martes, 11 de julio de 2017

Hasta siempre, Alfredo

Se me ha muerto un amigo. Quisiera hacerle un homenaje en mi blog, dedicarle unas palabras, pero no las sabré decir tan bellas como las de Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé. Así que no competiré con el poeta y tampoco voy a apelar al dolor, me limitaré a brindarle a Alfredo unas pocas líneas que sirvan de agradecimiento a su amistad, a su cercanía, a su humanidad.

Fuimos vecinos desde niños. Siendo de edades parecidas, ambos del barrio del Teso, debimos haber coincidido, pero cuando nos presentó César, hace casi cuatro años no nos conocíamos. César nos embarcó en la loca aventura de crear una asociación con la que poder compartir intereses comunes alrededor de la faceta que nos unía, que era la escritura, a la que llamamos “La sombra del ciprés”. Desde entonces viajamos juntos por la vida. Nos viésemos mucho o poco, ahí estábamos el uno para el otro. Juntos participamos en innumerables actividades. César hacía la propuesta y Alfredo y yo le seguíamos ciegamente. Hoy la asociación ha crecido tanto que no nos necesita, pero Alfredo, con su marcha, ha dejado en ella un hueco irrellenable. Nos va a faltar su sabiduría y su tranquilidad.

Era un zoom politkón, un animal político. Es con lo que más disfrutaba, además de con el tenis. Y lo hacía tan bien, que todos los medios locales le ofrecieron una columna, sin él ir a buscarla. Era muy polémico y no dejaba a nadie indiferente. Pero solo encendía la mecha, no se enzarzaba en discusiones con nadie, no merecía la pena. Ni siquiera leía los numerosos comentarios que generaban sus palabras. Una vez me dijo que si entrase al trapo a todo, podían presionarle para que no dijese lo que pensaba. Podían coartar su libertad y eso no lo quería. Era su opinión y debía ser respetada como él respetaba verdaderamente a los que pensaban diferente. Y para crear su opinión había leído mucho. Era capaz de realizar citas de memoria, tenía los libros en la cabeza, pues no quería saber nada de tecnologías de la información ni de redes sociales, a pesar de trabajar en la ofimática. Escribía a mano, en su cuaderno, casi siempre en un bar, donde entablaba conversación con “la parroquia” que se tomaba su carajillo a primera hora de la mañana, cuando él comenzaba su jornada laboral. A mediodía muchas veces lo encontré en una mesa apartada, haciendo sus escritos al olor de un café.

Aunque yo no compartía ideología con él, me encantaba escucharle. Era un excelente orador que no necesitaba prepararse el alegato. Su forma de hablar, pausada, seria y con mucha seguridad embelesaba. Él tenía muy claras las ideas y su disertación fluía ordenada y lógica. Pero, a pesar de su discurso, daba prioridad a las personas antes que a las doctrinas. Insistía mucho en ello. Las ideas podían cambiarse pero las personas son insustituibles.

No te has ido del todo, Alfredo; tu libro Intentando ser feliz… A ratos, conserva tu filosofía ante la vida. La portada nos dice unas palabras tuyas, como siempre, sabias: “La única verdad de la vida no la tiene nadie. La única verdad de la vida es la que cada uno tiene que vivir”. Voy a releerlo para volver a escucharte. Para volver a sentirte y saber que no te has ido del todo. Es lo que tiene ser escritor, que renaces vivo con quién te lee.

Sólo hay nacer y morir, lo demás es cosa vana. Lo que vivimos no tiene importancia, no se la demos. Limitémonos a vivir intensamente, sin tener en cuenta las diferencias personales, los agravios, los desaires, los malentendidos, las ideologías, las fronteras... Somos personas. Hemos nacido. Somos mortales, por lo que nos espera indefectiblemente la muerte. Pero mientras esta llega gocemos de lo que tenemos: Vida.

Adiós, Alfredo, hasta que volvamos a vernos.

P.S.: No puedo dejar pasar que hace unas semanas también se fue un amigo de la infancia, Edu, que hoy, 11 de julio, cumpliría años. También te echo de menos.

Dejo las palabras de Miguel Hernández a modo de desahogo, para llorar con ellas al evocarlas en primera persona.

ELEGIA A RAMÓN SIJÉ

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
Un hachazo invisible y homicida,
Un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
Y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández, 10 de enero de 1936 

10 comentarios:

  1. Allá donde esté, Alfredo estará orgulloso de tener un amigo así.
    Sincero, emotivo y elegante.
    Felicidades, Cistóbal!

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  2. No le conocí pero seguro que hemos perdido alguien grande.

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  3. Con amigos como tú, Cristobal, se pierde el miedo a la muuerte.

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  4. Sentido adiós, Cristóbal. Lleno de emoción. A la vez transmites el valor de la amistad incondicional. Abrazos.

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  5. Gracias a todos. Alfredo se lo merece todo y en este pequeño homenaje lo que he intentado es dejar constancia de que le voy a echar de menos, al igual que todos los que le conocían.

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  7. Allí dónde esté estará orgulloso de la huella que te ha dejado a ti y a todos los que le conocían. Emotivo homenaje.
    Enhorabuena Cristóbal.

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  8. Ver que mi tío era tan querido y respetado es un honor y un orgullo para mí y toda nuestra familia. Gracias, de todo corazón.

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