martes, 29 de julio de 2014

Narrativa Gráfica

Considero que las artes se pueden agrupar según sus finalidades. No quiero teorizar, tan sólo realizar un preámbulo al tema que voy a tratar. Hay unas artes plásticas o estéticas, que lanzan un mensaje inmediato provocando sensaciones y generando debates intelectuales. Entre ellas están la pintura o la escultura. Hay unas artes prácticas, que se encargan de expresar emociones con los elementos materiales que nos rodean, como la arquitectura o el diseño. Y existen unas artes llamémoslas literarias, cuyo fin es el relato de una historia. En esta categoría tenemos a la propia literatura, más el cine, el teatro y la narrativa gráfica.

Bien es verdad que este esquema tan sólo es una simplificación que no lo incluye todo, ni lo pretende, pues esta es la grandeza del arte, que tiene sentido por sí mismo y no se puede encorsetar en una clasificación. Por ejemplo, la poesía es literaria, pero tiene unos fines estéticos similares a la pintura. A pesar de ello, el esquema anterior me sirve para situar a la narrativa gráfica, dentro de las artes literarias, pues pretende ante todo narrar una historia, empleando para ello una sucesión de imágenes estáticas, con sentido acumulativo que van desarrollando un argumento.


Ya nadie discute su valor artístico, pero su temprana decantación por realizar creaciones infantiles la ha situado al margen de la cultura, considerándose hasta hoy en día como un arte menor, cuando menos. Pero sus potenciales son sorprendentes y tiene ya una serie realizaciones tan bellas e intelectualmente elevadas que ya no me avergüenza, como hace pocos años hacía, el hecho de confesar que soy un amante de esta forma de expresión.

The Yellow Kid and His New Phonograph. 1896.

El discurso oficial dice que este lenguaje artístico nació en 1896 en la prensa norteamericana como comic strip -tira cómica-, y que de ahí pasó a los cuadernillos de un formato peculiar denominados comic books -libros cómicos-, conformándose así su infantilización. Estos cuadernillos se popularizaron con las aventuras de unos empijamados superhéroes. Más tarde el Underground la elevó a literatura para adultos, pasando por publicaciones pornográficas y terminando por llegar a la libertad creativa que ofrecen las novelas gráficas. El manga es un mundo aparte, que bebió de la “invención occidental” y ha tenido un desarrollo propio, superando en producción a toda la industria occidental.

Bien, pues esta síntesis de su historia parte de una gran mentira, por mucho que así lo recojan los estudios especializados.

Como es un tema que me interesa y me apasiona, lo trataré a partir de ahora en este blog y tendremos tiempo de deshacer malentendidos y errores de gran calado. En esta primera toma de contacto tan sólo haré unos apuntes llamativos.

Para hacer evidente mi tesis sobre la antigüedad de este arte narrativo gráfico, me ha de bastar un solo ejemplo, ya abundaremos más tarde en otros.

El pecado original. Biblia de Alba. Siglo XV.

Repasemos brevemente en qué consiste este lenguaje. Una sola imagen, normalmente recuadrada en una viñeta, nos ofrece una unidad temporal o secuencia que no es instantánea. No es una foto fija, sino que abarca un periodo de tiempo más o menos extenso, ya que en ella ocurren cosas mientras la recorremos con la vista, como diálogos entre personajes o movimientos argumentales, que necesitan su tiempo: Unos pocos segundos (alguien corriendo), minutos (diálogos) u horas (un personaje durmiendo).

Pero una imagen aislada no es una narración gráfica, es una ilustración. Para narrar gráficamente es precisa la sucesión de imágenes, normalmente con un avance cronológico de la acción. Entones se le pide al lector que colabore, relacionando una imagen con la siguiente y asumiendo el espacio o tiempo transcurrido entre una y otra, que se ha elidido.

Esta tira es mía. Pertenece a la serie "Hace la tira", publicada en avilabierta.es

Disponer una serie de secuencias fijas, es la forma de narrar que tiene este lenguaje, el cual se puede enriquecer con añadidos. El más importante es la palabra escrita, encerrada en carteles, o en “bocadillos”, para indicar la voz del narrador, o de los personajes. Otra forma de palabra escrita son las onomatopeyas, que expresan los sonidos de forma contundente, con presencia “física” al lado de los personajes.

Finalizo con una recomendación, que desmiente palpablemente su encasillamiento en “literatura juvenil superficial”. Una de las últimas obras que he leído se titula “He visto ballenas” de Javier de Isusi, publicado por Astiberri, que muestra una visión clarificadora en el momento actual del denominado “conflicto vasco” o terrorismo de ETA. Centrándose en tres personajes, Isusi realiza una revisión de cuatro décadas de nuestra historia más cercana, narrando escenas significativas de la vida de los protagonistas y realizando elipsis argumentales que expresan más de lo que callan. Todo ello provoca en el lector una reflexión lúcida, sin manipulación, ni dogmatismos.



jueves, 10 de julio de 2014

Números cósmicos

Es verano y, en sintonía con ello, tratemos temas intranscendentes, que suelen ser los más trascendentes de todos los temas.

¿Existe vida extraterrestre? ¿Están aquí? ¿Estoy chiflado?

Por favor, juzgadme al final, no ahora, que de entrada diré cosas aparentemente absurdas, como que pretendo demostrar sin género de duda que es imposible que no exista vida extraterrestre y que suelo desplazarme, literalmente, a velocidades muy superiores a las del sonido. ¿Qué no? No hay más que echar mano de las matemáticas… Advierto que soy de letras.


Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene cerca de 500.000.000.000 de estrellas (sé que estos números de muchos ceros pueden escribirse multiplicando la unidad por 10 elevado a la “n” potencia, o bien con letras [quinientos mil millones, etc.], pero pretendo desarrollar las cifras con todos sus ceros, para que la demostración sea más gráfica).

Existen alrededor de 100.000.000.000 de galaxias en el Universo y cada una contiene aproximadamente 1.000.000.000 de estrellas. Hagamos la cuenta del número de galaxias por el número de estrellas y tendremos 100.000.000.000.000.000.000 estrellas en el Universo. Con una media de 10 planetas por cada estrella, tendremos 1.000.000.000.000.000.000.000 planetas.

O sea, mil trillones de planetas, ¿y sólo uno habitado? ¿No está el Universo hecho de la misma materia? ¿No está demostrado que la vida puede viajar en meteoritos? Si la vida en La Tierra fue “sembrada” por un meteorito –teoría panespérmica–, ¿qué es más probable? ¿Que en tal cantidad de planetas haya otro “sembrado” o que no haya ninguno más que el nuestro? Para mí no hay duda, es impensable, e imposible, que seamos algo único en mil trillones de posibilidades.

