miércoles, 11 de junio de 2014

La sinrazón de la razón manipulada

Estando en la coyuntura política en la que estamos, no quisiera dejar pasar la oportunidad de posicionarme con claridad a través de unos argumentos, para mí incuestionables, aunque ello me suponga desencuentros. Nunca pretendo tener razón absoluta, pero esto es lo que pienso sinceramente. El que vea errores, que me lo comunique, que no me importa cambiar de opinión, si ello me lleva a la verdad.

Con la abdicación del rey Juan Carlos se abre, querámoslo o no, un periodo de cambio. Cambio que quieren minimizar los que apoyan la monarquía, tratando de obviarlo, para verlo como simple transición, pidiéndonos que confiemos en su vástago “tan bien preparado para el puesto”.


En primer lugar está la legitimidad. La Ley de Sucesión de 1947, que era una de las ocho leyes fundamentales del franquismo, decía que sería Franco quien nombraría al monarca del reino «cuando lo considere conveniente». Naturalmente, que tal designación fue caprichosa, sin respetar líneas de sucesión tradicionales, pues el carnicero del Pardo no quiso a Alfonso de Borbón, ni al padre de Juan Carlos, porque no le apeteció, ¡que si hubiera querido...! Luego la Constitución de 1978, ratificada en referéndum, santifica ese capricho. Pero, ¿qué legitimidad tiene una monarquía que nos metieron en el mismo paquete junto a la democracia y que no se ha votado por separado?

Una vez recobrada la democracia tras el franquismo, nunca-jamás se nos ha preguntado qué forma política queremos, monarquía o república. Por ello, se debería aprovechar esta coyuntura de “relevo generacional” para consultar a los ciudadanos de nuestro país qué es lo que de verdad queremos. Y no debería haber problema, que si la mayoría quiere la monarquía la tendremos legítimamente, no como hasta ahora.

Parece que nadie discute que somos ciudadanos, en lugar de súbditos, ya que nuestra “democracia” nos constituye en igualdad a todos, excepto, y esto es importante, al monarca, con privilegios tales como la irresponsabilidad ante la ley. Quiere esto decir que si los presuntos delitos cometidos por el yerno del rey abdicado, los hubiera cometido el propio monarca  –¿qué no sabremos?–, ninguna instancia judicial podría juzgarle. En España hay, por tanto, un individuo por encima de la ley, que tiene sus negocios privados y que no puede ser juzgado nunca. Y este privilegio se lo transmite como herencia a su hijo.

Y hago hincapié en el término masculino de “hijo”, porque es lo que dicen actualmente nuestras leyes. En nuestro siglo –y durante los dos anteriores– se ha ido ganando día a día la igualdad entre hombres y mujeres. Pero existe un ámbito donde se ha saltado arbitrariamente esta pretensión justa –aparte, claro está, de la esfera privada de la Iglesia–. Sería coherente con nuestros días que la sucesora al trono fuese la primogénita, la infanta Elena. Pero, aprovechando los coletazos de las leyes franquistas que consideraban a la mujer como ciudadano de segunda clase, se ha mantenido la prevalencia del varón. Y, por favor, que no me hablen de leyes sálicas tradicionales de la monarquía, por mucho que lo recoja nuestra legislación, pues quedan tan desfasadas en nuestro siglo, como el derecho de pernada, o el servilismo, y si no se han suprimido ya es porque no se ha querido.

Sottovoce se explica que la primogénita no es “adecuada” para el puesto, y no hay duda de que en cuanto esté reinando Felipe, se sancionará una ley que acabe con esta aberración legislativa, para que Leonor sea la Princesa de Asturias y ningún hermano varón que esté por nacer le quite el puesto. Pero, ¿quién nos garantiza que no aparecerá otra “Elena” en la línea sucesoria? O, peor aún, algún personaje indigno, que de estos en el linaje borbónico tenemos todos los que queramos, significándose los ejemplos del ignominioso Carlos IV, del nefasto Fernando VII, de la casquivana Isabel II o del corrupto Alfonso XIII.

A ello hay que sumar la forma fraudulenta y criminal de terminar con la II República Española. Un golpe de estado fracasado, que sus organizadores quisieron que fuera muy violento desde su concepción, para que no hubiera vuelta atrás, y que concluyó en uno de los episodios más vergonzosos de la Historia de España de todos los tiempos, como fue la Guerra Civil. Y con ésta no acabó todo, pues fue continuada con la sangrienta represión del régimen subsiguiente, el cual dejó “atado y bien atado” quién nos debería gobernar en lo sucesivo.

No existe otra forma de cerrar esas heridas y conseguir de verdad la reconciliación, que con la negación de tal régimen franquista y de sus consecuencias. Una de las cuales es la actual monarquía borbónica.

Mucho se habla de la imagen exterior de nuestra monarquía y de cómo nos quieren por ahí fuera por tener un rey. Me temo que no es el caso del resto de repúblicas, que si nos envidiaran no tendrían más que coronar a su presidente y regalarle la heredabilidad. ¿Absurdo, no? Entonces, ¿quién nos quiere por ser monárquicos? ¿Las dictaduras del Oriente Medio? ¿Los países iberoamericanos? A las primeras les daríamos el mejor de los ejemplos con una democracia parlamentaria republicana y los segundos nos apreciarían de verdad si nos viesen como a iguales, como hermanos de lengua y cultura, que han tenido históricamente un gran encuentro de continentes y algunos encontronazos colonizadores. Colonizaciones dirigidas por monarquías de siglos pasados. Jamás nos verán como a hermanos, junto a los que realizar proyectos, si la soberbia monárquica sigue acompañándonos. ¿Cuándo abriremos los brazos a Latinoamérica como iguales? ¿Y a nuestros hermanos portugueses? ¿Les pediremos que se federen en una república ibérica, o que sean súbditos de nuestro rey?

