Una morena me enamoró cuando éramos aún adolescentes.
Dos ojos color miel fueron suficientes para decidir que la
amaría siempre.
Tres semanas de paseos por el parque, nos llevaron al noviazgo.
Cuatro meses tardé en pedirle que se casara conmigo.
Cinco años necesitamos para hacer realidad ese deseo.
Seis hijos llenaron de felicidad nuestros días.
Siete eran las plantas de aquel maldito hospital.
Nueve de octubre marcaba el calendario el día de su
entierro.
Diez minutos llevo dudando si dispararme la escopeta en el
pecho.
Pero he decidido que no, que a mi vida aún le falta el ocho.
Te ha salido un relato redondo, un relato más chulo que un ocho.
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