sábado, 16 de agosto de 2014

Las piedras en el camino del escritor novel (confesiones inconfesables)

Cualquiera puede ser escritor. Basta con redactar y pasar a un soporte –papel, ordenador…– una serie de palabras coherentes que tengan sentido... O que no lo tengan. Pero hay que tener la cara muy dura para atreverse a hacerlo. Sin ser osado y temerario no se puede poner una obra a disponibilidad de todo el mundo. Pero, claro, el ego a prueba de críticas no es suficiente, se necesita poseer una calidad y despertar un interés que dé respuesta a las demandas del lector, el cual nunca jamás es un tonto ni un gilipollas, pues estas “especies” humanas no leen.

Basándonos simplemente en el ego del escritor tenemos mesnadas de autores que pretenden publicar y que se asombran cuando sus libros no son demandados por cientos o miles de lectores. Allá cada uno con sus neuras. El problema está en quién filtra todo ese producto realizado por ególatras que se creen –nos creemos– a la altura, cuando no por encima, de Cervantes.


El sistema editorial debería facilitar a los lectores las obras que de verdad merecen la pena. Pero algo no funciona. La oferta es extensísima y la calidad se pierde escondida en mares de publicaciones que nunca deberían haber salido del cajón de sus autores.

En otros países –aquí no, desde luego– funcionan las editoriales. Éstas se encargan de seleccionar los manuscritos recibidos y, en orden a su calidad, proponer su publicación, apoyándoles con toda su potencialidad: número elevado de ejemplares, amplia distribución, publicidad, crítica constructiva… Es una apuesta y, si han elegido bien, la ganarán seguro.

En España las editoriales grandes tienen claro que, en primer lugar, son una empresa comercial y se engañan pensando que la calidad no tiene más importancia que la portada del libro. Así únicamente apuestan por ventas seguras, publicando obras de personas conocidas, ya sean personajes televisivos –Belén Esteban, las recetas de Master Chef, Entrena con Elsa Pataki, Mario Conde…–, o incluso escritores, siempre que sean mediáticos –Boris Izaguirre, Risto Megide…–. Cuando reciben manuscritos de gente anónima, que los reciben a miles, raramente apuestan por uno.

Esto me frustró en un principio, pues yo traté que una editorial grande publicara mi primera novela. La consecuencia fue la decepción. Pensé que no tenía calidad, y que nadie estaría interesado en leerla, o más bien en comprarla. Lo mismo me ocurrió con mi segunda novela. Nueva decepción. Yo, que no tengo el ego subido y que necesito ponerme tacones para que mi ego esté un poco más alto, pensé que mi potencialidad de escritor era un espejismo. Pero entonces, ¿por qué estas editoriales no sacan autores nuevos? Si reciben miles de manuscritos, ¿por qué no apuestan con toda su artillería por alguien que tenga calidad? Mi conclusión es que la denominada “calidad literaria” se las trae al pairo, no les interesa, ni quieren saber lo que es. Ellos están para consolidar y agrandar empresas mediáticas, no para valorar si fulanito escribe mejor que menganito. Y se equivocan, pues no están cultivando generaciones de lectores, que serían los que mantendrían firme su “negocio” por los siglos de los siglos. Al fin, los libros que venden no son leídos, tan solo adornan estanterías, colocadas al lado de las televisiones que dan los programas basura. BASURA, me reafirmo, aunque a los profesionales “periolistos” les incomode la justa denominación de lo que hacen.

Otra salida para un escritor novel serían los premios literarios, si estos premios premiaran la valía, por supuesto. La realidad es que estos premios los dotan las mismas grandes editoriales, las cuales necesitan rentabilizar su desembolso, nuevamente con caras conocidas, generalmente televisivas, ¡qué casualidad! No me cuesta ningún trabajo creerme el rumor extendido de que cierto premio de mucho renombre encargue a un autor una novela para premiársela. ¿Por qué será que esto resulta tan creíble? España es el país de la picaresca y la golfería, por culpa nuestra, claro.

Advierto que estoy generalizando, que es algo injusto, pues da la apariencia de que lo mayoritario es lo único, y no. Hay editoriales con un empeño honrado en editar calidad y en premiar valores literarios. Lo difícil es encontrarlas, o que ellas te encuentren a ti. El día en que estas editoriales sean mayoría, habremos dado la vuelta a la tortilla y la generalización será totalmente positiva. Hoy por hoy, no.

A alguien que tenga el suficiente envanecimiento como para querer publicar un libro, hablemos de una novela que es mi caso, tan sólo le quedan dos caminos, que yo personalmente ya he transitado. La autoedición y las editoriales pequeñas o para autores noveles.

Libro en el que he realizado labores de editor y que contiene tres microrrelatos míos.

