viernes, 28 de febrero de 2020

La narrativa gráfica en la Italia de postguerra


En Italia, una vez concluida la II Guerra Mundial, se quiso hacer borrón y cuenta nueva en muchos aspectos, pero en el mundo de la narrativa gráfica —los fumetti— nada cambiará hasta los años 60. Los fumetti de humor siguieron siendo esencialmente infantiles, los giornalini continuaron las mismas tendencias, intentando soslayar el pasado con una comicidad neutral. Los textos rimados en las revistas de humor se conservarán hasta finales de la década de los 50.

En las revistas de aventuras tampoco cambiará nada en la postguerra, repitiendo diseño y contenido, aunque regresarán los personajes norteamericanos, pero ya no levantarán el entusiasmo que suscitaron en algunos sectores durante el fascismo. La calidad del papel y de la impresión con frecuencia fue pésima.

L'Asso di Picche aparece a finales de 1945 en Venecia y, aunque cierra pronto a causa del escaso éxito, es importante, tanto por su repercusión, como por reunir una importante nómina de autores, Ongaro, Faustinelli o Hugo Pratt, que emigrarán a Argentina en los años 50 y trabajarán para toda Sudamérica. El personaje principal de la revista, que le da nombre, es una imitación de los superhéroes norteamericanos, un enmascarado que actuaba en una ciudad de San Francisco plagada de gansters.

Topolino, que existía antes de la guerra, reaparece en 1945, continuando las historias en el punto en el que habían quedado cuando se cerró la revista en el año 43. El editor, Mondadori titubea cambiando la periodicidad en la publicación ante la baja respuesta de los lectores, acabando por volver a salir semanalmente. Desde 1960 pasa a formato de bolsillo, deja de publicar aventuras realistas y utiliza personajes de estética disneyana, alcanzando el éxito inmediato, pudiendo ofrecer trabajo a numerosos autores autóctonos.

Los giornalini humorísticos sufrirán todos una crisis y tendrán que reconvertirse imitando a Topolino. Florecieron los álbumes de bolsillo, con una comicidad libre de toda ideología, que introdujo a veces el elemento aventurero. Ediciones Alpe se convertirá en la mayor productora de fumetti humorísticos italianos.

Había otras revistas como Il Vittorioso, semanario católico, moralizante y anticomunista que se vendía en las parroquias y que no llegaría a conocer la crisis como sus competidores. Pioniere, por su parte era un semanario comunista para niños, vendido en Casas del Pueblo, pero no tuvo nunca mucha fortuna, sobreviviendo hasta 1964. En 1955, llegó a editarse la versión italiana de Tintin, por la Editorial Vellardi, pero no llegó a cuajar.

Ante el fracaso de las revistas de aventuras, los editores lanzan cuadernos en diversos formatos, con un personaje fijo. El resultado es diverso, pero se logró que algunos triunfaran y fueran muy difundidos. De esta forma los editores no arriesgaban, ya que si no alcanzaban el éxito se cesaba su publicación y se proponía otro héroe a los jóvenes lectores. Entre los personajes que triunfaron destaca Gim Toro que comenzó en 1946, de los autores Andrea Lavezzolo (1905-1981) y Edgardo Dell'Aqua (1912-1986), que narraba las aventuras de un italo-americano de gran fortaleza física.

También destaca el western Tex Wiler, que se llegó a convertir en uno de los personajes más célebres de los fumetti. Pero hubo muchísimos otros héroes como: Amok, Misterix, Pantera Bionda, Kit Carson, Pecos Bill, Akim, Capitán Miki, Sciuscià y Zagar. Como se puede deducir de los nombres se observa un vuelco hacia temáticas de los cómics norteamericanos, ya que, por ejemplo, Akim es una especie de Tarzán y Misterix sigue las pautas de Mandrake. El gran enemigo de antes, Norteamérica, es ahora el país a imitar.

Entre los autores de humor hay que citar algunos nombres como Cimpellin (Carleto Sprint o Tribunzio con guiones de Carlo Triberti), Sebastiano Craveri (La famiglia Zoo, para El Vittorioso), Lino Landolfi  (Procopio, La famiglia Bertolini), Luciano Bottaro (Pepito, con un fantástico universo personal ambientado en aventuras de piratas), Antonio Terenghi (Pedrito el drito, una desmitificación del western) o Giovan Battista Carpi (Soldino e Nonna Abelarda, un inquieto niño y su abuela temperamental).

