A las cuatro de la tarde, la chiquillería de la escuela
pública de la plazuela del Limón salió atropelladamente de clase, con algazara
de mil demonios. Ningún himno a la libertad, entre los muchos que se han
compuesto en las diferentes naciones, es tan hermoso como el que entonan los
oprimidos de la enseñanza elemental al soltar el grillete de la disciplina
escolar y echarse a la calle piando y saltando. La furia insana con que
se lanzan a los más arriesgados ejercicios de volatinería, los estropicios que suelen
causar a algún pacífico transeúnte, el delirio de la autonomía individual que a
veces acaba en porrazos, lágrimas y cardenales, parecen bosquejo de los
triunfos revolucionarios que en edad menos dichosa han de celebrar los hombres...
[¡Po-pac! Facebook. 23 personas han
reaccionado a un recuerdo. Pues cojonudo, aquí me falta peña, sin duda. Katy
Lalinda ha añadido contenido a su historia… Pasando. Hoy es el cumpleaños de
Sara Díez y 2 personas más. No tengo tiempo. Además no conozco a ninguno de
ellos. Retomemos]. Salieron, como digo, en tropel; el último quería ser el
primero, y los pequeños chillaban más que los grandes. Entre ellos había uno de
menguada estatura, que se apartó de la bandada para emprender solo y calladito
el camino de su casa. Y apenas notado por sus compañeros aquel apartamiento que
más bien parecía huida, fueron tras él y le acosaron con burlas y cuchufletas,
no del mejor gusto. Uno le cogía del brazo, otro le refregaba la cara con sus manos
inocentes, que eran un dechado completo de cuantas porquerías hay en el mundo;
pero él logró desasirse y... pies, para qué os quiero. Entonces dos o tres de
los más desvergonzados le tiraron piedras, gritando Miau; y toda la
partida repitió con infernal zipizape: Miau, Miau. [¡Po-pac! Vaaaaya,
Twitter. Maya Reis Gabeira la mujer
que ha surfeado una ola de 22,4 metros de altura batiendo el record mundial.
Alucino con el vídeo. ¡Like! Pablo
Echenique, pasando. Voy a dejar de seguirle. El flipao del Maco y sus bobadas,
pues no voy a likear su cara guapa,
que no lo es].
El pobre chico de este modo burlado se llamaba Luisito
Cadalso, y era bastante mezquino de talla, corto de alientos, descolorido, como
de ocho años, quizá de diez, tan tímido que esquivaba la amistad de sus
compañeros, temeroso de las bromas de algunos, y sintiéndose sin bríos para
devolverlas. [¡Po-pac! Tik Toc. No
tengo tiempo ahora para bobadas]. Siempre fue el menos arrojado en las
travesuras, el más soso y torpe en los juegos, y el más formalito en clase,
aunque uno de los menos aventajados, quizás porque su propio encogimiento le
impidiera decir bien lo que sabía o disimular lo que ignoraba. Al doblar la
esquina de las Comendadoras de Santiago para ir a su casa, que estaba en la
calle de Quiñones, frente a la Cárcel de Mujeres, uniósele uno de sus
condiscípulos, muy cargado de libros, la pizarra a la espalda, el pantalón hecho
una pura rodillera, el calzado con tragaluces, boina azul en la pelona, y el
hocico muy parecido al de un ratón. [¡Po-pac! El Facebook ahora de los cojones. Jejé, esta Leire está tronada, pero
muy buena eso sí. Toma like con todo
mi love. Y qué amigas tiene… ¿Por
dónde iba?] Llamaban al tal Silvestre Murillo, y era el chico más aplicado de
la escuela y el amigo mejor que Cadalso tenía en ella. Su padre, sacristán de
la iglesia de Montserrat, le destinaba a seguir la carrera de Derecho, porque
se le había metido en la cabeza que el mocoso aquel llegaría a ser personaje,
quizás orador célebre, ¿por qué no ministro? La futura celebridad habló así a
su compañero:

[¡Po-pac! Ahora el
Instagram,
que no me falte de na’. A ver, a ver a ver, el
Jhonny y sus pasadas con el monopatín. Otra
cover de la
Jenny. Aprende
a tocar la guitarra primero y luego a entonar, ¡que lo flipas!. Pero ahí va mi
like, que también estás buenorra, a ver
si pillo. Para, para, que no desengancho. ¿Dónde puse el puto libro?]. «Mia tú,
Caarso, si a mí me dieran esas chanzas, de la galleta que les pegaba les
ponía la cara verde. Pero tú no tienes coraje. Yo digo que no se deben poner
motes a las presonas. ¿Sabes tú quién tie la culpa? Pues
Posturitas, el de
la casa de empréstamos. Ayer fue contando que su mamá había dicho que a tu
abuela y a tus tías las llaman las
Miaus, porque tienen la fisonomía de
las caras, es a saber, como las de los gatos. Dijo que en el paraíso del Teatro
Real les pusieron este mal nombre, y que siempre se sientan en el mismo sitio,
y que cuando las ven entrar, dice toda la gente del público: 'Ahí están ya las
Miaus'».
Luisito Cadalso se puso muy encarnado. La indignación, la vergüenza y el
estupor que sentía, no le permitieron defender la ultrajada dignidad de su
familia. [Cojones, ¿de qué iba la cosa?… ¿Quién es Luisito Cadalso? A tomar por
culo el libro… (
Tik Tok. Jejé, ¡cómo
bailan estas coreanas! Yo es que me parto)].
Me gustaría que este
relato fuera una rallada de mi coco, pero… En todo caso sirva como homenaje a
don Benito Pérez Galdós, del que celebramos este año el centenario de su muerte los que
apagamos el teléfono móvil para leer. De su novela “Miau” he tomado los coitus
interruptus anteriores.