Vale, ahora viene lo de las distancias. Si tardamos casi un año en llegar a Marte, ¿cómo va a llegar a La Tierra una nave extraterrestre que partirá de una distancia de años luz?

Apunte al margen: Velocidad de la luz: 300.000 km/s –299.792,25 para ser precisos–. Año-luz es la distancia recorrida en un año a la velocidad de  300.000 km por segundo, distancia imposible de recorrer para nosotros… Todavía.

La miopía científica nos hace creer que lo que no se vislumbra como posible no puede existir, pero, pongamos un ejemplo, ¿qué pensaría el padre del racionalismo, Descartes, si alguien le dijera que una persona situada delante de un cuadro colgado en la pared puede hablar con la imagen y ésta le puede responder y que con una varita mágica puede cambiar esa pintura por una escena de animales en movimiento? ¿Imposible? Para el siglo XVII desde luego, pero no para el nuestro, que en una pantalla de plasma podemos pasar de una videoconferencia a ver un documental de animales con un mando a distancia. No es que no podamos movernos a velocidades superiores a la de la luz, sino que no tenemos esa tecnología… Aún.

Reflexionemos al respecto. La argumentación aportada es que un hombre no puede superar tres veces la velocidad del sonido, o “march3”, porque perdería el conocimiento. ¿Seguro?
Visionemos algunas cifras más.

Velocidad del sonido: 331,8 m/s en el aire a 0º C –una media de 340 m/s–. Velocidad orbital de La Tierra (sí, regresemos al cole, La Tierra tiene dos movimiento, rotación y traslación): 29.500 m/s. Distancia media entre La Tierra y el Sol: 149.600.000 km,  pero La Tierra realiza una elipse alrededor del Sol de 930.000.000 km, en tan solo 365 días. Es decir que recorre una distancia de 2.547.945 km al día, 106.164 km/h, 1.769 km/minuto, 29,50 km/s, 29.500 m/s, y nosotros vamos en ese bólido sin despeinarnos.

Conclusiones, la velocidad del sonido es 340 m/s y nosotros viajamos en la Tierra a 29.500 m/s, o sea, que no vamos a march3, sino a march90. Pero eso no es todo, porque el Sol también se está moviendo –entre 30 y 50 km/s– dentro de la Galaxia, la cual, a su vez, se mueve en el Universo... Eppur si muove.

Una persona, tomando el sol sobre una toalla en una playa en este mes de julio, está viajando por el espacio a casi noventa veces la velocidad del sonido –exactamente  86,76 veces más rápido–, sin contar con la velocidad en que el sistema solar se mueve en la Vía Láctea y ésta en el Universo. ¡Y al tipo de la toalla ni se le agita el vello de sus peludas piernas! –siento traer esta imagen a vuestras mentes, pero no me atreví con el ejemplo femenino.

Es posible que en mis números tenga alguna pequeña imprecisión, o error de cálculo, advertí que soy de letras –ante lo cual pido disculpas y estoy dispuesto a corregir–, pero a grandes rasgos son correctos y fácilmente comprobables.

Si cotidianamente superamos así la velocidad del sonido, ¿quién puede seguir manteniendo que no podríamos superar la velocidad de la luz, para desplazarnos a un mundo habitado lejano? ¿Quién puede seguir manteniendo que alguien de un mundo alejado no puede llegar al nuestro? ¿La solución no sería cambiar la aceleración mecánica basada en el empuje, por otro tipo más integral de aceleración? ¿Y si nos paramos nosotros en el Universo, de forma teórica claro, mientras que lo que hay alrededor sigue su camino? ¿No estaríamos viajando a velocidades astronómicas? ¿Dónde está el límite de velocidad a que puede viajar un ser humano? ¿Qué zonas de la Vía Láctea podríamos visitar? ¿Y de otras galaxias? ¿Qué sabemos de la curvatura del espacio? ¿Y los agujeros de gusano? ¿Existen otras dimensiones? ¿Y otros universos?

Con la posibilidad cierta de que existan numerosísimos mundos habitados –pensemos por lo bajo en unos cuantos millones–, y algunos mucho más adelantados que nosotros, ¿no existe ninguno que posea esas tecnologías de desplazamiento interestelares?

Para concluir, disolvamos la última objeción, ¿si ya están aquí por qué no han contactado?

Si nos visitan es que están más evolucionados, por supuesto, y si están más evolucionados no quieren interferir en nuestro desarrollo cultural. Nosotros con la perspectiva histórica de pocos cientos de años podemos comprender lo que ocurrió con las culturas precolombinas tras nuestra “visita”, o con las culturas celtas luego de la invasión romana: Desparecieron. No es ninguna incongruencia que nos dejen evolucionar hacia nuestro propio destino, sobre todo cuando no podemos aportarles nada a ellos y su contacto a nosotros nos destruiría.


¿Por qué cerramos los ojos a la evidencia? Existen todo tipo de testimonios de avistamiento de naves tripuladas (descartando a los frikis), existen numerosas evidencias a lo largo y ancho del mundo y de la Historia: Estamos siendo visitados, desde la Prehistoria, por seres extraterrestres, a cuya génesis pertenecemos por pura lógica.

Lo sé, si no estoy chiflado, lo parece. Pero quien no esté de acuerdo que me lo rebata científicamente, que se deje de insultos fáciles. ¡Ah! Y yo no he visto un ovni en mi vida.

jueves, 26 de junio de 2014

Lenguas muertas

(Lo que sigue es un relato, un relato distópico. Una distopía es lo contrario de una utopía. Puede que haya quien piense que lo que va a continuación no es distopía, pero al menos para mí sí lo es).

Sé que lo que voy a contar es difícil de creer, pero ese no es mi problema, mi problema es mucho mayor.

Escribo a finales del siglo XXII, aunque soy un hombre de finales del siglo XX, que desapareció a comienzos del XXI. Resumiré los hechos.

Esquiaba en los Alpes Suizos cuando un alud de nieve me enterró. Lo siguiente que recuerdo es una reanimación en un local extraño, de ambiente minimalista y todo acristalado. Era una sala fría, más que la nieve que me sepultó, aunque su temperatura ambiente rondara los 25 grados centígrados, que no sé cuánto es en Celsius, ni me importa.

Tras mi incomprensión inicial y desorientación, que sólo me traían recuerdos de cómo la nieve se me venía encima, un tipo extraño, vestido con un mono blanco y una máscara que me dejaba verle poco más que los ojos, trató de explicármelo todo.

