimiento le impidiera decir bien lo que sabía o disimular lo que ignoraba. Al doblar la esquina de las Comendadoras de Santiago para ir a su casa, que estaba en la calle de Quiñones, frente a la Cárcel de Mujeres, uniósele uno de sus condiscípulos, muy cargado de libros, la pizarra a la espalda, el pantalón hecho una pura rodillera, el calzado con tragaluces, boina azul en la pelona, y el hocico muy parecido al de un ratón. [¡Po-pac! El Facebook ahora de los cojones. Jejé, esta Leire está tronada, pero muy buena eso sí. Toma like con todo mi love. Y qué amigas tiene… ¿Por dónde iba?] Llamaban al tal Silvestre Murillo, y era el chico más aplicado de la escuela y el amigo mejor que Cadalso tenía en ella. Su padre, sacristán de la iglesia de Montserrat, le destinaba a seguir la carrera de Derecho, porque se le había metido en la cabeza que el mocoso aquel llegaría a ser personaje, quizás orador célebre, ¿por qué no ministro? La futura celebridad habló así a su compañero:

[¡Po-pac! Ahora el Instagram, que no me falte de na’. A ver, a ver a ver, el Jhonny y sus pasadas con el monopatín. Otra cover de la Jenny. Aprende a tocar la guitarra primero y luego a entonar, ¡que lo flipas!. Pero ahí va mi like, que también estás buenorra, a ver si pillo. Para, para, que no desengancho. ¿Dónde puse el puto libro?]. «Mia tú, Caarso, si a mí me dieran esas chanzas, de la galleta que les pegaba les ponía la cara verde. Pero tú no tienes coraje. Yo digo que no se deben poner motes a las presonas. ¿Sabes tú quién tie la culpa? Pues Posturitas, el de la casa de empréstamos. Ayer fue contando que su mamá había dicho que a tu abuela y a tus tías las llaman las Miaus, porque tienen la fisonomía de las caras, es a saber, como las de los gatos. Dijo que en el paraíso del Teatro Real les pusieron este mal nombre, y que siempre se sientan en el mismo sitio, y que cuando las ven entrar, dice toda la gente del público: 'Ahí están ya las Miaus'». Luisito Cadalso se puso muy encarnado. La indignación, la vergüenza y el estupor que sentía, no le permitieron defender la ultrajada dignidad de su familia. [Cojones, ¿de qué iba la cosa?… ¿Quién es Luisito Cadalso? A tomar por culo el libro… (Tik Tok. Jejé, ¡cómo bailan estas coreanas! Yo es que me parto)].

Me gustaría que este relato fuera una rallada de mi coco, pero… En todo caso sirva como homenaje a don Benito Pérez Galdós, del que celebramos este año el centenario de su muerte los que apagamos el teléfono móvil para leer. De su novela “Miau” he tomado los coitus interruptus anteriores.

viernes, 28 de agosto de 2020

La Santa Infamia

5 de junio de 1490, Astorga. Un judío converso llamado Benito García de las Mesuras come en una taberna y unos borrachos la toman con él, para divertirse. Después de incordiarle un rato le quitan el fardel y descubren que tiene un pan ázimo que confunden con una oblea. Le denuncian a la Inquisición que le detiene y le tortura. El reo acaba diciendo cualquier cosa con tal de que le dejen de atormentar e implica en un supuesto delito a conocidos suyos de su lugar de procedencia, La Guardia y Tembleque, en Toledo. Se entera de todo Tomás de Torquemada, Inquisidor General del Reino, y hace llevar a todos, en total 12 entre conversos, cristianos y judíos, a su monasterio de la Santa Cruz en Segovia y posteriormente al de Santo Tomás en Ávila. Allí son torturados hasta hacerles confesar lo que querían oír los inquisidores: que habían robado una forma consagrada y que habían torturado y matado a un niño para hacer un conjuro con su sangre y la oblea. Nunca se supo quién era ese niño, ni de dónde procedía, ya que los distintos torturados ofrecieron versiones dispares. Cuando por fin dieron una ubicación para su enterramiento, al no hallarse ni un solo hueso, dedujeron con mucha desvergüenza que al tercer día había resucitado y estaba en el cielo en cuerpo y alma. Hubo irregularidades de todo tipo, como que la Inquisición no podía juzgar a judíos o que el proceso debía haberse llevado sí o sí en la jurisdicción de Astorga y no donde estuviera por su libre albedrío el nefasto Torquemada. Pero es igual, el 16 de noviembre de 1491 se asesinó en el Braseo de la Dehesa, en Ávila, a nueve reos y otros 3 más en efigie al estar ya fallecidos. 6 judíos, 2 conversos y 4 cristianos. Seis de ellos quemados vivos y tres, que cedieron al miedo al sufrimiento y mostraron arrepentimiento, fueron quemados muertos tras ser ahogados. Poco después Torquemada lograría el proyecto de su vida, que los Reyes Católicos firmasen la orden de expulsión de los judíos de sus territorios. Hoy en día aún existe un santuario dedicado a ese niño imaginario, creado por la mente calenturienta de un fanático y sus acólitos. Ese niño estuvo a punto de ser patrón de España.