En otro argumento, hay quien dice que la monarquía sale más barata que una presidencia republicana, y echan cuentas y todo. Perdonen, pero así, a gosso modo, no puedo creerlo, aún sin entrar a valorar cómo nuestro monarca recién abdicado tiene una misteriosa fortuna de unos 1.800.000.000 €, lograda en sus treinta y nueve años de reinado. Son datos del prestigioso diario The New York Times, a quien nadie ha desmentido. Que no me cuenten trolas, ¿cómo va a ser más caro realizar elecciones presidenciales cada cuatro o cinco años, y mantener a un presidente de la República, que pagar una Casa Real y toda su descendencia, con sus palacios y boatos –léase bodas, barcos y vacaciones?

Es por estas razones que veo necesario posicionarme a favor de la consulta popular sobre la continuidad de la monarquía y, en esta consulta, abogo por la forma republicana que recupere el espíritu modernizador de la II República, truncada sanguinariamente por quienes no soportaron el régimen democrático, y que fueron apoyados abiertamente por los fascismos europeos que tanto daño trajeron al continente.


La democracia que, teóricamente, es el gobierno del pueblo, debe hacerse desde abajo hacia arriba, y desde la igualdad de todos los ciudadanos, que elegirán su forma política de manera libre y no impuesta.

¿Existe algún motivo racional para continuar en el siglo XXI con una institución obsoleta, que es cara, es injusta, no da prestigio, tiene privilegios y fue impuesta por una dictadura?

sábado, 31 de mayo de 2014

Soy el Rey del Mambo

La Literatura es un cajón de sastre que custodia creaciones sumamente diversas, pero a todas las cuales se puede dar el título genérico de literarias, lo cual plantea no pocos malentendidos.


Ya he expresado anteriormente en este blog cómo la poesía me parece la cumbre de la realización literaria, capaz de expresar con la mínima expresión un máximo de sensaciones, imágenes, conceptos filosóficos, etc., enriqueciendo, además, el idioma.

Por su complicada realización, debido al potencial empleo de innumerables figuras literarias
–metáforas, alegorías, sinestesias, aliteraciones, pleonasmos, epítetos…–, por sus ambiciosas pretensiones filosóficas o, en fin, por su forma abstracta o conceptual equiparable a las artes plásticas de la última centuria, la poesía se ha enquistado en una minoría de intelectuales que son los únicos capaces de comprenderla. Existiendo, es verdad, alguna notable excepción que ha sido capaz de llegar a públicos más amplios –me vienen a la mente ahora García Lorca o Miguel Hernández.

Podemos decir que a los poetas los leen esencialmente otros poetas y eruditos literarios. Lo cual es una opción, está bien, porque la calidad acaba por transcender en la Historia de la Literatura, aunque no sea necesario encerrarse en este elitismo.

Tomando otro ejemplo, para concluir de forma breve mi argumentación, los ensayos también son elitistas, se dirigen a un público formado e informado en la materia de que versan. Algunos pretenden públicos más amplios, tratando de emplear una pedagogía de carácter divulgativo, por ejemplo tratando temas sociales o económicos que expliquen la crisis actual al gran público, pero en general son tratados epistemológicos que versan sobre un conocimiento sectorial de alguna ciencia o materia.

En el extremo contrario estamos los novelistas, que buscamos abrirnos a las grandes masas de lectores, sean personas preparadas o busquen tan sólo una distracción intranscendente. Pienso que la novela de todos los tiempos ha pretendido llegar a públicos amplios y populares, con algunas excepciones. La cumbre literaria del castellano, El Quijote, se escribió para divertimento de las masas, incluso las analfabetas, las cuales esperaban a que algún allegado letrado les entretuviera con la lectura en voz alta de sus capítulos. El Quijote fue un éxito de ventas, al igual que El Lazarillo, La Celestina o la Lozana Andaluza. Sus autores perseguían llegar a amplios sectores y no ceñirse a una élite culturizada, lo cual en modo alguno quiere decir que carecieran de calidad. Esto es manifiesto porque estas obras han pasado a la posteridad y los estudios innumerables que se han efectuado sobre ellas ponen de relieve todas sus cualidades literarias.

En el mismo caso que la novela está el teatro: Shakespeare, Calderón, Lope de Vega…

Se puede argüir en contra de este razonamiento que también existen novelas elitistas de mucha calidad –Ulises de Joyce, Rayuela de Cortázar…–, pero, como ya dije antes, la excepción confirma la regla.


A lo que voy es a que en este cajón de sastre que es la Literatura, cada expresión literaria tiene un márquetin diferente. A un ensayista le interesa que su obra se difunda en los medios académicos a los que pretende contribuir, los poetas se consideran pagados con certámenes y premios literarios, con reseñas de críticos y con la lectura de otros poetas, gentes que pueden entenderles. Pero los que queremos ser novelistas nos convertimos en putas. Sí, en personas públicas que nos vendemos de plaza en plaza y de feria del libro en feria del libro. Si una novela no se da a conocer en presentaciones en librerías, en entrevistas de los medios de comunicación, o con publicidad similar a la de un champú o un coche, entonces el gran público, al que se pretende llegar, no sabe que existe. Y si no existes no te leen.

Una novela se parece más a una producción cinematográfica que a un libro de poemas. Es una inversión empresarial que se necesita rentabilizar para poder tener continuidad. Siempre habrá fracasos, siempre saldrán a la luz obras que no merezcan la pena, pero un novelista necesita decir qué es lo que escribe para encontrar a los lectores a los que pueda interesar. Hay lectores de novela que buscan la novela negra, la romántica, la novela gótica, la erótica, la de aventuras, la histórica. O los que buscan un autor que una vez les gustó en una anterior lectura.