Me dijo que el cambio climático había descubierto un cuerpo incrustado en el hielo de la montaña y que ese cuerpo tenía casi doscientos años. Era yo. Me explicó que la tecnología de “su tiempo”, el mío ahora también, les había permitido recuperar mis tejidos hibernados y recobrar la calidad de mis fluidos corporales, para luego reanimar mis constantes vitales, haciendo latir de nuevo mi corazón y devolviéndome a la vida.

No voy a discutir sus explicaciones, ni voy a tratar de hacérselas creer al posible lector de este relato. El hecho cierto es que nací en 1980 y desaparecí bajo la nieve en 2014. Y también es cierto que estoy escribiendo esto en junio de 2175. Por mucho que me costara creerlo a mí mismo, tengo ya las pruebas suficientes.

Mi recuperación completa fue rápida y, desde el principio, me dejaron visitar su mundo, mi nuevo mundo... Las calles poco se diferencian de las de mi tiempo, y los vehículos, todos eléctromagnéticos, no tienen ruedas, aunque su forma recuerda a un coche de mi siglo, con forma de huevo de metacrilato y cromados brillantes. No hay ordenadores, sino unos cristales del tamaño de una cuartilla, que cumplen su función de una forma deslumbrante... Aunque nada llegó a sorprenderme en exceso, salvo el hecho que me ha traumatizado.

Me extrañó que mi interlocutor hablase un Castellano muy deficiente. Sus anglicismos y pronunciación artificial me hicieron creer, en un principio, que estaba en un país anglosajón. Pero uno de mis paseos callejeros para distraerme me enfrentó a la Puerta de Alcalá madrileña. “¡Qué curioso! –pensé–. Han recreado monumentos extranjeros, como en un parque temático”.

De todas formas, quise conocer en qué país me encontraba, que era algo que no me había llegado siquiera a plantear. La respuesta me dejó alucinado.

Mi interlocutor me dijo que La Tierra era un solo país. La globalización, que ya se iniciaba en mi tiempo, hacía mucho que se había completado. Y que la ciudad donde estábamos pertenecía a lo que históricamente había sido España, y se llamaba Madrid.

Me costó más comprender esto, que asumir mi resucitación. Lógicamente entonces le planteé cómo no me habían asignado a alguien local, que hablase mi idioma, en lugar de él que, con tanto trabajo, aunque buena voluntad, se expresaba en Castellano.

Su explicación es la causa de que me halle en este estado de desesperación. El idioma castellano, así como otras cientos de lenguas, no existe ya. Es una lengua muerta. Me dijo que durante mucho tiempo se había estudiado en la enseñanza secundaria, primero de forma obligatoria, luego voluntaria, hasta que una reforma educativa de hace unos treinta años la había sacado definitivamente de los currículos académicos. Él había pertenecido una de las últimas promociones que había podido estudiar esa lengua muerta.

Me explicó que cuando vieron en mis documentos personales, congelados junto a mí, que era de origen español, me trasladaron a Madrid para reanimarme, ya que era el único lugar donde podrían encontrar alguien que aún hablase mi idioma, para que mi resucitación fuese menos traumática. Aún así, les costó mucho localizar a alguien como él, que hablase un idioma tan exótico y que lleva tanto tiempo olvidado.

Mi interlocutor me dijo que él, en su juventud, tuvo mucho interés en indagar cómo se había producido la desaparición de mi lengua y en ello basó su tesis doctoral.

Me señaló que, al principio, los cambios fueron casi imperceptibles. Por ejemplo, comenzaron a aspirar la letra hache, anteriormente muda. Así, una palabra como Sahara, pasó a pronunciarse Sájara. También los cambios ortográficos fueron modificando la escritura poco a poco. Desaparecieron en primer lugar las interjecciones e interrogaciones iniciales, así como las tildes y las letras peculiares de la lengua como la eñe. Ni qué decir tiene que los barbarismos, que en un inicio eran tan sólo anecdóticos, pasaron a crecer hasta convertirse en más de la mitad de los términos usados. Cuando el Castellano dejó de hablarse, ya casi no tenía términos que no fuesen ingleses. Todo se decía ya en inglés: feeling, week end, fitness, running, share, smart phone, tablet, briefing, mainstream…

El idioma inglés, que en un tiempo anterior compartía su impartición con otros, como el francés o el alemán, en los institutos de educación secundaria, se impuso como hegemónico. Primero hubo clases bilingües en Inglés y más tarde todo el currículo se dio en ese idioma. Las academias proliferaron en una época, pero como el idioma se comenzó a hablar en las guarderías, las academias de idiomas desaparecieron por completo.

La puntilla se la dio el hecho de que dejaron de doblarse las películas de cine. Primero se subtitularon, pero luego ya no.

Hubo una generación que desistió de entenderse con sus padres y en la siguiente ya no hubo nadie que no hablase Inglés, y el Castellano cayó en desuso de tal forma que se llegó a perder del todo en las generaciones posteriores. La lengua muerta acabó por estar enterrada del todo.

La literatura en castellano sobrevivió en algunas traducciones al inglés, muy pocas y selectivas, y ya tan sólo pudieron leerla directamente los filólogos. Toda la cultura en castellano y en otras lenguas españolas como el catalán, el vasco o el gallego hace tiempo que no existe. En otros lugares ha pasado algo semejante, aunque el Francés fue más difícil de erradicar por la obstinación de sus hablantes en conservarlo. Sé que aún puede estudiarse esta lengua muerta más allá de los Pirineos como algo extravagante.

Hoy el mundo es homogéneo. Mejor o peor que el de mi tiempo no sabría decirlo, pero todo igual. En lo poco que he viajado estos días, ya que los viajes son muy asequibles, sólo he sabido reconocer que había cambiado de ciudad por cosas tales como si veía algún monumento conservado precariamente. Cuando vi la Torre Eiffel supe que estaba en París, pero no había ninguna diferencia más con Madrid o Tokio. Sí, en cambio, había muchos parecidos con mi tiempo, incluso peor que en mi tiempo, pues no puedes abandonar las zonas céntricas sin sumirte en suburbios pobres, miserables diría yo, con una violencia latente que se respira en cada detalle. Hay una pobreza generalizada, pero eso no es lo que me traumatiza.

Estoy desesperado. ¡Odio el Inglés con todas mis fuerzas! Ese es mi problema. Está en mis genes.

miércoles, 11 de junio de 2014

La sinrazón de la razón manipulada

Estando en la coyuntura política en la que estamos, no quisiera dejar pasar la oportunidad de posicionarme con claridad a través de unos argumentos, para mí incuestionables, aunque ello me suponga desencuentros. Nunca pretendo tener razón absoluta, pero esto es lo que pienso sinceramente. El que vea errores, que me lo comunique, que no me importa cambiar de opinión, si ello me lleva a la verdad.