Estos son los hechos, es Historia. No hay vuelta de hoja. Sin embargo aún circula por ahí la versión inventada que quiere hacerse real a golpe de fanatismo. No existen documentos válidos para los defensores de este santo de pacotilla, más que la tradición creada a raíz de una mentira. A pesar de conservarse el acta del juicio correspondiente a uno de los judíos, a pesar de que nunca se supo quién era el niño torturado y asesinado, a pesar de que no hubo más pruebas que las declaraciones sacadas con tormentos, a pesar de las numerosas irregularidades en el proceso, la mentira campa a sus anchas. Y como es cuestión de fe, no puedes discutirla.

Es hora ya de reivindicar y rendir homenaje a los auténticos mártires, que existieron de verdad y fueron torturados hasta la muerte: Benito García de las Mesuras, Juan de Ocaña, Juan Franco, Alonso Franco, García Franco, Lope Franco, Juçé Franco, Mosé Franco, Yuçá Tazarte, David Perejón, Don Ça Franco y Mosé Abenamías.

El periodista José Ramón Rebollada, intrigado por las noticias que tuvo de este caso cuando vivía en Ávila, estudió el suceso a fondo, recopilando numerosa documentación y datos que están ahí, para quien tenga interés por conocer la verdad. Con todo el material histórico ha realizado una brillante novela que tiene como eje fundamental el proceso del Santo Niño de La Guardia y su epílogo con la expulsión de los judíos de los territorios de los Reyes Católicos. Trata también la figura retorcida e intransigente de Tomás de Torquemada, con varias pinceladas que le retratan con verismo.

Y  todo ello entremezclado con otras crónicas que enriquecen y dan colorido a la narración, contextualizando los hechos. De la historia general de España nos cuenta la Guerra de Granada y su conquista. Nos habla de la expedición de Cristóbal Colón, una figura enigmática, que estuvo muy preocupado por ocultar su procedencia. ¿Se avergonzaba de ella? ¿O es que era descendiente de judíos? También retrata un personaje ciertamente positivo en la Historia y que ha sido relegado a segunda fila, el obispo de Ávila por esa época, fray Hernando de Talavera, confesor de la reina que dirigió las negociaciones con Colón y organizó la integración del Reino de Granada en Castilla, respetando sus costumbres. Llegó incluso a aprender árabe para comunicarse con los nuevos súbditos de la corona. Era tan ingenuo que no quiso convertir a nadie a la fuerza, sino con el convencimiento, pero no le dejaron.

De la historia local el autor nos da varios retazos, como un episodio trágico de dos abulenses mudéjares, Abdalá el Rico y Alí Moharrache o la de los judíos adolescentes Samuel y Zulema. Así como también las últimas fases de la construcción del Monasterio de Santo Tomás, con los trabajos destacados del gran artista Pedro de Berruguete. Concluyendo con la partida de los judíos al exilio.

El protagonista que sirve de hilo conductor es un personaje de ficción, un monje erudito del monasterio de San Esteban de Salamanca, caído en desgracia y que vive en Ávila, llamado Lifardo Díaz. Junto a él otros secundarios interesantes, como el ayudante de bibliotecario, hermano Agustín, o la boticaria y hetaira Aldara.