Desde luego que el sueño de cualquier escritor es que se le reconozca su obra y pasar a la posteridad. Trascender su vida dejando huella en generaciones posteriores. Pero, ¿quién tiene garantizado que por su calidad indiscutible pasará a la posteridad? Nadie. La historia está repleta de grandes celebridades en su tiempo, que se creían en la cumbre de la calidad, que eran reconocidos como indiscutibles figuras, pero que a raíz de que murieron nadie continuó leyéndolos y el polvo del tiempo acabó por enterrarlos. ¿Ejemplos? Numerosos.  Pero como muestra un botón: José de Echegaray (1832-1916) fue un literato ampliamente valorado en su época, miembro de la Real Academia de la Lengua y de las Ciencias, diputado en la I República, fundador del Partido Republicano Progresista, literato de gran éxito con sus obras de teatro que, incluso, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1904, pero al que hoy en día casi nadie recuerda, a excepción de los estudiosos especializados. Basta con citar los títulos de sus obras dramáticas más importantes para comprobar que nadie las conoce hoy en día: La esposa del vengador, Mancha que limpia, El gran galeote, El loco Dios o Mariana. Sin embargo en todas las recopilaciones de Literatura Española, incluso en los niveles académicos más elementales se incluyen las obras Valle Inclán, en parte coetáneo suyo, que no fue Premio Nobel, ni tuvo tantos títulos, pero que con su obra dramática Luces de Bohemia ha tapado a todo el teatro del olvidado Echegaray, que se creyó el Rey del Mambo –es una metáfora, claro, que no sé si entonces existía esta composición musical–, pensando que de sí se guardaría eterno recuerdo y que nunca se enterará de que sus maracas dejaron de sonar.

Y lo mismo ocurre al contrario. Figuras que pasaron desapercibidas en su tiempo, más tarde fueron rescatadas y pasaron a los anales de los grandes autores. Ahora se me ocurren artistas plásticos: Van Goght o El Greco son ejemplos reseñables.

Así que es estéril discutir si un autor contemporáneo va a pasar a la Historia, o no, por mucha sabiduría literaria que acumule. En primer lugar ninguno lo verá de sí mismo, aunque le hagan una despedida de premio Nobel, como a Cela.

Así que no, a pesar del título de esta entrada no me creo el Rey del Mambo, era solo ironía, pero la actividad que mantenemos los novelistas por encontrar a nuestro público puede chocar con intelectuales de pro, eruditos literarios que piensan que tan sólo por aparecer en los medios nos creemos en la cima de la Literatura. En estos días en que he intentado dejarme ver para “venderme”, tengo como recurrente el ejemplo de Santiago Segura y sus “Torrentes”. Sin calificar la calidad de estas producciones cinematográficas, Segura se sabe vender como nadie. Con su simpatía y sus camisetas publicitarias va a todo aquel lugar al que quieran escucharle y da a conocer su obra. Tan sólo es márquetin, porque quien quiera disfrutar de sus productos tendrá que pasar por taquilla y el autor pretende tan sólo mostrar que su opción cinematográfica está disponible.

Yo no tengo su simpatía, ni soy capaz de realizar la inversión en tiempo y dinero de Santiago Segura para imprimirme unas camisetas con la leyenda de “Lo demás es cosa vana”, acompañado de una foto de la Calle de la Vida y la Muerte. Pero que conste que la idea se me ha pasado locamente por la cabeza, porque necesito, igual que él, que la gente sepa que tengo una novela en el mercado, para que pueda valorar cada uno la opción de comprarla. Me vendo, señoras y señores y me vendo sin rubor, porque estoy satisfecho de lo que he escrito.

Esta ambición de darnos visibilidad que tenemos los novelistas –conozco a otros amigos novelistas que lo hacen infinitamente mejor que yo– lleva a los malentendidos mencionados por los cuales hay quien nos creen soberbios o acaparadores.

En una ciudad pequeña, como la que vivo –y me gustaría que no me echaran– sé que algunos pueden pensar que me creo el Rey del Mambo, la cumbre de la literatura, tan sólo porque he dado a conocer mi novela a los medios. Y no es así. No busco una posición social o institucional con el estatus de escritor, tan sólo busco una notoriedad que lleve a los potenciales lectores a conocer que en el mercado hay una novela histórica que puede gustarles. Punto.


Yo no he pagado un solo euro porque editaran mi novela, una editorial ha corrido con los gastos y el riesgo, pero respeto a quien sí se paga su edición, porque tan sólo ha realizado una inversión económica para dar a conocer su obra, sacándola a la luz, con la opción del éxito o del riesgo a que la critiquen y la hundan si no tiene méritos suficientes.

No le tengo ningún miedo a que me hagan una crítica, porque no sería bueno que algo le gustase a todo el mundo, ya que eso querría decir que es anodino, que no tiene sustancia ni carácter. Las críticas de alguien que ha leído mi novela las respeto, por algo ha empleado su tiempo y dinero en ello, pero me duelen las descalificaciones que proceden de la ignorancia y de los prejuicios.

Pido perdón al final de esta entrada, porque a fin de cuentas su principal función es terapéutica. Espero que, además, a alguien le haya servido para reflexionar y para perdonarnos la vida a los “reyes del mambo”.

Lady's and Gentleman, this is 'Mambo No. 5'

1, 2, 3, 4, 5,
Everybody's in the car, so come on let's ride
To the liquor store around the corner
The boys say they want some ginger juice
But they really don't wanna
Here boys ...
I must stay deep his talk is cheap
I Like Angela, Pamela, Sandra and Rita
And as I continue, you know they're gettin' sweeter
So what can I do, I really beg you my Lord
To me it's fun, it's just like a sport
Anything's fly, is all good.
Let me drop here, let's say, my trumpet.