Con la abdicación del rey Juan Carlos se abre, querámoslo o no, un periodo de cambio. Cambio que quieren minimizar los que apoyan la monarquía, tratando de obviarlo, para verlo como simple transición, pidiéndonos que confiemos en su vástago “tan bien preparado para el puesto”.


En primer lugar está la legitimidad. La Ley de Sucesión de 1947, que era una de las ocho leyes fundamentales del franquismo, decía que sería Franco quien nombraría al monarca del reino «cuando lo considere conveniente». Naturalmente, que tal designación fue caprichosa, sin respetar líneas de sucesión tradicionales, pues el carnicero del Pardo no quiso a Alfonso de Borbón, ni al padre de Juan Carlos, porque no le apeteció, ¡que si hubiera querido...! Luego la Constitución de 1978, ratificada en referéndum, santifica ese capricho. Pero, ¿qué legitimidad tiene una monarquía que nos metieron en el mismo paquete junto a la democracia y que no se ha votado por separado?

Una vez recobrada la democracia tras el franquismo, nunca-jamás se nos ha preguntado qué forma política queremos, monarquía o república. Por ello, se debería aprovechar esta coyuntura de “relevo generacional” para consultar a los ciudadanos de nuestro país qué es lo que de verdad queremos. Y no debería haber problema, que si la mayoría quiere la monarquía la tendremos legítimamente, no como hasta ahora.

Parece que nadie discute que somos ciudadanos, en lugar de súbditos, ya que nuestra “democracia” nos constituye en igualdad a todos, excepto, y esto es importante, al monarca, con privilegios tales como la irresponsabilidad ante la ley. Quiere esto decir que si los presuntos delitos cometidos por el yerno del rey abdicado, los hubiera cometido el propio monarca  –¿qué no sabremos?–, ninguna instancia judicial podría juzgarle. En España hay, por tanto, un individuo por encima de la ley, que tiene sus negocios privados y que no puede ser juzgado nunca. Y este privilegio se lo transmite como herencia a su hijo.

Y hago hincapié en el término masculino de “hijo”, porque es lo que dicen actualmente nuestras leyes. En nuestro siglo –y durante los dos anteriores– se ha ido ganando día a día la igualdad entre hombres y mujeres. Pero existe un ámbito donde se ha saltado arbitrariamente esta pretensión justa –aparte, claro está, de la esfera privada de la Iglesia–. Sería coherente con nuestros días que la sucesora al trono fuese la primogénita, la infanta Elena. Pero, aprovechando los coletazos de las leyes franquistas que consideraban a la mujer como ciudadano de segunda clase, se ha mantenido la prevalencia del varón. Y, por favor, que no me hablen de leyes sálicas tradicionales de la monarquía, por mucho que lo recoja nuestra legislación, pues quedan tan desfasadas en nuestro siglo, como el derecho de pernada, o el servilismo, y si no se han suprimido ya es porque no se ha querido.

Sottovoce se explica que la primogénita no es “adecuada” para el puesto, y no hay duda de que en cuanto esté reinando Felipe, se sancionará una ley que acabe con esta aberración legislativa, para que Leonor sea la Princesa de Asturias y ningún hermano varón que esté por nacer le quite el puesto. Pero, ¿quién nos garantiza que no aparecerá otra “Elena” en la línea sucesoria? O, peor aún, algún personaje indigno, que de estos en el linaje borbónico tenemos todos los que queramos, significándose los ejemplos del ignominioso Carlos IV, del nefasto Fernando VII, de la casquivana Isabel II o del corrupto Alfonso XIII.

A ello hay que sumar la forma fraudulenta y criminal de terminar con la II República Española. Un golpe de estado fracasado, que sus organizadores quisieron que fuera muy violento desde su concepción, para que no hubiera vuelta atrás, y que concluyó en uno de los episodios más vergonzosos de la Historia de España de todos los tiempos, como fue la Guerra Civil. Y con ésta no acabó todo, pues fue continuada con la sangrienta represión del régimen subsiguiente, el cual dejó “atado y bien atado” quién nos debería gobernar en lo sucesivo.

No existe otra forma de cerrar esas heridas y conseguir de verdad la reconciliación, que con la negación de tal régimen franquista y de sus consecuencias. Una de las cuales es la actual monarquía borbónica.

Mucho se habla de la imagen exterior de nuestra monarquía y de cómo nos quieren por ahí fuera por tener un rey. Me temo que no es el caso del resto de repúblicas, que si nos envidiaran no tendrían más que coronar a su presidente y regalarle la heredabilidad. ¿Absurdo, no? Entonces, ¿quién nos quiere por ser monárquicos? ¿Las dictaduras del Oriente Medio? ¿Los países iberoamericanos? A las primeras les daríamos el mejor de los ejemplos con una democracia parlamentaria republicana y los segundos nos apreciarían de verdad si nos viesen como a iguales, como hermanos de lengua y cultura, que han tenido históricamente un gran encuentro de continentes y algunos encontronazos colonizadores. Colonizaciones dirigidas por monarquías de siglos pasados. Jamás nos verán como a hermanos, junto a los que realizar proyectos, si la soberbia monárquica sigue acompañándonos. ¿Cuándo abriremos los brazos a Latinoamérica como iguales? ¿Y a nuestros hermanos portugueses? ¿Les pediremos que se federen en una república ibérica, o que sean súbditos de nuestro rey?

En otro argumento, hay quien dice que la monarquía sale más barata que una presidencia republicana, y echan cuentas y todo. Perdonen, pero así, a gosso modo, no puedo creerlo, aún sin entrar a valorar cómo nuestro monarca recién abdicado tiene una misteriosa fortuna de unos 1.800.000.000 €, lograda en sus treinta y nueve años de reinado. Son datos del prestigioso diario The New York Times, a quien nadie ha desmentido. Que no me cuenten trolas, ¿cómo va a ser más caro realizar elecciones presidenciales cada cuatro o cinco años, y mantener a un presidente de la República, que pagar una Casa Real y toda su descendencia, con sus palacios y boatos –léase bodas, barcos y vacaciones?

Es por estas razones que veo necesario posicionarme a favor de la consulta popular sobre la continuidad de la monarquía y, en esta consulta, abogo por la forma republicana que recupere el espíritu modernizador de la II República, truncada sanguinariamente por quienes no soportaron el régimen democrático, y que fueron apoyados abiertamente por los fascismos europeos que tanto daño trajeron al continente.


La democracia que, teóricamente, es el gobierno del pueblo, debe hacerse desde abajo hacia arriba, y desde la igualdad de todos los ciudadanos, que elegirán su forma política de manera libre y no impuesta.

