Estamos en plena campaña de las municipales y autonómicas, así que no
quiero soslayar esta circunstancia en mi blog: Voy a hablar de política. Pero tampoco quiero hacer un
alegato, ni lanzar andanadas ideológicas. Me voy a limitar tan solo a
desmentir una falsedad que yo veo evidente y que lleva tiempo corroyéndome. Y
lo hago porque ya decían los nazis, que de propaganda sabían mucho, que una
mentira repetida muchas veces, acaba convirtiéndose en verdad.
Ahí va la mentira: Los empresarios crean empleo.
A simple vista parece verdad incontestable, pero a poco que ahondemos
veremos que no es más que una falsedad, que algunos no están interesados en
poner en evidencia.
Si fuera así de simple, la solución a la crisis estaría en las manos de
los empresarios: crearían empleo, este empleo daría dinero a los trabajadores,
que comprarían pisos, coches y vacaciones, y todo arreglado. ¿Deducimos
entonces que los empresarios son unos malvados, porque nos les da la gana crear
empleo?
Pues no, porque jamás un empresario ha creado un solo empleo. Me
explicaré.
Un empresario no es una ONG altruista. Un empresario para serlo
necesita de un lucro, y esto es algo positivo, no lo critico. Sin ese lucro
dejaría de ser empresario, ya que más tarde o más temprano agotaría su capital
y dejaría de producir.
Para tener lucro, debe vender su producto en un mercado y obtener el
dinero suficiente para pagar los gastos de producción y un exceso suficiente
para mantenerse, porque él también ha de comer y tener ocio. Pero el mercado, o
los mercados, son algo compuesto por gente con capacidad adquisitiva limitada.
¿Hasta aquí está todo claro, no? Esto quiere decir que para introducir
un producto en un mercado, nacional pongamos por ejemplo, éste debe desplazar a
otro producto similar, que dejará de venderse. Tiene que competir con otros
empresarios del ramo. Si, por ejemplo, vende coches, deberá apelar a la
calidad, al precio, o a otro parámetro ventajoso, para que el posible comprador
se decida por su vehículo. Ese comprador adquirirá este coche en lugar del de
la competencia, pero nunca comprará los dos, salvo que tenga algún problema
psicológico. Si el
empresario vende galletas, el comprador que adquiera sus galletas, dejará de
adquirir las de la competencia. O sólo comerá galletas, en lugar de tener una
dieta equilibrada. Así de sencillo.
Si hablamos de mercado internacional, ocurre lo mismo a otra escala. En
este caso, los que producen más son los que tienen costes más baratos, los
asiáticos ¿no?, que venden en los países con mayor poder adquisitivo.
¿Pretendemos realizar un trabajo esclavo para competir con los chinos?
Se me puede plantear la aparente paradoja de Henry Ford, que se inventó un
mercado que no existía, pues hasta que fabricó coches baratos, debido a su
innovación de la producción en cadena, las personas que podían adquirir un
automóvil eran muy pocas. Con su democratización adquisitiva consiguió que
hubiera muchas personas trabajando, que se convirtieron en compradores de
utilitarios, enriqueciendo el país, asentando una clase media y creando empleo
que sin su invento no existía. Pero en realidad este último punto es falso,
pues él no creó el empleo, sino que fue la existencia de ese mercado nuevo el
que hizo posible que sus coches se vendieran. El mercado creó el empleo y no
Ford. De nada le hubieran servido sus coches baratos, si no tiene quién los
adquiera. Habría tenido que cerrar su fábrica, en cuanto hubiera agotado su
capital. Su genialidad fue descubrir un mercado que hasta entonces no existía, y no crear empleo.
Quien crea empleo, por tanto, es el mercado y la única manera de
aumentar el empleo es que ese mercado crezca en capacidad adquisitiva, bien
subiendo los sueldos, o bien bajando los impuestos, para que la gente disponga
de más dinero. El pobre empresario debe tener claro, si quiere levantar la
cabeza, que lo suyo es una competición con gestores similares, y que lo único
que puede hacer es presentar al consumidor un producto más ventajoso, o bien
por su precio, o por su calidad, para que la elección de compra recaiga en él.
Y aquí está la trampa, porque si quiere competir en calidad, ésta
probablemente aumente el precio, y este factor puede ser determinante en las
ventas. La solución más fácil es bajar el precio, pero esto tendrá sus
consecuencias, si bajar el precio consiste en reducir los costes de personal. Bajando
los sueldos o haciendo despidos, le estará sustrayendo capital al mercado y reduciendo su poder
adquisitivo, por lo que su producto tendrá más difícil la venta. Sin embargo,
si aumenta el sueldo a sus trabajadores, estará inyectando capital en ese
mercado.
La prueba está ahí fuera. La política de los últimos años, bajando
sueldos y subiendo impuestos injustos como el IVA, no ha conseguido más que profundizar la crisis en
lugar de resolverla. Y esto se ha hecho así, porque se ha querido, no porque no
se haya podido. Ha sido una opción política, de determinada ideología, la
ideología de los acaparadores, el liberalismo, o más claramente el capitalismo
salvaje, que no entiende de derechos sociales, de justicia ni de igualdad.
Tenemos evidencia de que durante esta falsa crisis se ha subido el
sueldo a los altos cargos de las empresas, mientras se ha bajado el de los
trabajadores, enviando a muchos al paro. Cuando un rico aumenta su capital, lo
que hace es comprarse un yate, que no genera riqueza, o lo guarda en un fondo
de inversión especulativo, que le derive intereses. Por el contrario, cuando es
un trabajador el que aumenta su sueldo, como vive al límite de lo que gana, más
podrá gastar, y lo hará. Y sus excedentes o ahorros los guardará en un banco de
los del barrio, que son los que pueden conceder crédito a un autónomo o pequeño
empresario, cuando las cosas se hacen bien, y no en un fondo buitre de los que
juegan con la especulación.
Algunos comerciantes de barrio se rieron cuando nos bajaron el sueldo a
los funcionarios y más tarde lloraron porque, al tener menos dinero, gastamos
menos. ¿Qué esperaban?
Así que debemos concluir que un empresario no crea empleo, sino que
roba empleados a otro empresario, cuando consigue quitarle una cuota de
mercado. Pobre del empresario que se vea a sí mismo como un creador de empleo, se
estará engañando y no llegará a ninguna parte. Pobre del empresario que quiera
trabajadores empobrecidos porque, ¿a quién le va a vender? ¿A otros
empresarios? Pobre del autónomo que envidie a los asalariados y desee que
malvivan, ¿de qué va a vivir él? Pobre de los que auspicien políticas
liberales, porque los únicos ricos serán los acaparadores, que no tienen
remordimientos en utilizar el trabajo esclavo y luego pretenden lavar su
conciencia con donaciones caritativas, en lugar de pretender la justicia
social.
Y termino con una frase para las bases sociológicas que sostienen con
sus votos a estos gobiernos capitalistas vendidos a la especulación financiera:
"Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un
rico entre en el Reino de los Cielos" (Mateo 19,24).
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