[Chorus]
A little bit of Monica in my life
A little bit of Erica by my side
A little bit of Rita is all I need
A little bit of Gina is what I see
A little bit of Sandra in the sun
A little bit of Mary all night long
A little bit of Jessica here I am
A little bit of you makes me your man

Mambo No. 5

Jump up and down and move it all around
Shake your hand to the sound
Put your hand on the ground
Take one step left and one step right
On to the front and one to the side
Clap your hands ones and clap your hands twice
And if it look like this you're doing it right

[Chorus]

All Right!

All Right!

Trumpet, a trumpet

Mambo No. 5

[End]

I do, I do fall in love with a girl like you
You can't run and you can't hide
You and me are gonna touch the sky

Mambo No. 5

All Right!

Lou Bega

Fuente: musica.com


lunes, 19 de mayo de 2014

Tríptico negro (relato monocromo)


1) El homicida

YO no me considero alguien violento y, sin embargo, acabo de matar a dos personas. Sé que debo sufrir lo que la ley me imponga, pero más sufrimiento llevaré al cargar con la culpa y la responsabilidad de segar dos vidas, jóvenes aún.
Yo jamás le había puesto la mano encima a mi mujer, nunca le había pegado, ni siquiera la había maltratado de palabra. Nos amábamos. O eso creí yo.
Me amargan las lágrimas de lo que llevo llorado y me aterra lo que aún me queda por llorar… Si pudiera volver todo para atrás y rectificar lo que sucedió… Sin duda todo sería diferente, sufriría la infidelidad y la ruptura de mi matrimonio, mejor que sufrir estas muertes.
Lo siento, lo siento, lo siento mucho. Pido perdón a mis suegros y a mis hijos, pido perdón a los familiares de Sergio, pido perdón a todo el mundo. He matado… Pero, sobre todo, he desgraciado mi vida.
Que nadie diga “yo eso jamás lo haría”, porque eso me decía yo. Siempre fui pacífico y pacifista y me juré que jamás haría daño a nadie… Y lo he hecho.
El azar, la oportunidad, nos convierte en asesinos a cualquiera de nosotros, basta con llevar por casualidad un arma en la mano, tener una afrenta delante y unos segundos de locura, para desgraciar tres vidas, las de los muertos y la del matador.
Si no se hubiera dado la casualidad de que llevaba un cuchillo en la mano… En mala hora me pidió Laura que lo llevara a afilar a la cuchillería de la esquina. En mala hora pensó Laura que lo haría al salir del trabajo, en mala hora invitó a Sergio a casa y en mala hora no le dije yo a Laura que esa tarde no tenía trabajo, porque el jefe debía acudir al velatorio de un familiar. En malísima hora fui eficiente, bajando a afilar el cuchillo carnicero que nos debía servir para trinchar el pavo de la fiesta del fin de semana y no le dije a Laura que regresaba en unos minutos.
Le juro que yo no sabía nada. Desconocía que mi mujer me ponía los cuernos con mi mejor amigo. Fue una sorpresa inesperada el pillarlos traicionándome. Todo se me vino abajo, mi mundo se había roto de repente y lo que ocurrió a continuación, casi no sé explicarlo pues se debió a un momento de locura.
Lo siento, señor comisario. Abrí la puerta y los encontré desnudos en mi dormitorio. Mi primera reacción fue marcharme, pero ella me insultó. Me llamó cornudo y me dijo que ya que lo había descubierto que me marchara y los dejara ser felices. Traidora, la llamé yo y fue cuando Sergio, obscenamente desnudo, saltó de mi cama y me empujó fuera de mi dormitorio… No sé cómo ocurrió, llevaba el cuchillo en la mano derecha envuelto en un papel de periódico y le asesté… no sé cuantas puñaladas a Sergio… Laura se abalanzó sobre mí y al pronto la vi en el suelo llena de sangre… Pensé que la sangre no era suya, que era de Sergio…
No sé cómo ocurrió, usted me pide que deje escrita mi versión, y eso he hecho. La locura me cegó. Me niego a creer que yo fuera el causante de aquel horror… Lo siento… Lo siento… Lo siento…