Un poco más de espacio necesita Benito Jacovitti (1923-1997) por su originalidad y trascendencia. Solía firmar como Jac o como Lisca Pesce (espina de pescado). Contó con una imaginación desbordante creando un universo propio donde eran normales elementos totalmente surrealistas, como deformaciones de la anatomía (por ejemplo pies que tomaban la forma del bordillo de la acera donde se apoyaban), objetos incongruentes que aparecían por doquier (sobre todo salchichones, pescados, lápices o lombrices), una violencia gratuita de gusto cruel y sádico que llega a resultar cómica por su irrealidad, etc. Su estilo gráfico se caracteriza por el horror vacui, tendiendo a llenar todos los espacios de la viñeta. Trabajó para Il Vittorioso o Il giorno dei ragazzi. Alguno de sus personajes son Pippo, Pertica y Palla, Battista e il fascista, Cocco Bill, Tom Ficanasso, Gionni Galassia o parodias de superhéroes como Mandrake o Tarzán.

BIBLIOGRAFÍA:
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.

viernes, 14 de febrero de 2020

Los humitos del fascismo

Uno de los focos más brillantes de la narrativa gráfica mundial ha sido y es Italia, aunque su establecimiento formal en el país como lenguaje atravesase a comienzos del siglo XX el escollo del fascismo. Voy a reseñar brevemente su historia*.

Humitos —fumetti— es el nombre que dieron los italianos a la narrativa gráfica, destacando la forma de disponer los diálogos entre los dibujos, que aparenta humo. El término fue acuñado en el periódico oficial del fascismo, Il Popolo d'Italia, y tuvo tanta aceptación que lo asentó para años venideros. Fijan su nacimiento el 27 de diciembre de 1908, con el primer número del semanario Corriere dei Piccoli. Los denominados giornalini estaban dirigidos a los niños y adolescentes. Las narraciones eran generalmente humorísticas, con el texto a pie de dibujo y en estrofas rimadas que perduraron hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Se llegó al extremo de castrar el material americano que se llegó a importar (Buster Brown, Happy Hooligan, etc.), eliminando los bocadillos —humitos— y encasillando las secuencias en viñetas del mismo tamaño, quitando algunas y añadiendo el texto rimado.

De esta primera época merece citarse algún autor como Antonio Rubino (1880-1964), que destaca por su frescura y la creación de un universo poético. Estaba dotado de una gran facilidad para la inventiva, con la que desarrolló multitud de personajes.

Attilio Massino (1878-1954), entre muchas creaciones sobresale por su Bilbolbul, que data de 1908 y presenta una singularidad reseñable. Se trata de un personaje nativo africano, que vive en un continente de animales fantásticos y sus aventuras constituyen un juego con el lenguaje de la narración gráfica, pues realiza acciones que del todo punto resultan imposibles en la vida real, como dividirse en trozos y luego pegarlos con cola, abrirse el torso como si en lugar de carne y huesos fuera una chaqueta de tela, soportar una lluvia de signos de interrogación, alargarse como si fuera de goma, colorearse de colores imposibles, etc. Llegó a un alarde imaginativo de tal calibre que su violencia gratuita no fue comprendida como metáfora creativa, por lo que llegó a prohibirse, puesto que escandalizaba las limpias mentes de los protectores de la infancia, gran parte de los cuales, por otro lado, apoyaron el cruento movimiento fascista cuando se asentó a partir de 1922.

Entre otros muchos autores destacaremos también a Carlo Bisi (1890-1982), que es el autor de un grotesco personaje protagonista de una historia bufa doméstica, Sor Pampurio (1929); y a Bruno Angoletta (1889-1973), el cual dibujó en 1928 a Marmitone, un torpe soldado, anti héroe cabezota que con su oposición a la esencia militar contestaba el clima marcial imperante.

En enero de 1925 se asentó la dictadura mussoliniana, con un amplio consenso en el país, apoyándose en la recuperación económica, ayudada por la situación internacional. La ideología fascista, que es anterior al nazismo alemán y que propugnaba la autarquía, no solo económica sino también cultural, tuvo la desde sus orígenes la pretensión de adoctrinar a las nuevas generaciones y así garantizar su continuidad histórica. Por ello nacieron semanarios nuevos como Il Giornale dei Balilla (1923) o La Piccola Italiana (1927), cuyos personajes eran los héroes que el régimen quería.

