jueves, 28 de febrero de 2019

Cuentos artesanos


El pasado 17 de enero tuve el placer de colaborar en la presentación del libro de un amigo, “Cuentos Artesanos” de Alejando Pérez García, del que me apetece realizar ahora una reseña, ya que el libro lo merece. Detrás está un autor que conoce bien, y así lo demuestra, la forma de narrar en corto. El cuento es un género literario y, como tal, no es ni mejor ni peor que el resto de géneros. Es el contenido lo que le da o quita calidad.

Alejando Pérez García se ha preocupado de crearse un oficio a base del estudio y del conocimiento del género que trata. Pero también es una persona humilde y es el motivo por el que ha titulado a su libro como “Cuentos artesanos”. Ello me trae a la mente los oficios que antiguamente se desempeñaban de forma artesanal, en un aprendizaje que llevaba a los novatos a estudiar con el maestro, hasta que ellos mismos lograban el grado de maestro. Así Alejandro es un artesano, que trabaja los materiales que va conociendo poco a poco y que ya ha conseguido, en mi opinión, el grado de maestría en el oficio.
“Cuentos artesanos” es una colección de historias independientes, que tienen el realismo como elemento común. Este realismo brota de la experiencia en los ambientes urbanitas madrileños y también rurales desde mediados del siglo XX hasta nuestros días, que formaron la biografía del autor. Alejandro nos presenta en este libro 35 historias diferentes, que beben de su experiencia, llevándonos desde el relato de la vida en un pequeño pueblo a mediados del siglo pasado, al mundo urbano de nuestros días. Lo importante son los personajes, su trayectoria vital que los enfrenta a contradicciones, las cuales a veces se resuelven de forma positiva y otras no.
Todas son historias humanas, de aprendizaje. Cada uno de los protagonistas se enfrenta a una etapa crucial de su vida o bien al resumen de toda su existencia.
Entre los ingredientes que utiliza en sus narraciones, es remarcable el sentido del humor en muchos de los cuentos. Un humor muy sutil, como cuando relata las dificultades de un urbanita para con las labores desagradables y apestosas del cuidado del ganado a las que no logra adaptarse (Imposible) o los desvaríos de un personaje que quiere recobrar el queso de su infancia (Amarillo, mantecoso, suave). También utiliza en ocasiones un humor más extremo, como la forma que tiene de relatar con metáforas el despertar a la sexualidad del pastorcillo Pascasio (El bote de los cominos).
Tiene cuentos experimentales, con su toque de surrealismo, como las diatribas de un álamo viejo en la plaza del pueblo a un perro (Desde la plaza) o el monólogo del pensamiento inconsciente de un narrador que se deja llevar escribiendo con su pluma en un vagón del metro (Pluma nueva).
También hay relatos amargos, sin una concesión a la benevolencia para con los personajes (Juguetes para matar) (Malos tragos) (Libre en la prisión).
Los 35 cuentos están divididos en cuatro apartados, por temáticas, cada una de ellas introducidas por una cita:
1.-          Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito (Truman Capote), 9 cuentos.
2.-          No hay malas hierbas; solo hay malos cultivadores (Víctor Hugo), 9 cuentos.
3.-          En el amor, todas las cumbres son borrascosas (Alphonse François), 10 cuentos.
4.-          El que posee un amigo verdadero puede decir que posee dos almas (Arturo Graf), 7 cuentos.
Los nueve primeros cuentos hablan de personajes fracasados, bien por desvaríos (Amarillo, mantecoso, suave), por no valer para ciertas actividades (Imposible) (El lunes al tajo), por sentirse inútil (Pluma nueva) o por desgracias de la vida (Esto es una mierda) (Todo está escrito) (Una crónica guapa) (La lección bien aprendida) (Un instante inexorable). En estos cuentos no hay moraleja, más allá de las lecciones que aprenden, o no, los protagonistas.
El siguiente apartado reúne otros nueve cuentos que siguen hablando del fracaso, pero esta vez de forma negativa, ya que son desgracias irremediables protagonizadas por personajes de conductas despreciables. Hablan de gente en paro, de las desdichas de la guerra, del maltrato, del alcoholismo, etc.
En el apartado tercero, aborda un tema un poco escabroso, como son las relaciones de pareja y aquí es donde más sobresale el sentido del humor en algunos de los diez cuentos. Aunque en su práctica totalidad están tratados con delicadeza y sumo cuidado en no utilizar lenguaje soez. Hay matrimonios interesados, separaciones, infidelidades y despertares a los placeres de la vida.
El último apartado es un canto a la amistad, algo que el autor valora mucho. Amigos que se separaran por diversas cuestiones y anhelan en reencuentro (El premio), el pago por favores de hace muchos años (Condenada a morir), los cuidados de personas ancianas (Con buenos ojos), la partida al peligro de un ser querido (Solo faltan dos días), el sobreponerse a las dificultades (Perdidos), la mayoría de edad (El regalo) o una lúcida metáfora sobre el trabajo en equipo y la posición de las dos ruedas de una bicicleta, la que sirve de motor y la que gobierna la dirección.
Para terminar, es conveniente detenerse un momento en la forma de narrar de Alejandro. El lenguaje rico y muy preciso. Usa los términos adecuados en cada momento y su conocimiento de palabras, ya en desuso o poco habituales, evoca con precisión otros tiempos y lugares: albahaca, acequias, calostros, tesos, umbría, cándalos, alborada...
Las metáforas están muy cuidadas y son hermosas, remarcando la pulcritud de su forma narrativa. Quisiera destacar alguna:
“La esponja del tiempo borró muchas imágenes de su memoria” (página 13).
(En el metro:) “Voy de aquí para allá por las tripas de la capital, desplazándome sobre el paralelo herrumbroso y brillante en la oscuridad…” (página 43).
“La miró a los ojos, grandes como balcones, se asomó a ellos y vio al otro lado tardes de sol y lluvia” (página 162).
“Los rugidos del mar me conmovían al desbaratarse contra los farallones…” (página 174).
Pero también utiliza el lenguaje coloquial en muchas ocasiones, cada vez que los personajes lo requieren, para dar credibilidad a los diálogos de gentes de baja estofa o de simples campesinos.
Aquí acabo. Espero despertar el interés por su lectura y no haber desvelado demasiado. En todo caso lo importante de cualquier creación literaria, no es el argumento, sino las palabras, que puestas unas detrás de otras hacen que pases un rato agradable de lectura, que es lo que deparará a cualquier lector este libro. 

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