2) El amigo

siempre has sido un hombre prudente. Nadie diría que serías capaz de hacer lo algo tan terrible, aunque recuerdo una ocasión en que me dijiste:
–Como los vuelva a ver juntos los mato, te juro que los mato –lo dijiste con los ojos inyectados de rabia y, a pesar de todo, no te creí, no quise creerte. No pensé que fueras capaz de hacerlo. Llevabas mucho tiempo sospechando de tu amigo Sergio. Detalles. Cuando le hablabas de Laura, tu mujer, le veías reaccionar de forma incómoda, así que directamente fuiste y le dijiste a ella:
–Acabo de ver a tu amigo… –dejaste en suspenso la última palabra, acentuando su pronunciación– Sergio –concluiste con la misma entonación.
–¿Qué amigo mío? Sergio es tu mejor amigo desde que eráis niños, ¿por qué me dices eso? –señaló ella.
–¿Mi mejor amigo? –contestaste con sorna y muy mala sangre–. Si fuera mi mejor amigo, no se vería a solas contigo… –Tuviste un arrebato de cólera que casi te lleva a la violencia. Violencia que habías utilizado en otras ocasiones por motivos menos importantes. No sería la primera vez que le hubieras puesto morado un ojo a Laura.
–No, por favor, no empieces –lloró ella–. Te juro que entre Sergio y yo no hay nada. Tan sólo lo he visto una vez sin que tú estuvieras delante. Me lo encontré en la calle y me invitó a un café. Estuvo correcto. Te lo juro. No, no me pegues… –volvió a llorar, como una zorra.
“Puta”. Pensaste, pero te contuviste. No tenías pruebas. Pero ibas a conseguirlas y para ello necesitabas calmarte. Te alegraste de que tu primera reacción fuera contenida y lograras controlar tu carácter tan… Violento. Pero, ¿qué tiene un hombre si le falta el carácter? ¿Acaso la hombría no es el mejor atractivo para las mujeres?
Trazaste un plan. Los descubrirías y, cuando estuvieras seguro, la enviarías a ella a vivir con su madre. No volverías a verla… Se irían ella y también sus dos asquerosos hijos, que a saber si eran tuyos o del imbécil de Sergio.
Y lo lograste. La paciencia te convirtió en un triunfador, controlando tu carácter. La hacías creer que ibas a trabajar, sin saber ella que tu jefe cerraba el taller por las tardes, debido a la poca faena que teníais. Y vigilabas el portal, comprobando cómo Sergio llegaba todas las tardes a tu casa, subía, y pasaba dos horas con Laura… ¿Qué hacían en ese tiempo? ¿Qué iban a estar haciendo cuando ella te negaba que lo estuviera viendo a escondidas?
Mala suerte fue que ella te enviara a afilar el cuchillo y peor suerte tuviste cuando, olvidando la visita rutinaria de Sergio, entraste en tu casa con el maldito arma de la mano… A pesar de todo, nada hubiera sucedido si ellos no se ponen tan agresivos… Si no te hubieran insultado tanto… Si no te hubieran sacado de quicio… Si no tuvieras, por azar, el cuchillo envuelto en un periódico.
¿Eres culpable? Sinceramente creo que no, que fueron las circunstancias y la mala suerte.

3) El policía

ÉL no era trigo limpio –le dijo el inspector García al comisario.
–¿Por qué lo dices? ­–respondió este con impaciencia.
Aparte del comisario, sólo el inspector García estaba en el despacho del primero. El comisario le hizo un gesto con la mano y García se sentó enfrente. El despacho no era muy grande y dos de sus paredes estaban acristaladas, ofreciendo cierta intimidad para las conversaciones, aunque del otro lado se veía una sala grande llena de mesas y de gente trabajando.
–Tenemos ya el resultado de nuestra investigación y se confirma la primera hipótesis –dijo García.
–Explícate.
–El cuchillo era nuevo. Yo mismo hablé con el dependiente de la cuchillería que se lo vendió. Y no, no era la cuchillería de la esquina, donde se supone había ido a afilar uno de su propiedad, sino una que está a dos paradas de autobús.
–Más datos García –el comisario se impacientaba, su gesto era intransigente, como si le molestara que su hombre se extendiera en explicaciones vagas.
–Hablé con todos los vecinos y con la gente del barrio –García comenzó a sudar–. Encontré a un vecino que vio al homicida tomar la línea "3", que tiene una parada en la misma puerta del domicilio del matrimonio. Tomé ese autobús y logré que el conductor reconociera la foto del acusado, lo notó nervioso y me dijo en qué parada bajó. Me bajé en esa parada y, paseando por las cercanías, vi una cuchillería y se me iluminó la mente, ocurriéndoseme una posibilidad. Pregunté, mostrando la foto, y el dependiente recordó perfectamente la cara del acusado… ¿Me comprende…?
–¿Qué comprendo, García? Deje la retórica y hable claro.
–Su cara no es muy corriente. El dependiente, le decía, me aseguró que el tipo mal encarado compró un cuchillo nuevo, carnicero y de grandes dimensiones. Pagó y se marchó. El comerciante quedó un poco impresionado porque su comportamiento no era normal, estaba nervioso y rabioso, son palabras textuales, por eso se fijó en él. Todo ocurrió como media hora antes del doble asesinato.
–¿Está dispuesto a declarar ese dependiente?
–Letra por letra lo que le acabo de detallar.
–Pues le pasamos las actuaciones al juez y listo. Por mi parte está todo muy claro. Con tantas mentiras no hay más vueltas que darle.
–Hay más. Contamos también con la declaración de un amigo del homicida, que nos ha contado que éste sí sabía de la relación extramatrimonial de los asesinados, desde hace más de un año. Y que todo lo calló porque quería pillarlos in fraganti. No hay duda, todo estaba premeditado desde hace tiempo. Llevaba unos días haciendo creer a su mujer que trabajaba por las tardes, cuando he comprobado que el taller estaba cerrado desde un mes antes de los homicidios.
–¿Algo más?
–Sí. Sabemos por otro testigo, confidente nuestro, que el homicida estuvo preguntando por los bajos fondos la forma de comprar un revólver.
–Ya. No me cuentes más, García. Debía hacerlo pasar todo por un arrebato de celos repentino y a última hora se decidió por el cuchillo, que es más justificable que una pistola para que no pareciera premeditado.
–Así es, comisario. Y otra cosa, la vecina, la que oyó los gritos, ha declarado que sólo se le oía a él, al marido, que no dejaba de gritar “puta” y “os voy a matar a los dos”. Por mi parte podemos dar por cerradas las pesquisas. No ha sido homicidio, clarísimamente es un doble asesinato, planificado y ejecutado fríamente.
–Enhorabuena, García. Prepara un informe detallado, añadiendo las declaraciones por escrito de los testigos.
García sonrió, pues el rostro del comisario se había relajado.

lunes, 28 de abril de 2014

I Encuentro de Novelistas en Ávila

Foto publicada por El Diario de Ávila de la rueda de prensa anunciando el evento

Discutía yo con mis colegas organizadores de este invento, que no podíamos llamarlo “Primer Encuentro de Novelistas”, sino tan sólo “Encuentro de Novelistas”, ya que en los ordinales de los títulos no existe el “primero” hasta que tiene lugar un “segundo”. Así, por ejemplo, al papa Francisco no se le llamará Francisco I, hasta que se dé un sucesor con el título de Francisco II, y la exitosa novela de mi colega César Díez “La Edad de Acuario” no fue “I” en su salida en 2012, sino hasta que, a finales de 2013, se publicó “La Edad de Acuario II: El Misterio de Ana Bolena”.