¿Existe algún motivo racional para continuar en el siglo XXI con una institución obsoleta, que es cara, es injusta, no da prestigio, tiene privilegios y fue impuesta por una dictadura?

sábado, 31 de mayo de 2014

Soy el Rey del Mambo

La Literatura es un cajón de sastre que custodia creaciones sumamente diversas, pero a todas las cuales se puede dar el título genérico de literarias, lo cual plantea no pocos malentendidos.


Ya he expresado anteriormente en este blog cómo la poesía me parece la cumbre de la realización literaria, capaz de expresar con la mínima expresión un máximo de sensaciones, imágenes, conceptos filosóficos, etc., enriqueciendo, además, el idioma.

Por su complicada realización, debido al potencial empleo de innumerables figuras literarias
–metáforas, alegorías, sinestesias, aliteraciones, pleonasmos, epítetos…–, por sus ambiciosas pretensiones filosóficas o, en fin, por su forma abstracta o conceptual equiparable a las artes plásticas de la última centuria, la poesía se ha enquistado en una minoría de intelectuales que son los únicos capaces de comprenderla. Existiendo, es verdad, alguna notable excepción que ha sido capaz de llegar a públicos más amplios –me vienen a la mente ahora García Lorca o Miguel Hernández.

Podemos decir que a los poetas los leen esencialmente otros poetas y eruditos literarios. Lo cual es una opción, está bien, porque la calidad acaba por transcender en la Historia de la Literatura, aunque no sea necesario encerrarse en este elitismo.

Tomando otro ejemplo, para concluir de forma breve mi argumentación, los ensayos también son elitistas, se dirigen a un público formado e informado en la materia de que versan. Algunos pretenden públicos más amplios, tratando de emplear una pedagogía de carácter divulgativo, por ejemplo tratando temas sociales o económicos que expliquen la crisis actual al gran público, pero en general son tratados epistemológicos que versan sobre un conocimiento sectorial de alguna ciencia o materia.

En el extremo contrario estamos los novelistas, que buscamos abrirnos a las grandes masas de lectores, sean personas preparadas o busquen tan sólo una distracción intranscendente. Pienso que la novela de todos los tiempos ha pretendido llegar a públicos amplios y populares, con algunas excepciones. La cumbre literaria del castellano, El Quijote, se escribió para divertimento de las masas, incluso las analfabetas, las cuales esperaban a que algún allegado letrado les entretuviera con la lectura en voz alta de sus capítulos. El Quijote fue un éxito de ventas, al igual que El Lazarillo, La Celestina o la Lozana Andaluza. Sus autores perseguían llegar a amplios sectores y no ceñirse a una élite culturizada, lo cual en modo alguno quiere decir que carecieran de calidad. Esto es manifiesto porque estas obras han pasado a la posteridad y los estudios innumerables que se han efectuado sobre ellas ponen de relieve todas sus cualidades literarias.

En el mismo caso que la novela está el teatro: Shakespeare, Calderón, Lope de Vega…

Se puede argüir en contra de este razonamiento que también existen novelas elitistas de mucha calidad –Ulises de Joyce, Rayuela de Cortázar…–, pero, como ya dije antes, la excepción confirma la regla.


A lo que voy es a que en este cajón de sastre que es la Literatura, cada expresión literaria tiene un márquetin diferente. A un ensayista le interesa que su obra se difunda en los medios académicos a los que pretende contribuir, los poetas se consideran pagados con certámenes y premios literarios, con reseñas de críticos y con la lectura de otros poetas, gentes que pueden entenderles. Pero los que queremos ser novelistas nos convertimos en putas. Sí, en personas públicas que nos vendemos de plaza en plaza y de feria del libro en feria del libro. Si una novela no se da a conocer en presentaciones en librerías, en entrevistas de los medios de comunicación, o con publicidad similar a la de un champú o un coche, entonces el gran público, al que se pretende llegar, no sabe que existe. Y si no existes no te leen.

Una novela se parece más a una producción cinematográfica que a un libro de poemas. Es una inversión empresarial que se necesita rentabilizar para poder tener continuidad. Siempre habrá fracasos, siempre saldrán a la luz obras que no merezcan la pena, pero un novelista necesita decir qué es lo que escribe para encontrar a los lectores a los que pueda interesar. Hay lectores de novela que buscan la novela negra, la romántica, la novela gótica, la erótica, la de aventuras, la histórica. O los que buscan un autor que una vez les gustó en una anterior lectura.

Desde luego que el sueño de cualquier escritor es que se le reconozca su obra y pasar a la posteridad. Trascender su vida dejando huella en generaciones posteriores. Pero, ¿quién tiene garantizado que por su calidad indiscutible pasará a la posteridad? Nadie. La historia está repleta de grandes celebridades en su tiempo, que se creían en la cumbre de la calidad, que eran reconocidos como indiscutibles figuras, pero que a raíz de que murieron nadie continuó leyéndolos y el polvo del tiempo acabó por enterrarlos. ¿Ejemplos? Numerosos.  Pero como muestra un botón: José de Echegaray (1832-1916) fue un literato ampliamente valorado en su época, miembro de la Real Academia de la Lengua y de las Ciencias, diputado en la I República, fundador del Partido Republicano Progresista, literato de gran éxito con sus obras de teatro que, incluso, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1904, pero al que hoy en día casi nadie recuerda, a excepción de los estudiosos especializados. Basta con citar los títulos de sus obras dramáticas más importantes para comprobar que nadie las conoce hoy en día: La esposa del vengador, Mancha que limpia, El gran galeote, El loco Dios o Mariana. Sin embargo en todas las recopilaciones de Literatura Española, incluso en los niveles académicos más elementales se incluyen las obras Valle Inclán, en parte coetáneo suyo, que no fue Premio Nobel, ni tuvo tantos títulos, pero que con su obra dramática Luces de Bohemia ha tapado a todo el teatro del olvidado Echegaray, que se creyó el Rey del Mambo –es una metáfora, claro, que no sé si entonces existía esta composición musical–, pensando que de sí se guardaría eterno recuerdo y que nunca se enterará de que sus maracas dejaron de sonar.

Y lo mismo ocurre al contrario. Figuras que pasaron desapercibidas en su tiempo, más tarde fueron rescatadas y pasaron a los anales de los grandes autores. Ahora se me ocurren artistas plásticos: Van Goght o El Greco son ejemplos reseñables.

Así que es estéril discutir si un autor contemporáneo va a pasar a la Historia, o no, por mucha sabiduría literaria que acumule. En primer lugar ninguno lo verá de sí mismo, aunque le hagan una despedida de premio Nobel, como a Cela.