La composición de la novela es ecléctica, el autor aborda el proyecto como un documental, con fragmentos intercalados de texto de muy diferentes estructuras estilísticas. Así hay episodios de novela canónica, junto a diálogos sin acotaciones que recuerdan la composición de La Celestina y otros capítulos en los que se refiere fielmente el suceso según las fuentes, como es todo el proceso inquisitorial. Hay diálogos filosóficos y hay resúmenes históricos. E ilustraciones, planos y fotografías que aclaran todos los hechos y su contexto.

El conjunto es una fascinante novela que, según el tópico, no dejará a nadie indiferente. La edición es muy cuidada, cosa de agradecer, y el papel de buen gramaje. Uno de esos libros de los que estarás orgulloso de tener en tu biblioteca.

Enlace al libro

sábado, 15 de agosto de 2020

La musiquilla


Los cánticos infantiles están bien. Tienen letras pegadizas y músicas sencillas que los hacen agradables y, sobre todo, fáciles de recordar. Pero todo esto también tiene su parte negativa y es que esas musiquillas se pueden volver machaconas y ya no te las puedes sacar de la cabeza.

Hay una sobre las demás que últimamente no puedo soportar, me gustaría deciros cuál es, pero temo que si pienso en ella, ya no habrá quién me la quite de la cabeza, así que me vais a perdonar que ahora mismo intente distraer mi mente con otra cosa para…

¡NO! ¡NOOOOOO!

¡Maldita sea! Una ráfaga de esa terrible música se me metió dentro y comenzó a iluminar mis neuronas, ¿no la escucháis? Pues yo sí. Ya la tengo en el interior de mi cabeza y supongo que seguiré con ella hasta la hora de irme a dormir. Es más, soñaré con ella.

Es igual, ya no puedo evitarlo, así que os contaré de qué se trata, ya que saqué el tema.

La primera que vez que la escuché me agradó. Incluso pensé que era para halagarme, para que disfrutara con lo que me decían. Luego, pensando más a fondo en la letra, me di cuenta de que era un insulto, porque se da la circunstancia de que mi pareja me dejó por otro: me estaban llamando cornudo. Pero tras sentirme halagado e insultado, se ha convertido en una agresión verbal. No puedo salir de casa, de mi casa, sin tenerlos a la puerta. No puedo asomarme afuera sin que sienta que me están haciendo un escrache.

¿Los escucháis?: “Caracol, col, col, saca los cuernos al sol…”

Ilustración de Julio Veredas Batlle

miércoles, 29 de julio de 2020

Por la senda de Tumut


Me encanta recomendar libros que me han gustado, y así vengo haciendo. Pero he tenido mis dudas en este caso, ya que pudiera pensarse que no hago más que devolver un favor.

He conocido a Luis José Martín García-Sancho hace poco, a través de la asociación a la que ambos pertenecemos, La sombra del ciprés. Ya sabía de él por su blog Arevaceos, pero vivimos en ciudades diferentes —Arévalo y Ávila— y por ello no habíamos coincidido antes en actividades culturales o simplemente tomándonos un vino. Decidimos intercambiar nuestros libros y él se ha adelantado a realizar una reseña del mío en su blog. Como habla bien de mi novela, pudiera pensarse que yo ahora le devuelvo el favor, hablando bien de la suya y es algo que quisiera dejar claro desde el comienzo. 

No me cabe duda de que a Luis José le gustó Lo demás es cosa vana, ahí están sus palabras, pero a nadie debe caberle duda tampoco de que las mías que siguen son sinceras. Por la senda de Tumut es una excelente novela, que merece la pena ser leída y que disfrutará quien lo haga.

Está ambientada en el Paleolítico superior, hace unas decenas de miles de años, cuando coincidieron en el espacio y en el tiempo dos humanidades distintas, el Homo Sapiens Neanderthalensis y el Homo Sapiens Sapiens, o sea nosotros. Luis José da una visión, apoyada en los últimos estudios científicos, de cómo pudo ser esa convivencia, y pone en valor a la especie de los “hombres fuertes” —neandertales—. Además de demostrar un conocimiento preciso de la flora y la fauna de tierras mesetarias de la península Ibérica, que es la otra gran afición del autor, además de la literatura.