No obstante, me atrevo ya a denominar a nuestro encuentro como “Primero” porque el “Segundo” ya está en proyecto. Y esto es así, porque el evento que realizamos el sábado, 26 de abril, nos ha dejado el buen sabor de boca que nos permite proyectar la continuidad en el próximo año.


23 de abril, Día del Libro, los tres organizadores firmamos en la Plaza de Italia nuestras obras

Seré muy breve en mis reflexiones, porque está todo demasiado reciente y porque lo que me propongo en realidad es dejar testimonio gráfico.


Dos de las entrevistas previas. Arriba en RNE con el periodista y poeta José Pulido, abajo en la Cadena SER, con Luis Sánchez y Pablo Garcinuño, escritor que también participó en las mesas redondas.

Empiezo por los fallos. No todo fue perfecto, pero casi. Se notó la inexperiencia de los organizadores y, por la mañana, el debate fue un poco rígido, con intervenciones de duración excesiva, aunque, por otra parte, sumamente interesantes. Y, por último, el público fue algo escaso, aunque lo suficiente como para animarnos a seguir con el proyecto.

Los éxitos: 1º Pasamos una magnífica jornada en la que nos encontramos gentes con intereses similares y compartimos nuestras experiencias, analizando y debatiendo sobre los temas que nos interesan. 2º Tuvimos una repercusión mediática excelente. Los medios se volcaron con nosotros. Nos hicimos ver, con todo lo positivo –y negativo– que conlleva.

Primera mesa redonda. De izquierda a derecha: Lorena García, Rubén Negro, Carlos de Miguel, Alfredo Rodríguez, César Díez, Sonsoles Sánchez-Reyes, Cristóbal Medina, Noemí Valiente y Mayda Anias.

Novelistas que presentaron sus obras por la mañana: Dioni Arroyo, Alfredo Rodríguez, César Díez, María del Carmen Aranda y Juan Martín.

La sala de El Episcopio

El contenido: Una primera mesa con el título de “La novela en Ávila. El camino de los nuevos escritores”, donde expusimos nuestras experiencias personales desde distintos puntos de vista: los novelistas, los periodistas, la editorial y la representante institucional. Por la tarde comenzamos anunciando la creación de la “Asociación Cultural de Novelistas La Sombra del Ciprés”, que es la primera que existe en España, y de la cual habrá tiempo de hablar. La mesa redonda se tituló “Los medios de comunicación y las novelas” y el entusiasmo surgió espontáneo tratando temas como el papel de las televisiones, las emisoras de radio, la prensa escrita y la crítica literaria en Internet a través de los blogs.


Mesa "cuadrada" y sobremesa, un rato estupendo.

Por último, los agradecimientos: Innumerables. En este punto sería justo extenderme, por lo que pido disculpas por lo escueto. En primer lugar a la Teniente de Alcalde de Cultura, Sonsoles Sánchez-Reyes, que ha hecho que todo esto haya sido posible, algo sólo explicable por su amor a la literatura y su dedicación vocacional a su puesto político. Debemos agradecer también a todos los medios que se han hecho eco del evento y nos han ayudado a difundirlo. Que su enumeración (espero no omitir ninguno) sirva de manifestación de nuestra gratitud –el orden es aleatorio, que nadie le busque sentido, pues no tiene valor de prioridad alguna–: Radio Nacional de España, Cadena SER, esRadio Castilla y León, COPE Ávila, El Diario de Ávila, Avilared, Tribuna de Ávila, televisión La 7 de Castilla y León y La 8 de Ávila, Europa Press y El Norte de Castilla. Agradecimiento a los dos novelistas abulenses que se sumaron a los organizadores: Rubén Negro y Noemí Valiente. A los novelistas foráneos que hicieron el esfuerzo de desplazarse por su cuenta hasta Ávila: Dioni Arroyo Merino, María del Carmen Aranda y Juan Martín Salamanca. A los cuatro periodistas participantes: Jorge Pato, Pablo Garcinuño, Carlos de Miguel y Lorena García. A Mayda Anias de la editorial Caldeandrín. A Gemma Orgaz, librera y animadora cultural. A las dos librerías que nos trajeron las novelas: Borrajatos y Letras. Y, por fin, a todos aquellos que os acercasteis hasta El Episcopio.

Gemma Orgaz con nuestros libros.

La mesa redonda de la tarde. De izquierda a derecha: Gemma Orgaz, Jorge Pato, María del Carmen Aranda, Juan Martín, César Díez, Cristóbal Medina, Dioni Arroyo y Pablo Garcinuño.





Presentación de libros por la tarde: Rubén Negro, César Díez, Cristóbal Medina y Noemí Valiente.

No quería dejar de mostrar mi agradecimiento público a César Díez Serrano y Alfredo Rodríguez Blázquez, dos locos como yo, que me han acompañado en esta aventura. Sois muy grandes como escritores, pero infinitamente superiores como personas.