Así que no, a pesar del título de esta entrada no me creo el Rey del Mambo, era solo ironía, pero la actividad que mantenemos los novelistas por encontrar a nuestro público puede chocar con intelectuales de pro, eruditos literarios que piensan que tan sólo por aparecer en los medios nos creemos en la cima de la Literatura. En estos días en que he intentado dejarme ver para “venderme”, tengo como recurrente el ejemplo de Santiago Segura y sus “Torrentes”. Sin calificar la calidad de estas producciones cinematográficas, Segura se sabe vender como nadie. Con su simpatía y sus camisetas publicitarias va a todo aquel lugar al que quieran escucharle y da a conocer su obra. Tan sólo es márquetin, porque quien quiera disfrutar de sus productos tendrá que pasar por taquilla y el autor pretende tan sólo mostrar que su opción cinematográfica está disponible.

Yo no tengo su simpatía, ni soy capaz de realizar la inversión en tiempo y dinero de Santiago Segura para imprimirme unas camisetas con la leyenda de “Lo demás es cosa vana”, acompañado de una foto de la Calle de la Vida y la Muerte. Pero que conste que la idea se me ha pasado locamente por la cabeza, porque necesito, igual que él, que la gente sepa que tengo una novela en el mercado, para que pueda valorar cada uno la opción de comprarla. Me vendo, señoras y señores y me vendo sin rubor, porque estoy satisfecho de lo que he escrito.

Esta ambición de darnos visibilidad que tenemos los novelistas –conozco a otros amigos novelistas que lo hacen infinitamente mejor que yo– lleva a los malentendidos mencionados por los cuales hay quien nos creen soberbios o acaparadores.

En una ciudad pequeña, como la que vivo –y me gustaría que no me echaran– sé que algunos pueden pensar que me creo el Rey del Mambo, la cumbre de la literatura, tan sólo porque he dado a conocer mi novela a los medios. Y no es así. No busco una posición social o institucional con el estatus de escritor, tan sólo busco una notoriedad que lleve a los potenciales lectores a conocer que en el mercado hay una novela histórica que puede gustarles. Punto.


Yo no he pagado un solo euro porque editaran mi novela, una editorial ha corrido con los gastos y el riesgo, pero respeto a quien sí se paga su edición, porque tan sólo ha realizado una inversión económica para dar a conocer su obra, sacándola a la luz, con la opción del éxito o del riesgo a que la critiquen y la hundan si no tiene méritos suficientes.

No le tengo ningún miedo a que me hagan una crítica, porque no sería bueno que algo le gustase a todo el mundo, ya que eso querría decir que es anodino, que no tiene sustancia ni carácter. Las críticas de alguien que ha leído mi novela las respeto, por algo ha empleado su tiempo y dinero en ello, pero me duelen las descalificaciones que proceden de la ignorancia y de los prejuicios.

Pido perdón al final de esta entrada, porque a fin de cuentas su principal función es terapéutica. Espero que, además, a alguien le haya servido para reflexionar y para perdonarnos la vida a los “reyes del mambo”.

Lady's and Gentleman, this is 'Mambo No. 5'

1, 2, 3, 4, 5,
Everybody's in the car, so come on let's ride
To the liquor store around the corner
The boys say they want some ginger juice
But they really don't wanna
Here boys ...
I must stay deep his talk is cheap
I Like Angela, Pamela, Sandra and Rita
And as I continue, you know they're gettin' sweeter
So what can I do, I really beg you my Lord
To me it's fun, it's just like a sport
Anything's fly, is all good.
Let me drop here, let's say, my trumpet.

[Chorus]
A little bit of Monica in my life
A little bit of Erica by my side
A little bit of Rita is all I need
A little bit of Gina is what I see
A little bit of Sandra in the sun
A little bit of Mary all night long
A little bit of Jessica here I am
A little bit of you makes me your man

Mambo No. 5

Jump up and down and move it all around
Shake your hand to the sound
Put your hand on the ground
Take one step left and one step right
On to the front and one to the side
Clap your hands ones and clap your hands twice
And if it look like this you're doing it right

[Chorus]

All Right!

All Right!

Trumpet, a trumpet

Mambo No. 5

[End]

I do, I do fall in love with a girl like you
You can't run and you can't hide
You and me are gonna touch the sky

Mambo No. 5

All Right!

Lou Bega

Fuente: musica.com


lunes, 19 de mayo de 2014

Tríptico negro (relato monocromo)


1) El homicida

YO no me considero alguien violento y, sin embargo, acabo de matar a dos personas. Sé que debo sufrir lo que la ley me imponga, pero más sufrimiento llevaré al cargar con la culpa y la responsabilidad de segar dos vidas, jóvenes aún.
Yo jamás le había puesto la mano encima a mi mujer, nunca le había pegado, ni siquiera la había maltratado de palabra. Nos amábamos. O eso creí yo.
Me amargan las lágrimas de lo que llevo llorado y me aterra lo que aún me queda por llorar… Si pudiera volver todo para atrás y rectificar lo que sucedió… Sin duda todo sería diferente, sufriría la infidelidad y la ruptura de mi matrimonio, mejor que sufrir estas muertes.
Lo siento, lo siento, lo siento mucho. Pido perdón a mis suegros y a mis hijos, pido perdón a los familiares de Sergio, pido perdón a todo el mundo. He matado… Pero, sobre todo, he desgraciado mi vida.
Que nadie diga “yo eso jamás lo haría”, porque eso me decía yo. Siempre fui pacífico y pacifista y me juré que jamás haría daño a nadie… Y lo he hecho.
El azar, la oportunidad, nos convierte en asesinos a cualquiera de nosotros, basta con llevar por casualidad un arma en la mano, tener una afrenta delante y unos segundos de locura, para desgraciar tres vidas, las de los muertos y la del matador.
Si no se hubiera dado la casualidad de que llevaba un cuchillo en la mano… En mala hora me pidió Laura que lo llevara a afilar a la cuchillería de la esquina. En mala hora pensó Laura que lo haría al salir del trabajo, en mala hora invitó a Sergio a casa y en mala hora no le dije yo a Laura que esa tarde no tenía trabajo, porque el jefe debía acudir al velatorio de un familiar. En malísima hora fui eficiente, bajando a afilar el cuchillo carnicero que nos debía servir para trinchar el pavo de la fiesta del fin de semana y no le dije a Laura que regresaba en unos minutos.
Le juro que yo no sabía nada. Desconocía que mi mujer me ponía los cuernos con mi mejor amigo. Fue una sorpresa inesperada el pillarlos traicionándome. Todo se me vino abajo, mi mundo se había roto de repente y lo que ocurrió a continuación, casi no sé explicarlo pues se debió a un momento de locura.
Lo siento, señor comisario. Abrí la puerta y los encontré desnudos en mi dormitorio. Mi primera reacción fue marcharme, pero ella me insultó. Me llamó cornudo y me dijo que ya que lo había descubierto que me marchara y los dejara ser felices. Traidora, la llamé yo y fue cuando Sergio, obscenamente desnudo, saltó de mi cama y me empujó fuera de mi dormitorio… No sé cómo ocurrió, llevaba el cuchillo en la mano derecha envuelto en un papel de periódico y le asesté… no sé cuantas puñaladas a Sergio… Laura se abalanzó sobre mí y al pronto la vi en el suelo llena de sangre… Pensé que la sangre no era suya, que era de Sergio…
No sé cómo ocurrió, usted me pide que deje escrita mi versión, y eso he hecho. La locura me cegó. Me niego a creer que yo fuera el causante de aquel horror… Lo siento… Lo siento… Lo siento…