El argumento es la narración de la historia del Clan de los Lobos, realizado por la anciana Gara a los más jóvenes de la tribu en la noche de Jara. Este clan procedía de los antiguos cazadores de mamuts, animales casi extintos, que se asentaron en unas tierras con nombres míticos, pero que tienen una concordancia con las que existen al norte del sistema central, entre Ávila —grandes rocas de Ámila— y Arévalo —el pino Vaceal—. Se describe la vida de varias generaciones, que tienen que superar numerosos conflictos hasta el desenlace final. Pero este relato es el germen de la historia épica de los fundadores del clan, para que las nuevas generaciones puedan conocer quiénes fueron sus antepasados.

A pesar de la distancia cronológica de los hechos narrados, los vemos muy cercanos a nuestros días, pues trata de temas intemporales como la violencia, el egoísmo, el amor, la ecología, el racismo o incluso el feminismo, en los cuales podemos vernos reflejados los lectores de hoy. Es muy interesante el punto de vista del autor sobre todos estos temas, con el que coincido plenamente y que posibilita que el lector pueda planteárselos, si aún no lo ha hecho.

El género narrativo que utiliza Luis José es el del cuento, con sus características propias. Se relatan acontecimientos, sucesos y vidas, que tienen como objetivo el despertar una reacción emocional impactante en el lector. Esto lo lleva a cabo mediante la intervención de un relator, la anciana Gara, en cuyo discurso prevalece la narración sobre el monólogo, el diálogo o la descripción. La novela es por tanto un gran cuento, cuyo contenido se instaura como el material cultural aglutinante de un pueblo. Pero no un pueblo racial, de determinada sangre o creencias, sino heterogéneo, tal y como es la sociedad de hoy en día. Es una de las grandes vetas filosóficas de la novela, el respeto por los diferentes y la defensa de la libertad y la cooperación, como forma de progresar, sin importar el origen, las creencias o la “raza” de los individuos.

El libro es, además, una crónica de cómo debió ser el nacimiento de la literaria, la cual tiene un origen en la narración oral, creadora de mitos a través de relatos de personajes reales que acabaron convirtiéndose en legendarios, por las encadenadas versiones de los sucesivos narradores. La misma Biblia tiene su origen en este tipo de transmisión oral de leyendas antiguas, ya que sus libros se originan a partir de relatos existentes siglos antes de ser escrita.

Por la senda de Tumut es de lectura fluida, manteniendo el interés a lo largo de todas las páginas a pesar de la multitud de personajes y el largo período cronológico. Sin duda es un libro muy recomendable, lleno de sabiduría, de cuyo autor espero que pronto nos dé la alegría de una segunda parte.

Dejo un enlace a su blog, que recomiendo a los amantes de la narrativa, pero también a los de la naturaleza: http://arevaceos.blogspot.com/

martes, 14 de julio de 2020

Ávila amorosa

Desde hace ya seis años, todas las primaveras esperamos con ilusión la fecha de celebración de la feria del libro para presentar una novedad literaria, un nuevo libro colaborativo de La Sombra del Ciprés. El presente, ya teníamos reservado el 21 de abril y los paquetes con los libros los tuvimos puntuales, pero el confinamiento, debido a la pandemia que aún sufrimos, nos impidió llegar a nuestra cita. Aún así, una vez abiertas algunas ventanas a la esperanza, aquí estamos. El día 6 de este mes de julio hemos desvelado nuestro secreto mejor guardado: Ávila amorosa, que ya está en las librerías.

Como siempre, nuestro libro consiste en un ejercicio literario, en el que el grupo de trabajo voluntario realiza todos los procesos de publicación, desde la revisión y corrección de los textos a la búsqueda de una editorial y el control de la realización de la maqueta, cubiertas e incluso la distribución por librerías, pasando por la venta directa de ejemplares. Todo un reto y un aprendizaje para los miembros de una asociación de escritores.