Lo siento, me pilló con los ojos cerrados, quien sabe, tal vez disfrutaba ya de la satisfacción del éxito.

viernes, 11 de abril de 2014

Semana Santa

Tengo un gran respeto por la poesía, por eso no me prodigo en ella. Pienso que es la cima más alta de la literatura. Es el motivo de que sienta pudor de publicar alguna de las que tengo escritas desde hace tiempo y guardo en un cajón. Pero me he dado cuenta de que la que ahora presento no es poesía pura, sino una simple cancioncilla que tiene su mérito y de la que estoy orgulloso. Es posible que otro día me atreva a sacar a la luz algún verso más.

En cuanto al tema, es de lo más actual. Hubo un poeta que recriminó a sus contemporáneos que en una saeta popular pidieran inútilmente escaleras para quitar los clavos a una estatua de madera “siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar”. No fue entendido ni en su tiempo ni ahora. Se le malinterpretó. ¿Malinterpretarán también mis palabras? Me arriesgo. Aquí están, aprovechando que ya estamos inmersos en esa “fiesta” que inicia la primavera.

“¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!”
Antonio Machado

¿Por qué desfiláis
con semblantes serios
y ritmos marciales
al son de tambores
y agudas cornetas?

¿Por qué os escondéis
en túnicas largas
que ocultan la cara
y apuntan al cielo
con sus capirotes?

¿Por qué ilumináis
las telas lujosas
que visten las tallas,
labradas con arte,
de madres llorosas?

¿Por qué proferís
tan hondos lamentos
a hermosas efigies
que imitan sufrir
torturas sin cuento?

¿No habéis comprendido
que el viejo poeta
que tanto admiráis
os recriminaba
pedir escaleras?

¡Quitarle los clavos
no sirve de nada!
¡Que no sufre el leño
que fiel representa
al Dios que agoniza!

Incubáis los odios
con viva memoria
por hechos pasados
que se quedan chicos
al son de la Historia.

Hacéis religión
del sufrir divino
y nunca escucháis
a quien perdonó
a sus asesinos.

¿Qué es eso que hacéis?
¿Es idolatría
o simple inconsciencia?
¿Pero es que no habéis
comprendido nada?


jueves, 27 de marzo de 2014

Un eslabón más para la cadena

Existe una pequeña ermita, que lo fue de un cementerio, algo peculiar. En su decoración, en origen cristiana y ortodoxa, hay una serie de personajes raros y, en cierta medida, monstruosos, los denominados réprobos. Estos personajes, pintados en el tambor de la cúpula, son bustos alados, con muecas horrendas, que muestran los dientes y se cubren con un capirote. ¿Esta iconografía es propia de una iglesia? ¿Existe algún otro referente en el mundo?


Bien, pues esta ermita está en ruinas, rodeada de maleza y a punto de derrumbarse si no se pone remedio. Y en eso estamos.

Estoy hablando de la ermita del Santo Cristo de Talaván, situada en Cáceres, poco más allá de Plasencia.

Pues existe un quijote en Béjar, a más de cien kilómetros y en otra provincia y autonomía que se ha empeñado en salvar de la ruina tan peculiar lugar. Un amigo común, Juan de la Cruz Mayo [ver su blog], ya nos advirtió a los abulenses del peligro que corría este extraño paraje, lo hizo en la página web de la asociación a la que pertenezco, Ávila Abierta, y aquí dejo el enlace: “Más quijotes para Talaván”. De él son las fotos que acompañan este artículo.


Juan me ha invitado a sumarme a la cadena de quijotes y a que me acerque a Talaván, aduciendo que puedo aprovechar para “pasar por Trujillo […], Plasencia, La Vera, Garrovillas...” Y pienso hacerlo en cuanto tenga ocasión.

El quijote original en esta aventura se llama Gabriel Cusac  [Ver su blog], y es un escritor bejarano de gran calidad y de un lenguaje castizo y genuino, que entronca con el mismísimo Francisco de Quevedo. Me ha impresionado, admirado y entusiasmado la lectura de su impagable libro de relatos cortos titulado “Cuentos desquiciados”, que recomiendo encarecidamente a todo aquel que no se asuste del humor escatológico (palabra polisémica que ha de tomarse en su acepción grosera). De su imaginación parece que hayan salido personajes como los réprobos, pero no, ya estaban ahí.

Tengo intención de seguir el consejo de Juan, como ya he dicho, y acercarme a Talaván en cuanto la ocasión me sea propicia, pero estoy seguro de que nada nuevo podré aportar, tanto literariamente como gráficamente, a lo mucho y bien hecho que ya hicieron otros. Lo único que puedo añadir, como mi particular granito de arena, es esto que estoy haciendo, tratar el tema en mi blog, por si tengo algún lector que no lo conozca. Con ello me sumo a la cadena de blogs que forman la cruzada quijotesta, integrada por gentes sensibles a la conservación del patrimonio, instando a aquellos que tienen medios para ponerle remedio al colapso inminente del que está amenazada esta joya. ¿Me escucha, señor Monago?


No puedo por menos que traer a la mente el infausto y estúpido derrumbe de otro edificio singular en mi misma ciudad, como fue la Fábrica de Harinas. De este hecho el periodista José Ramón Rebollada ha realizado un documental titulado "Poder contra verdad" que nos ha abierto los ojos a los abulenses, señalando el ensañamiento necio de los poderosos, quienes, para demostrar que mandaban, arrasaron un edificio histórico de valor singular, al tratarse de uno de los primeros centros fabriles unitarios de la Historia de España, y de Europa, dejando en su lugar un inhóspito “mausoleo” para perpetuación de su majadero criterio, a pesar de que se ofrecían interesantes alternativas culturales de conservación. Como hoy todo va de vínculos, dejo otros enlaces a este tema [aquí] y [aquí]. A este ejemplo habría que añadir otros igual de infames, como la destrucción del cementerio musulmán de Ávila, asunto del que yo tendría mucho que contar y que quizá lo haga en otra ocasión.