2) El amigo

TÚ siempre has sido un hombre prudente. Nadie diría que serías capaz de hacer lo algo tan terrible, aunque recuerdo una ocasión en que me dijiste:
–Como los vuelva a ver juntos los mato, te juro que los mato –lo dijiste con los ojos inyectados de rabia y, a pesar de todo, no te creí, no quise creerte. No pensé que fueras capaz de hacerlo. Llevabas mucho tiempo sospechando de tu amigo Sergio. Detalles. Cuando le hablabas de Laura, tu mujer, le veías reaccionar de forma incómoda, así que directamente fuiste y le dijiste a ella:
–Acabo de ver a tu amigo… –dejaste en suspenso la última palabra, acentuando su pronunciación– Sergio –concluiste con la misma entonación.
–¿Qué amigo mío? Sergio es tu mejor amigo desde que eráis niños, ¿por qué me dices eso? –señaló ella.
–¿Mi mejor amigo? –contestaste con sorna y muy mala sangre–. Si fuera mi mejor amigo, no se vería a solas contigo… –Tuviste un arrebato de cólera que casi te lleva a la violencia. Violencia que habías utilizado en otras ocasiones por motivos menos importantes. No sería la primera vez que le hubieras puesto morado un ojo a Laura.
–No, por favor, no empieces –lloró ella–. Te juro que entre Sergio y yo no hay nada. Tan sólo lo he visto una vez sin que tú estuvieras delante. Me lo encontré en la calle y me invitó a un café. Estuvo correcto. Te lo juro. No, no me pegues… –volvió a llorar, como una zorra.
“Puta”. Pensaste, pero te contuviste. No tenías pruebas. Pero ibas a conseguirlas y para ello necesitabas calmarte. Te alegraste de que tu primera reacción fuera contenida y lograras controlar tu carácter tan… Violento. Pero, ¿qué tiene un hombre si le falta el carácter? ¿Acaso la hombría no es el mejor atractivo para las mujeres?
Trazaste un plan. Los descubrirías y, cuando estuvieras seguro, la enviarías a ella a vivir con su madre. No volverías a verla… Se irían ella y también sus dos asquerosos hijos, que a saber si eran tuyos o del imbécil de Sergio.
Y lo lograste. La paciencia te convirtió en un triunfador, controlando tu carácter. La hacías creer que ibas a trabajar, sin saber ella que tu jefe cerraba el taller por las tardes, debido a la poca faena que teníais. Y vigilabas el portal, comprobando cómo Sergio llegaba todas las tardes a tu casa, subía, y pasaba dos horas con Laura… ¿Qué hacían en ese tiempo? ¿Qué iban a estar haciendo cuando ella te negaba que lo estuviera viendo a escondidas?
Mala suerte fue que ella te enviara a afilar el cuchillo y peor suerte tuviste cuando, olvidando la visita rutinaria de Sergio, entraste en tu casa con el maldito arma de la mano… A pesar de todo, nada hubiera sucedido si ellos no se ponen tan agresivos… Si no te hubieran insultado tanto… Si no te hubieran sacado de quicio… Si no tuvieras, por azar, el cuchillo envuelto en un periódico.
¿Eres culpable? Sinceramente creo que no, que fueron las circunstancias y la mala suerte.

3) El policía

–ÉL no era trigo limpio –le dijo el inspector García al comisario.
–¿Por qué lo dices? ­–respondió este con impaciencia.
Aparte del comisario, sólo el inspector García estaba en el despacho del primero. El comisario le hizo un gesto con la mano y García se sentó enfrente. El despacho no era muy grande y dos de sus paredes estaban acristaladas, ofreciendo cierta intimidad para las conversaciones, aunque del otro lado se veía una sala grande llena de mesas y de gente trabajando.
–Tenemos ya el resultado de nuestra investigación y se confirma la primera hipótesis –dijo García.
–Explícate.
–El cuchillo era nuevo. Yo mismo hablé con el dependiente de la cuchillería que se lo vendió. Y no, no era la cuchillería de la esquina, donde se supone había ido a afilar uno de su propiedad, sino una que está a dos paradas de autobús.
–Más datos García –el comisario se impacientaba, su gesto era intransigente, como si le molestara que su hombre se extendiera en explicaciones vagas.
–Hablé con todos los vecinos y con la gente del barrio –García comenzó a sudar–. Encontré a un vecino que vio al homicida tomar la línea "3", que tiene una parada en la misma puerta del domicilio del matrimonio. Tomé ese autobús y logré que el conductor reconociera la foto del acusado, lo notó nervioso y me dijo en qué parada bajó. Me bajé en esa parada y, paseando por las cercanías, vi una cuchillería y se me iluminó la mente, ocurriéndoseme una posibilidad. Pregunté, mostrando la foto, y el dependiente recordó perfectamente la cara del acusado… ¿Me comprende…?
–¿Qué comprendo, García? Deje la retórica y hable claro.
–Su cara no es muy corriente. El dependiente, le decía, me aseguró que el tipo mal encarado compró un cuchillo nuevo, carnicero y de grandes dimensiones. Pagó y se marchó. El comerciante quedó un poco impresionado porque su comportamiento no era normal, estaba nervioso y rabioso, son palabras textuales, por eso se fijó en él. Todo ocurrió como media hora antes del doble asesinato.
–¿Está dispuesto a declarar ese dependiente?
–Letra por letra lo que le acabo de detallar.
–Pues le pasamos las actuaciones al juez y listo. Por mi parte está todo muy claro. Con tantas mentiras no hay más vueltas que darle.
–Hay más. Contamos también con la declaración de un amigo del homicida, que nos ha contado que éste sí sabía de la relación extramatrimonial de los asesinados, desde hace más de un año. Y que todo lo calló porque quería pillarlos in fraganti. No hay duda, todo estaba premeditado desde hace tiempo. Llevaba unos días haciendo creer a su mujer que trabajaba por las tardes, cuando he comprobado que el taller estaba cerrado desde un mes antes de los homicidios.
–¿Algo más?
–Sí. Sabemos por otro testigo, confidente nuestro, que el homicida estuvo preguntando por los bajos fondos la forma de comprar un revólver.
–Ya. No me cuentes más, García. Debía hacerlo pasar todo por un arrebato de celos repentino y a última hora se decidió por el cuchillo, que es más justificable que una pistola para que no pareciera premeditado.
–Así es, comisario. Y otra cosa, la vecina, la que oyó los gritos, ha declarado que sólo se le oía a él, al marido, que no dejaba de gritar “puta” y “os voy a matar a los dos”. Por mi parte podemos dar por cerradas las pesquisas. No ha sido homicidio, clarísimamente es un doble asesinato, planificado y ejecutado fríamente.
–Enhorabuena, García. Prepara un informe detallado, añadiendo las declaraciones por escrito de los testigos.
García sonrió, pues el rostro del comisario se había relajado.