Una vez elegido el tema por los socios mediante votación, en el grupo de trabajo meditamos sobre sus posibles aristas e hicimos recomendaciones, dando un plazo para enviar los textos. Recibimos 30, que fueron leídos, corregidos y comentados con los escritores en distinta medida, según sus necesidades formales, quedando muy satisfechos con el resultado final.

Como broche encargamos la imagen del libro a la ilustradora Gris Medina, que ya nos realizó las portadas de los tres libros anteriores y creo que ha sabido encajar con maestría una ilustración que no deja de reflejar ternura, sin exceso que derive en la cursilería. Con esta portada el libro brilla desde que lo tienes en la mano.

En cuanto al contenido, tenemos algún poema, incluso un romance, prosa poética y un microrrelato, siendo la mayoría cuentos de extensión media. Se trata la temática del amor adolescente, el amor en la vejez y en las capacidades diferentes, el desamor, el tedio, la añoranza, la ironía, los recuerdos personales casi autobiográficos —o sin casi—, e incluso la lágrima suelta, sin dejar de tantear otros géneros como la novela negra, el humor o el costumbrismo desde el punto de vista del amor. Pero hemos tratado de evitar, creo que con éxito, caer en lo grosero, en lo ñoño y en los tópicos.

Como solemos hacer, siempre hay una localización geográfica o alusión más o menos velada a la ciudad y provincia donde está establecida la asociación, Ávila, que va tomando entidad como una ciudad literaria.

Hemos buscado una prologuista experta en la temática tratada; esta vez la teníamos cerca, nuestra compañera Paula Velasco, autora de la trilogía de novelas románticas Ángeles guardianes. Con este magnífico comienzo el libro invita a sumergirse en una lectura amable, que seguro traerá remembranzas de la experiencia personal de cada cual, porque ¿quién no está o ha estado enamorado?

No cabe aquí reseñar cada uno de los textos, porque son muchos, pero sí que voy a hacer una lista de autores y títulos, estando convencido de que muchos de estos nombres incitarán a la lectura. Para que nadie se enfade los he colocado por orden alfabético.

Alberto Martín del Pozo TÓPICOS DE ENAMORADOS. Ángeles Jiménez Soria KUS-KUS, MARÍA Y JOSÉ. Antonio Luis Martín Fernández BÉCQUER IN LOVE. Ánzoni Martín 6 6 6. Begoña Jiménez Canales LA ESCAYOLA. Carlos Alameda ROSA DE PAPEL CON ARISTAS. Carlos del Solo ÚLTIMA CARTA. Claudia Andrea La Jara Niño de Guzmán MURMULLOS VESPERTINOS. Cristóbal Medina ESA DULCE SONRISA TUYA. Eliezer Bordallo Huidobro MI VERDADERO AMOR. Ester Calvo Dorado ÉBANO. Isabel Salom Siquier EL FARO DEL RASTRO. José Antonio García de la Concepción AMOR EN LA NOCHE. José Guillermo Buenadicha Sánchez TU RUINA. José Peñalver LA PAJARITA AZUL. Juan Pedro Fernández Blanco MÁS QUE UN CONTINENTE. Judit Bragado García SILENCIO. Julián Miranda LA MUJER QUE ESPERA. Julio Collado Nieto AMORES DE ALTOS VUELOS. Librado Casero Vaquero VETE DE MI CASA. Lorena Rodríguez Herrero REGALIZ. Manuel Manteca Jiménez TRES SON MULTITUD. María Eugenia Hernández Grande DE LA «A» A LA «Z». Maribel Cid Miranda PERDÓNAME, PADRE, PORQUE HE PECADO. Moisés González Muñoz AL CALOR DE LAS MURALLAS. Óscar de Blas Rodríguez LA ÚLTIMA HISTORIA DE AMOR. Ramón Lozano VORÁGINE. Sonsoles Pindado Casado LECTURAS DE AMOR. Tomás Sánchez Salinero PURGATORIO. Toño García ESE CAPRICHOSO DESTINO.

martes, 30 de junio de 2020

La polémica


La polémica se tornó agria. Había comenzado como una simple discusión sobre el tema de comer caracoles, donde unos mantenían que era algo asqueroso y otros que se trataba de degustar un auténtico manjar.