¿Dejaremos que Talaván se hunda y desaparezcan para siempre los enigmáticos réprobos? ¿Consentiremos que algo tan raro, singular y fuera de lo común se pierda de la memoria?

Paso la bola. La pelota está en tu tejado. Te transmito la invitación que me hicieron a mí y, si realizas la excursión en esta primavera, es posible que nos encontremos allí, anonadados por la visión de los enigmáticos réprobos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El poder de las palabras

Teorizaré un poco sobre la esencia de lo que se denomina “literatura” y no es para convencer a nadie, sino para dar pie a que cada cual reflexione y saque sus propias conclusiones. Si no coincidimos, sólo significará que estamos viendo lo mismo desde distintos puntos de vista, porque la realidad es tridimensional y no plana –o tal vez signifique que estoy equivocado…

La herramienta esencial de la literatura es, obviamente, la palabra y, por extensión, un idioma determinado. La literatura crea el idioma y lo enriquece. Quiero decir que sin escritores no puede existir idioma alguno que se precie de serlo, pues sería algo muy pobre e innecesario. Un idioma se mide por la calidad de los literatos que lo han transitado. Los escritores indagan en las potencialidades de una lengua y ayudan a estructurar su gramática.

Cuando señalo la palabra como la herramienta esencial, no estoy indicando que sea escrita. Sí, porque conviene no perder de vista que la literatura oral, también es literatura. Así, por ejemplo, el romancero medieval era elaborado, memorizado y transmitido sin dejar constancia escrita. Será después cuando esto ocurra, y no con intención de que tome vida, sino de fijarlo y de que se conserve. Otro ejemplo serían los libros del Antiguo Testamento, que se transmitieron durante siglos antes de ser escritos. Podían no haberlo sido y no por ello dejarían de ser literatura.

Como literatura oral tampoco conviene olvidar el teatro. Su medio de manifestación ideal es un escenario, y tampoco necesita que nunca haya estado negro sobre blanco, aunque su forma escrita, sin lugar a dudas, facilita la memorización de los textos y su conservación.

Hecha esta salvedad, pensemos en la gran aportación que la escritura aportó a la literatura, que, sin duda, le dota de una herramienta valiosa para su transmisión y disfrute.


La palabra, herramienta fundamental, no es algo aséptico, no es meramente la forma fonética de una imagen real o ideal. Es decir, existen palabras que nos remiten a algo concreto, mesa, o abstracto, amor, pero que no tienen el mismo peso que otros sinónimos en el contexto de una oración gramatical. Me estoy refiriendo a la carga connotativa que cada palabra puede poseer, que ha sido impregnada por la forma cotidiana de ser utilizada por los hablantes, evocándonos sensaciones, además de su significado. Para que se entienda claro, pondré un ejemplo llamativo: No pesan igual, no traen la misma carga connotativa, en una frase, la palabra testículos, que cojones, a pesar de referirse exactamente a lo mismo (“el médico me tocó los cojones, pues no quiso examinarme los testículos”, el cambio en el orden de los factores haría ininteligible el producto. O enriquecería el significado, con un ejemplo como este: “¡Valla un día más ajetreado! Mientras mi mujer estaba pariendo en el hospital, una vaca dio a luz en el establo”).

La poesía entiende mucho de connotaciones, así como de evocaciones, que le prestan las palabras, usadas y manoseadas por cada idioma determinado, aportándoles una carga emotiva. De la poesía son características así mismo las metáforas, con las cuales se sustituye el significado literal por imágenes, enriqueciendo la expresividad. La poesía es, sin duda, la cumbre de la Literatura y su base de experimentación y creación más notable. Donde más importancia tiene la elección de cada palabra.

Casa cual Díaz mes hola y azulado.

El breve párrafo anterior, de vocablos yuxtapuestos de forma aleatoria, pretende poner en evidencia que la literatura se sirve de palabras, pero han de ser coherentes para que exista la forma literaria. Descolocadas, o sin sentido, no sirven de nada. ¿O sí sirven? Estoy pensando en mucha poesía actual, que no consiste más que en una sucesión de palabras “bonitas” o literarias –tales como ingrávida, cancela, yermas…– cuyo significado es imposible de desentrañar al verlas formar oraciones sin sentido, sin métrica, sin rima y sin otro propósito que el adorno sonoro.

Pero, en la prosa, sin duda, la palabra necesita de una combinación gramatical con sentido para que se produzca la forma literaria. El objetivo de la narrativa es transmitir un mensaje y, para ello, son esenciales unas reglas que lo hagan comprensible: La gramática. El arte plástico abstracto, no figurativo, no tiene su equivalente literario. Sería tedioso para un lector una retahíla de palabras que no expresen ideas, pensamientos, etc. Aún así conozco a alguien que me dijo un día que se había leído el diccionario, desde la primera a la última página… Y por orden.

Una vez que tenemos lo esencial, la palabra en un discurso lógico, puede funcionar el lenguaje literario en sus múltiples facetas: novela, poesía, teatro... A partir de ese germen se pueden realizar tareas como detallar conversaciones –directas o indirectas–, expresar ideas, describir personas y paisajes, plantear disquisiciones filosóficas, bosquejar imágenes poéticas o presentar opiniones, que dejan al lector libertad para elaborar una imagen mental de lo que se le cuenta, ya que las palabras evocan, a la vez que muestran.

La literatura es, desde luego, mucho más que lo expuesto. Es incluso inabarcable, ya que el arte no debe aceptar límites, y no se agotará por muchos teóricos que intenten explicarlo. Esa es su grandeza y esta mi pequeña aportación.