lunes, 28 de abril de 2014

I Encuentro de Novelistas en Ávila

Foto publicada por El Diario de Ávila de la rueda de prensa anunciando el evento

Discutía yo con mis colegas organizadores de este invento, que no podíamos llamarlo “Primer Encuentro de Novelistas”, sino tan sólo “Encuentro de Novelistas”, ya que en los ordinales de los títulos no existe el “primero” hasta que tiene lugar un “segundo”. Así, por ejemplo, al papa Francisco no se le llamará Francisco I, hasta que se dé un sucesor con el título de Francisco II, y la exitosa novela de mi colega César Díez “La Edad de Acuario” no fue “I” en su salida en 2012, sino hasta que, a finales de 2013, se publicó “La Edad de Acuario II: El Misterio de Ana Bolena”.

No obstante, me atrevo ya a denominar a nuestro encuentro como “Primero” porque el “Segundo” ya está en proyecto. Y esto es así, porque el evento que realizamos el sábado, 26 de abril, nos ha dejado el buen sabor de boca que nos permite proyectar la continuidad en el próximo año.


23 de abril, Día del Libro, los tres organizadores firmamos en la Plaza de Italia nuestras obras

Seré muy breve en mis reflexiones, porque está todo demasiado reciente y porque lo que me propongo en realidad es dejar testimonio gráfico.


Dos de las entrevistas previas. Arriba en RNE con el periodista y poeta José Pulido, abajo en la Cadena SER, con Luis Sánchez y Pablo Garcinuño, escritor que también participó en las mesas redondas.

Empiezo por los fallos. No todo fue perfecto, pero casi. Se notó la inexperiencia de los organizadores y, por la mañana, el debate fue un poco rígido, con intervenciones de duración excesiva, aunque, por otra parte, sumamente interesantes. Y, por último, el público fue algo escaso, aunque lo suficiente como para animarnos a seguir con el proyecto.

Los éxitos: 1º Pasamos una magnífica jornada en la que nos encontramos gentes con intereses similares y compartimos nuestras experiencias, analizando y debatiendo sobre los temas que nos interesan. 2º Tuvimos una repercusión mediática excelente. Los medios se volcaron con nosotros. Nos hicimos ver, con todo lo positivo –y negativo– que conlleva.

Primera mesa redonda. De izquierda a derecha: Lorena García, Rubén Negro, Carlos de Miguel, Alfredo Rodríguez, César Díez, Sonsoles Sánchez-Reyes, Cristóbal Medina, Noemí Valiente y Mayda Anias.

Novelistas que presentaron sus obras por la mañana: Dioni Arroyo, Alfredo Rodríguez, César Díez, María del Carmen Aranda y Juan Martín.

La sala de El Episcopio

El contenido: Una primera mesa con el título de “La novela en Ávila. El camino de los nuevos escritores”, donde expusimos nuestras experiencias personales desde distintos puntos de vista: los novelistas, los periodistas, la editorial y la representante institucional. Por la tarde comenzamos anunciando la creación de la “Asociación Cultural de Novelistas La Sombra del Ciprés”, que es la primera que existe en España, y de la cual habrá tiempo de hablar. La mesa redonda se tituló “Los medios de comunicación y las novelas” y el entusiasmo surgió espontáneo tratando temas como el papel de las televisiones, las emisoras de radio, la prensa escrita y la crítica literaria en Internet a través de los blogs.


Mesa "cuadrada" y sobremesa, un rato estupendo.

Por último, los agradecimientos: Innumerables. En este punto sería justo extenderme, por lo que pido disculpas por lo escueto. En primer lugar a la Teniente de Alcalde de Cultura, Sonsoles Sánchez-Reyes, que ha hecho que todo esto haya sido posible, algo sólo explicable por su amor a la literatura y su dedicación vocacional a su puesto político. Debemos agradecer también a todos los medios que se han hecho eco del evento y nos han ayudado a difundirlo. Que su enumeración (espero no omitir ninguno) sirva de manifestación de nuestra gratitud –el orden es aleatorio, que nadie le busque sentido, pues no tiene valor de prioridad alguna–: Radio Nacional de España, Cadena SER, esRadio Castilla y León, COPE Ávila, El Diario de Ávila, Avilared, Tribuna de Ávila, televisión La 7 de Castilla y León y La 8 de Ávila, Europa Press y El Norte de Castilla. Agradecimiento a los dos novelistas abulenses que se sumaron a los organizadores: Rubén Negro y Noemí Valiente. A los novelistas foráneos que hicieron el esfuerzo de desplazarse por su cuenta hasta Ávila: Dioni Arroyo Merino, María del Carmen Aranda y Juan Martín Salamanca. A los cuatro periodistas participantes: Jorge Pato, Pablo Garcinuño, Carlos de Miguel y Lorena García. A Mayda Anias de la editorial Caldeandrín. A Gemma Orgaz, librera y animadora cultural. A las dos librerías que nos trajeron las novelas: Borrajatos y Letras. Y, por fin, a todos aquellos que os acercasteis hasta El Episcopio.

Gemma Orgaz con nuestros libros.

La mesa redonda de la tarde. De izquierda a derecha: Gemma Orgaz, Jorge Pato, María del Carmen Aranda, Juan Martín, César Díez, Cristóbal Medina, Dioni Arroyo y Pablo Garcinuño.





Presentación de libros por la tarde: Rubén Negro, César Díez, Cristóbal Medina y Noemí Valiente.

No quería dejar de mostrar mi agradecimiento público a César Díez Serrano y Alfredo Rodríguez Blázquez, dos locos como yo, que me han acompañado en esta aventura. Sois muy grandes como escritores, pero infinitamente superiores como personas.

Lo siento, me pilló con los ojos cerrados, quien sabe, tal vez disfrutaba ya de la satisfacción del éxito.