Después saltaron de la cuestión culinaria a la moral. En el bando partidario de comer caracoles, que era el menos numeroso, se argumentó que la Naturaleza se fundamentaba en la depredación pura y dura, y contra eso no se podía luchar. Los seres debían alimentarse unos de otros o se rompía la cadena trófica, con la destrucción del ecosistema que nos sustenta a todos. Así los carnívoros devoran a los herbívoros, estos pastan hierba, que no deja de ser un ser vivo, y todos son engullidos por los insectos, cuando mueren por vejez o violencia. Lo que no participa de la ética es hacer sufrir a nadie, sea quien sea en el mundo animal; pero, si no se le da una muerte cruel ni sádica, con el cuerpo de un muerto se puede hacer cualquier cosa, pues un cadáver no es más que un despojo, materia inerte. Es indiferente que se convierta en polvo, en ceniza o en alimento. Es más, si sirve para alimentar y así dar placer a un ser vivo, moralmente es más plausible que si desaparece degenerado en ceniza.

Sin embargo en el bando partidario de no comer caracoles, uno de los presentes levantó el cuerpo, elevando su concha, estiró los cuernos y afirmó que, por mucho que argumentaran, el canibalismo era inmoral. Y punto. El resto de caracoles hubieron de darle la razón y concluyó la polémica.

Ilustración de Julio Veredas Batlle

martes, 16 de junio de 2020

En busca de los senderos de la fama

Quería ser un escritor original. A lo largo del tiempo se habían escrito miles de historias, millones o más bien billones de historias. Sin embargo muy pocas eran originales, porque sus argumentos se repetían una y otra vez.

Se dio cuenta de ello cuando escribió una novela, que había surgido de lo más profundo de su introspección y después de auto publicarla, ya que ninguna editorial tradicional confió en él, alguien le dijo que estaba bien, pero que ya había leído algo parecido y que no dejaba de ser la misma historia contada con otros personales. Eso le horrorizó pues él había querido ser original, pensando que lo había logrado.

Pero no se dejó vencer, se apuntó a talleres de escritura creativa y allí insistieron en algo que ya era conocido por todo aspirante a escritor, que el número de argumentos posibles era muy limitado. Todas las novelas que se habían escrito eran variantes de unos argumentos básicos, por lo cual no era posible ser original.

¿Cómo era posible que no fuera posible?

Le contaron que solo existen en resumen diez tipos de historias. La más trillada es el romance amoroso, que inevitablemente termina en final feliz, después de pasar por algún escollo. Los autores que quieren ser originales, cambian ese final por uno desgraciado, dejando al lector/espectador de la ficción totalmente frustrado y jurando en arameo contra el autor.

De la misma forma analizó con detalle el resto de los argumentos potenciales: el de la virtud no reconocida, el del defecto fatal, la deuda que debe ser reparada, el de forzar a alguien a conseguir algo que se propone el protagonista, el del personaje que pierde un don o cualidad y tiene que conformarse con su nueva condición, el de la búsqueda que puede finalizar con el hallazgo o el fracaso, los ritos de iniciación o tránsito, el del personaje que llega a un lugar encarando un problema del que puede o no alcanzar la solución y, por último, el protagonista incontenible que acepta desafíos y obtiene el éxito.

Los géneros de novela negra, romántica, de aventuras, etcétera tan solo aplicaban una mirada diferente sobre esos mismos argumentos. Pero no es posible encarar uno diferente.

Repasando todos sus escritos, una sola novela, pero muchos cuentos, hubo de reconocer que todas sus obras encajarían sin duda en alguna de las historias básicas. Por tanto la originalidad no existía. Su amor propio y ego de escritor se derrumbó. Decidió que ahí acababa su recién iniciada carrera, que despediría con un último texto.

Entonces se decidió a escribir un relato corto, tal vez sin sentido, con el único propósito de ser original, aunque sabía que no lo lograría. Lo tituló “En busca de los senderos de la fama” y comenzaba así: “Quería ser un escritor original…” El texto lo terminó con este punto final.