En cuanto a la autoedición, es sencillo registrar una obra, solicitar y pagar un ISBN y un Depósito Legal, y es barato llevarlo a una imprenta, teniendo lucrativas ganancias, si lograses vender algo, que nunca es el caso. Bien, ya tienes tu publicación, pero sin una buena distribución, más bien sin una distribución, no tienes nada. Patéate las librerías que quieras y déjales en depósito tu librito, para más tarde pasar a recogerlo sin vender uno solo. Únicamente amigos y parientes, por la novedad, te comprarán directamente algún ejemplar. Una variante de autoedición más accesible consiste en la impresión bajo demanda de compra, que es como publiqué mi primera novela. Hay editoriales en Internet que te facilitan toda la tarea, por ejemplo Bubok o Lulu. Tú mismo te corriges, maquetas el libro y te diseñas la portada  –la editorial también te ofrece estos servicios, pero el precio es prohibitivo– y lo subes a la red, desde donde teóricamente el lector encarga la impresión de un ejemplar, que le remiten a su domicilio, o se descarga la versión digital como e-book. Pero, ¿dónde está el potencial lector-comprador? Es una quimera, no existe. Nadie se recorre las redes, buscando algo interesante que comprar, y si lo encuentra por casualidad porque lo publicitas, no se arriesgará, pues no sabe quién eres ni qué escribes. Nuevamente, si no te lo compra un amigo o familiar olvídate de vender nada.

Portada de mi primera novela. Bubok Publishing S.L.

Yo respeto la autoedición, porque el concepto en sí no quita calidad al resultado y, si alguien publica algo que merece la pena, da igual cómo lo ponga en el mercado. Tan sólo es una apuesta comercial. Aquí el problema es la criba que debería de hacer una crítica especializada, y esa no existe. Hay blogs literarios de críticos indocumentados –generalmente chicas jovencitas con páginas webs edulcoradas de color rosa– que si les remites un ejemplar te lo elogian y ya está. Esto no sirve para nada, más que para pinchar un enlace en tu Facebook, y que tus amigos lo vean.

Las editoriales pequeñas o, más bien, las editoriales que publican a noveles, abundan como hongos en el campo. Como son tantas, su competencia por captar autores les lleva a hacer incluso ofertas tipo Carrefour del tres por dos. En una o dos semanas te dan una respuesta sobre el manuscrito que les envías… Sí, eso quiere decir, hablando en castellano antiguo, que no se lo leen. Al menos las editoriales grandes te responden en tres, seis u ocho meses, que es el tiempo que utilizan para decirte que les ha gustado tu novela pero que los planes editoriales para los próximos meses los tienen ya completos. Como las editoriales que publican a noveles –aquí vuelvo a recordar que estoy usando la injusta generalización– te abren los brazos, tú puedes incluso elegir la que te parezca más atractiva. Si no estás sobrado de dinero, eliges la que no te haga pagarle nada, tanto de corrección, como de diseño de portada, maquetación, o imprenta. Su negocio consiste en hacerte una tirada pequeña y en que tú les vendas a tus amigos los ejemplares suficientes como para pagarles la edición, que normalmente suele conseguirse, gracias al margen comercial con el que actúan. Todo lo que exceda este mínimo son ganancias para ellas, porque no hacen más desembolso. Estas editoriales te brindan la gran ventaja de la distribución a nivel nacional. Claro, que esto consiste en que la distribuidora ofrece la novela de un desconocido a través de un catálogo a las librerías y que ninguna de estas librerías la va a solicitar y mucho menos la va a poner encima del mostrador o en el escaparate. Por lo que ahí te quedas. Nada más te proporciona la editorial. Te deja solo. Te toca a ti organizarte una presentación en tu ciudad, o todas las que puedas si tienes posibilidad de viajar, y vender dos o tres ejemplares en cada una. Confías en que el boca a boca funcione y salir del anonimato pues, en teoría, tu edición puede alcanzar miles de ejemplares, si tiene demanda. Puedes participar en ferias, realizar firmas de ejemplares y acabarás con un par de centenares de libros vendidos que, al 10% de derechos de autor, te dejan los euros justos para darte una cena en un buen restaurante, si acaso no lo gastaste antes en promocionar tu novela con un booktrailer, banner en páginas web, viajes a librerías de otras ciudades, creación de tu propia página web, etc. Darás gracias si te puedes tomar unas cañas con las ganancias y no tienes que arrimar algún euro.


Luego está la incomprensión de los medios literarios “oficiales” de tu localidad, que te verán como un advenedizo, un osado que quiere hacerles sombra, sin ser nadie. Que te miran por encima del hombro. Que se ríen de ti sin ni siquiera haberte leído y valorado. Que no comprenden que un novelista tan sólo es un fabricante de entretenimiento que se vende.

En fin, estas son mis miserias. Espero que nadie se haya visto reflejado negativamente en ellas, pues en nadie con nombre y apellidos he pensado al escribirlas. Tan sólo era un desahogo, plagado de sinceridad. Confío en que, al ser agosto, pocos lean este artículo de mi blog y así pase lo más desapercibido posible. Cuando sea rico y famoso, negaré haberlo escrito.

A pesar de todo yo creo que tengo en mi haber dos novelas dignas, así al menos me llegan las referencias de los que las han leído. No puedo estar más satisfecho. Oye, ¿tú no las tienes? Cómpralas, que te van a gustar. Te dejo los enlaces:




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