En 1934 aparecen los primeros cómics de aventuras norteamericanos en L'Aventuroso, anteriormente se había publicado alguno nacional o de importación inglesa. La empresa Abisina de 1935 enardece el fervor nacionalista y esto estimula la producción de aventuras. En 1936 se crea una oficina para el control de la prensa infantil que incentiva la producción nacional, que girará alrededor de algunos temas tales como la aviación, el apoyo al levantamiento de Franco en España, el antivolchevismo, la campaña racial, el colonialismo de Abisinia o, más adelante durante la guerra, el mantenimiento del frente interno. En 1938 se prohíbe importar todo el material extranjero, lo que afecta sobre todo a los cómics norteamericanos. Este escollo se salvó torpemente, pues a los editores se les ocurrió redibujar por autores italianos obras de gran aceptación como, por ejemplo, Flash Gordon.

En los años anteriores a la caída del fascismo existieron unos grupos editoriales claramente ideologizados. En Saboya, los potentados del norte apoyaron el fascismo en torno al Corriere dei Piccoli. La Società Anonima Editrice Vecchi (SAEV), de tradición antifascista, trató de eludir las directrices del régimen y publicó producciones inglesas y, desde 1935, americanas. Nerbini en Florencia, cuya más importante publicación era L'Aventuroso distribuyó producción norteamericana de la K.F.S., a la vez que dio trabajo a muchos autores italianos. El Grupo Editorial de Mondadori, de Milán, sostenía una ideología liberal y nacionalista, a la vez que laica, separada del régimen, y cuya principal revista era Topolino. Citaremos por último una editorial católica, A.V.E. de Roma, que propugnó un fascismo católico.

* BIBLIOGRAFÍA:
- Coma, Javier. HISTORIA DE LOS CÓMICS (4 tomos). Toutain Editor, Barcelona, 1982.
- Gaumer, Patrick y Moliterni, Claude. DICCIONARIO DEL CÓMIC, ILUSTRADO, Larousse Planeta, S.A. Barcelona, 1996.
- Guiral, Antoni. DEL TEBEO AL MANGA. UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS (10 tomos), Panini Comics, Barcelona, 2007-1013.


viernes, 31 de enero de 2020

Viaje de un caracol a la ciudad

¡Qué vida más apacible la del que vive en el campo! Eso sí, aburrida como una ostra. Siempre tuve curiosidad por esos tipos urbanitas que nos visitan de vez en cuando, domingueando sobre todo, y que ponen tanto cuidado en no pisar la boñiga dejada al descuido por cualquiera. Suelen expoliar toda seta o níscalo que encuentran, arrasando incluso con los retoños de hongos que en veinticuatro horas podrían alcanzar un tamaño como para saciar al más exigente. Pero, si alguien pasa de largo el ejemplar más minúsculo, el pisaverde que vaya detrás arramplará con él.

Soy por naturaleza curioso. ¿Cómo serán esas ciudades de las que dicen venir los forasteros? ¿Allí no hay setas, bostas ni bichos? Desde hace tiempo que me apetece mucho conocer esos lugares lejanos y enigmáticos. Así que cuando uno de esos tipos embotados, hurgaba entre la hierba en la que yo trajinaba y me agarró de la concha, en el fondo me alegré. Supe que iba a viajar. Me introdujo en una cesta donde me encontré de sopetón con un montón de caracoles, como yo, algunos incluso conocidos. Eso sí, debido a que todos somos hermafroditas, tuve que cuidarme y pasar alternativamente de macho a hembra y viceversa, ya que no me faltaron proposiciones de colegas, que estaban en una proximidad obligada. “No me busques, chica, que yo también lo soy”. “Quita para allá, machote, no sea te lleves lo que quieres darme”. Jejé, los tuve mareados un rato, hasta que comprendí que no les hacía falta, debido a la cantidad de opciones que se les presentaban. Yo solo era uno más.

Después de traquetear durante mucho rato en su máquina corredora, donde nos colocaron a oscuras en el maletero, salimos a la luz en uno de sus hogares ciudadanos. Sí, objetivo alcanzado, estaba en la ciudad.

Pero pasé varios días sin ver nada, todo era rutina y encierro. Nos tenían confinados en una caja, taponada con una especie de malla irrompible para mis pobres dientes gasterópodos. Resumiré para no aburrir. Primero nos dieron mucho de comer, lechuga sobre todo. Por lo menos los anfitriones eran generosos. Luego nos hicieron pasar hambre, pues erradicaron la comida por completo de nuestra especie de cárcel. Creo que llegué a cagar hasta lo último que me había llevado al estómago, sin opción a reponerlo. Después nos remojaron en agua, frota que frota, sacándonos las roñas campestres. Aunque al final lo compensaron con el espá. Nos dieron un baño a todos juntos en una especie de bañera metálica. El agua en principio estaba fría, pero se fue templando poco a poco. ¡Qué gozada! Asomé la cabeza para disfrutar. Bueno y también para respirar un poco.

En eso, no se me dejaba de venir a la cabeza que mi ilusión era conocer cómo es una ciudad y que, por muchas atenciones que nos dieran, estaba perdiendo el tiempo allí. Así que me armé de agallas y trepé por las paredes que estaban aún más calientes. Al llegar al filo de la sauna, me impulsé, rodando fuera. Cuando me recompuse me sentí aliviado, ya que la temperatura del agua había alcanzado un nivel que me estaba resultando incómoda.

Dejé que mis compadres siguieran disfrutando del baño y yo me deslicé hacia abajo del mueble, luego patiné por el suelo y más tarde subí por la pared, hasta alcanzar una ventana por la que puede salir al aire libre. Descendí la fachada, me escurrí por lo que llaman acera y alcancé un espacio verde, auténticamente sabroso. Sé ahora que lo llaman jardín, pero tiene cierto parecido con el campo. Me repuse comiendo hierba fresca, pensando en lo bien que lo estarían pasando mis congéneres. Ahí, en la sauna, tan limpitos, abriendo sus instintos al placer y cambiando el sexo continuamente para que nadie quedara insatisfecho.

Pero no me arrepiento, me alegro de haberme marchado, ya que lo que yo quería desde el comienzo era esto, conocer la ciudad.

miércoles, 15 de enero de 2020

Maneras de viajar


Sobre el tema de los viajes hay mucho que decir, pues existen tantas maneras de embarcarse en una aventura como gustos. Y, ya se sabe, sobre gustos se ha escrito tanto que no puede uno perder el tiempo pretendiendo leerlo todo.

Para desplazarse, hay a quién le gustan los automóviles, esos cacharros con ruedas de goma, que alcanzan velocidades que despeinan. A no ser que estén techados. O no tengas pelo, esa es otra.

Pero también se puede volar. Muchos no se explican dónde está la magia que hace posible que con un “abra cadabra” se consiga que un trasto de muchas toneladas de peso flote en el aire. Pues no es magia, ni magio. Hazme caso, coge una piedra, aunque pese es igual. ¿Crees que vuela? ¿No? Entonces tírala con ímpetu y verás cómo planea mientras le dure la inercia de la fuerza aplicada. Pues a uno de esos aeroplanos, no hay más que aplicarle fuerza constante y, hala, magia potagia. Claro que también están los ingenieros, que saben de aerodinámica y esas zarandajas, posibilitando a los pilotos dirigir esos cacharros por la masa gaseosa.

Incluso por encima del agua se puede viajar en un pesado y metálico armatoste. En esto, me han dicho, tiene mucho que ver un tal Arquímedes. Que si todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado. Parece difícil de entender, pero con que lo entiendan los ingenieros hay suficiente. Flota.

¿Y qué decir de viajar por debajo del agua? Pues también. Y los hay incluso amarillos.

Lo que yo no entendí era el viaje ese en el receptáculo cerrado que vi antes. Sin una ventana para observar el paisaje y con capacidad para una sola persona, lo cual limita bastante la conversación. Tal vez, esa especie de cajón de madera tenga dentro algún dispositivo con altavoces para escuchar música, ¡porque si no…!

Cuando, después de meterlo en el agujero, le empezaron a echar encima paladas de tierra, supuse que ese tenía que ser su último viaje.

En fin, yo a lo mío, a seguir comiendo, que esta hierba está muy fresca.